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Peronismo

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Juan Domingo Perón junto con su esposa Eva Duarte de Perón.

El peronismo, también denominado justicialismo, es una tendencia y corriente política surgida en Argentina a mediados de la década de 1940 en torno de la figura de Juan Domingo Perón y las políticas laborales y previsionales que este llevó adelante desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, durante la Revolución del 43. Desde su surgimiento ha tenido una importante influencia en la política de Argentina.

En su forma partidaria, se organizó primero como Partido Laborista, luego como Partido Peronista, renombrado posteriormente como Partido Justicialista. En 1949, dos años después de ser promulgada la ley de voto femenino, el peronismo se organizó también en el Partido Peronista Femenino, fundado por Eva Perón e integrado solo por mujeres, que fue disuelto por la dictadura cívico-militar instalada en 1955. Tradicionalmente, su organización se ha realizado sobre la base de tres «ramas» (política, sindical y femenina),[1]​ a las que a partir de los años 1970 se agregó la Juventud Peronista.[2]

La denominación alternativa de «justicialismo» proviene de la importancia que siempre tuvo en el discurso del movimiento el concepto filosófico de justicia social y fue sugerida por primera vez por Eduardo Raúl Stafforini, especialista en Derecho laboral y funcionario de la Secretaría de Trabajo y Previsión cuando Perón desempeñaba la secretaría de Trabajo.[3]

En 1952 el art. 3° de la ley 14.184 definió «como 'doctrina nacional', adoptada por el Pueblo Argentino, la doctrina peronista o justicialismo».[4]​ La oposición al peronismo generó un movimiento inorgánico de gran influencia política, conocido como antiperonismo.[5]

El movimiento peronista agrupa a una serie de corrientes diversas no del todo precisas ni constantes a lo largo de la historia, a veces enfrentadas, incluso electoralmente. Entre las corrientes principales peronistas a lo largo de la historia pueden identificarse el peronismo histórico, el peronismo ortodoxo (también llamado "derecha peronista"),[6]​ el neoperonismo, el «peronismo revolucionario» en el que estuvo incluida la Tendencia, el peronismo sindical, el menemismo, el kirchnerismo, el peronismo federal en el que está incluido el Frente Renovador, el peronismo feminista,[7]​ etc.

Entre 1946 y 2019, el justicialismo ganó diez elecciones presidenciales en total: 1946 (Perón 53,71%), 1951 (Perón 63,51%), las dos de 1973 (Cámpora 49,53% y Perón 61,86%), 1989 (Menem 47,51%) y 1995 (Menem 49,94%), el peronismo de centroizquierda en 2003 (Néstor Kirchner 22,25%), 2007 (Cristina Kirchner 45,28%), 2011 (Cristina Kirchner 54,11%) y 2019 (Alberto Fernández: 48,28%). Perdió las elecciones de 1983 (Luder: 40,16%), 1999 (Duhalde), 2015 (Scioli 48,66%) y 2023 (Sergio Massa 44,35%). Fue derrocado dos veces por golpes de Estado militares —en 1955 y 1976— y declarado ilegal por la dictadura autodenominada Revolución Libertadora instalada en 1955, manteniéndose la prohibición hasta 1972 y para Perón hasta 1973.

Materiales historiográficos y discurso

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Desde el surgimiento del peronismo entre 1943 y 1946 ha existido el enfrentamiento entre los sectores que simpatizan con el mismo y aquéllos que lo rechazan, incluyendo en este grupo a gente de diferentes ideas políticas y diferentes partidos. El historiador argentino Jorge A. Nállim incluso escribió un libro sobre el antiperonismo en el que expone la tesis de que este grupo se identifica, más que con el partido al que votan, por su rechazo al peronismo.[8]

En algunos casos esa polarización peronismo/antiperonismo también se observa en la historiografía del peronismo, según la simpatía o antipatía que tuviera cada historiador o participante de los hechos históricos, dando lugar a que en algunos casos, se tengan valoraciones y versiones diferentes de los hechos.[9]

Entre los historiadores que adoptan una línea de simpatía con el peronismo se encuentran José María Rosa, Arturo Jauretche, Felipe Pigna, Alberto Lettieri, Miguel Unamuno, Fermín Chávez,[10]Araceli Bellota,[11]Pacho O'Donnell,[12]Hugo Chumbita,[13]María Seoane,[14]Jorge Abelardo Ramos, Norberto Galasso,[15]Julio Godio —estos tres últimos desde una postura socialista— y Rodolfo Puiggrós, desde una postura comunista.[cita requerida]

Entre los escritos históricos que adoptan una línea de oposición al peronismo,[9][16]​ se encuentran los realizados por Hugo Gambini (autodefinido como «gorila» y «antiperonista recargado»),[17]Félix Luna,[18][19][19][20]​ Santiago Nudelman, Mariano Grondona, José Luis Romero y Luis Alberto Romero.

También debe incluirse entre los historiadores antiperonistas a Tulio Halperín Donghi, aunque en sus estudios buscó conscientemente evitar quedar atrapado en la polarización peronismo/antiperonismo.[21]

Entre los documentos históricos y el discurso antiperonista utilizados para analizar al peronismo se encuentra también el Libro negro de la segunda tiranía (1958), un informe oficial realizado por la dictadura militar que derrocó al gobierno peronista en 1955.[22][23][24]

Entre los historiadores extranjeros se encuentran el biógrafo estadounidense de Perón, Joseph Page, y el investigador francés especializado en historia militar argentina, Alain Rouquié.[cita requerida]

Historia

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Origen

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Ángel Borlenghi (izq.) y Juan Atilio Bramuglia (dcha.), dos de los primeros dirigentes del peronismo, desde 1943. Ambos fueron destacados dirigentes sindicales socialistas en la década de 1930, de los empleados de comercio y los ferroviarios, respectivamente. Borlenghi fue ministro del Interior de los dos primeros gobiernos peronistas y Bramuglia fue ministro de Relaciones Exteriores del primer gobierno peronista, además de ser autor de la doctrina de la tercera posición.
Periódico del sindicato ferroviario apoyando a Perón. El coronel Perón estableció una alianza con un amplio grupo de sindicatos de diversas tendencias que se organizó como corriente laborista influyendo notablemente en el curso de la Revolución del 43.

El peronismo surge en el curso de la llamada Revolución del 43, un gobierno militar heterogéneo que había derrocado al último de los gobiernos fraudulentos del período conocido como la Década Infame.[25]​ Entre los militares que actuaban en el seno del gobierno militar se encontraba el coronel Juan Domingo Perón, sin ocupar inicialmente ningún cargo de gobierno. Algunos meses después del golpe, un importante grupo de dirigentes sindicales socialistas y sindicalistas revolucionarios (entre los que se encontraban los socialistas Ángel Borlenghi y Juan Atilio Bramuglia, y el sindicalista revolucionario Luis Gay), estableció contacto con Perón y el coronel Mercante, que llevó a la formación de una alianza para incidir juntos en la política laboral del gobierno militar.[26]​ Los sindicalistas propusieron a Perón y Mercante crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la Confederación General del Trabajo (CGT) y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. En esas reuniones previas, Perón intentó sintetizar el reclamo sindical definiéndolo como una política para dignificar el trabajo.[27]

Desde ese momento, el grupo de sindicalistas y militares dirigido por Perón, impulsó una estrategia de tomar a su cargo la política laboral del gobierno militar. En primer lugar Perón logró que se le asignara un cargo menor en el gobierno, como jefe del Departamento de Trabajo. Desde ese cargo y con el apoyo activo de una cantidad creciente de dirigentes sindicales, Perón inició una reforma profunda en materia de derechos laborales, convenios colectivos de trabajo y de previsión social, que lo llevó a fortalecerse políticamente en el seno del gobierno. Sucesivamente Perón logró elevar la jerarquía de su Departamento Nacional de Trabajo al rango de secretaría ministerial, acumulando luego los cargos de ministro de Guerra y vicepresidente.[cita requerida]

Las reformas laborales, el aumento del poder de los sindicatos y la consolidación de Perón dentro del gobierno militar, generaron un fuerte movimiento de oposición a Perón en los sectores empresariales y otros grupos militares del gobierno, a los que poco a poco se sumaron todos los partidos políticos existentes en ese momento.[28]​ A comienzos de 1945 el conflicto entre ambos sectores se polarizó, de la mano de la participación protagónica del embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, como opositor público y acérrimo de Perón y organizador de los grupos opositores.[29]​ Cuenta el historiador radical Félix Luna, que en ese contexto de alta conflictividad, apareció primero el término “antiperonismo”, que llevó a su vez a que los diferentes grupos ideológicos sindicales que apoyaban las medidas de Perón, decidieran comenzar a identificarse como “peronistas” y a movilizarse contra lo que denominaron “la reacción capitalista”.[30]​ De hecho, considera Luna, el peronismo aparece como un movimiento político-sindical diferenciado, el 12 de junio de 1945, en ocasión de un acto sindical para defender las conquistas laborales amenazadas.[31]

Para ese momento, la estructura económico-social del país había cambiado profundamente desde la gran depresión de 1929. La economía argentina, basada casi exclusivamente en la exportación de carnes y granos, entró en crisis. El país inició entonces una acelerada industrialización basada en la sustitución de importaciones de los productos manufacturados. Este proceso fue acompañado de un importante flujo migratorio interno desde las zonas rurales del interior hacia la periferia de las grandes ciudades (fundamentalmente Buenos Aires, Rosario y Córdoba). Este crecimiento vertiginoso de la clase obrera, ocupada por las nuevas industrias y con mayor presencia de mujeres, son las que constituirán la base del movimiento peronista.[cita requerida]

El 17 de octubre de 1945

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Histórica foto conocida como Las patas en la fuente, del 17 de octubre de 1945, fecha fundacional del peronismo.

El peronismo considera al día 17 de octubre de 1945, celebrado desde entonces como “Día de la Lealtad”, como el día fundacional del movimiento peronista. Nueve días antes, el 8 de octubre de 1945, hubo un enfrentamiento entre Perón y el jefe de la poderosa guarnición de Campo de Mayo, general Eduardo J. Ávalos. Una versión sostiene que Perón aceptó que una votación de oficiales de esa guarnición resolviera el diferendo y como la perdió debió renunciar a todos sus cargos en el gobierno.[cita requerida] Historiadores como Galasso y Potash dan otra versión, y sostienen que la renuncia de Perón fue una exigencia de los jefes militares de Campo de Mayo "como condición insoslayable para mantenerse en orden y no avanzar hacia la Casa Rosada".[32]

Antes de dejar el gobierno, Perón obtuvo del presidente Edelmiro Farrell, la autorización para despedirse públicamente usando la red de radiodifusión. Lo que hizo entonces fue transmitir por radio el discurso que dio ante sus seguidores convocados de urgencia ante la Secretaría de Trabajo, instando a los trabajadores “a defender las conquistas sociales otorgadas”.

El sector de las fuerzas armadas que había dado el golpe, respondió exigiendo a Farrell que arrestase a Perón, lo que se hizo efectivo primero en la isla Martín García y luego en el Hospital Militar.

El 17 de octubre, sin embargo, una gran manifestación de trabajadores impulsada por algunos dirigentes gremiales, se reunió en la Plaza de Mayo exigiendo la liberación de Perón. La situación dio un vuelco y Perón fue liberado esa misma noche, luego de lo cual habló desde uno de los balcones de la Casa Rosada a la multitud que se había congregado en la plaza.

El resultado de la manifestación y la liberación de Perón, fue un acuerdo de los peronistas y los golpistas, por medio del cual Perón se comprometía a dejar el gobierno militar, pero a cambio el gobierno debía convocar a elecciones, lo que hizo de inmediato, para el 24 de febrero del año siguiente, apenas cuatro meses después.

Las elecciones de 1946

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Ya antes del 17 de octubre, el gobierno militar había tomado la decisión de convocar a elecciones democráticas, pero procurando que el siguiente gobierno mantuviera los lineamientos generales de la Revolución de 1943. El 28 de julio de 1945 el General Humberto Sosa Molina en una reunión llevada a cabo en el Salón de Invierno de la Presidencia de la Nación, había manifestado la idea de intentar un acercamiento con la Unión Cívica Radical y, en caso de no lograrlo, "promover la formación de un nuevo partido que levante la bandera de la revolución. Continuar fomentando el apoyo de las masas a los dirigentes de la revolución, para que éstos puedan presionar sobre ellas, como caudal electoral"[33]

Como, de cara a las elecciones a realizarse en cuatro meses, no había ningún partido político que pudiera impulsar la candidatura presidencial de Perón, ya que todos los partidos políticos existentes en la Argentina en aquel momento había adoptado una posición antiperonista, varios sindicatos encabezados por Luis Gay, exsecretario general de la recientemente desaparecida Unión Sindical Argentina (USA), de tendencia sindicalista revolucionaria, fundaron el Partido Laborista.[34]​ Gay resultó elegido presidente del partido, que a su vez presentó la candidatura presidencial de Perón, acompañado por un dirigente radical, Hortensio Quijano. Además del Partido Laborista, se crearon otros dos partidos políticos que apoyaron la candidatura de Perón: la Unión Cívica Radical Junta Renovadora (liderada por Quijano y Armando Antille), que buscó capitalizar el voto radical que apoyaba a Perón; y el Partido Independiente, presidido por el almirante Alberto Tessaire, que buscó agrupar a los conservadores que apoyaban a Perón. El coordinador de los tres partidos fue el abogado de la Unión Ferroviaria y futuro ministro de Relaciones Exteriores, Juan Atilio Bramuglia. De los tres partidos, el Partido Laborista aportaría el 85% de los votos que le darían el triunfo a Perón, ganando en todos los distritos electorales, menos uno.[35]

Otro grupo que apoyó la candidatura de Perón pero sin incorporarse al armado electoral fue la Alianza Libertadora Nacionalista, un grupo argentino nacionalista de extrema derecha, notable por sus acciones violentas. que había sido fundado en septiembre de 1937 por Juan Queraltó y el ingeniero Carlos Burundarena. Este grupo reconoció a Perón como su líder simbólico y apoyó su campaña presidencial, pero presentándose a las elecciones con sus propios candidatos a legisladores (entre ellos un exministro de Ortiz, León Scasso, el médico nacionalista y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata, Frank Soler; el cura y escritor Leonardo Castellani, Bonifacio Lastra, Alberto Bernaudo, Arturo Palenque Carreras (marido de la escritora Silvina Bullrich), Carlos Ibarguren y José María Rosa. Los votos obtenidos por estas listas fueron muy pocos, y la ALN siguió manteniendo una relativa autonomía frente al peronismo hasta que en los años 50, cuando Guillermo Patricio Kelly desplaza a Queraltó, la organización queda completamente subordinada al gobierno de Perón.

En general las fuerzas políticas y sociales de la época preveían una segura y amplia victoria de la Unión Democrática en las elecciones del 24 de febrero de 1946. Contra tales pronósticos, Perón obtuvo 1 527 231 electores (55 %) contra 1 207 155 electores que apoyaron a Tamborini (45 %), ganando además en todas las provincias menos Corrientes.[35]

El sector sindical organizado en el Partido Laborista obtuvo el 85 % de los votos. De lado antiperonista, la derrota fue particularmente decisiva para los partidos Socialista y Comunista, que no lograron ninguna representación en el Congreso Nacional. La seria derrota frente al voto popular del socialismo y del comunismo, fortalecería en adelante la consolidación del peronismo como un amplio movimiento popular de base obrera.

El primer peronismo (1946-1955)

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Portada de la revista Mundo Peronista, editada entre 1951 y 1955.

Suele referirse con la expresión "primer peronismo" al que se desarrolló entre 1946 y 1955, con las dos primeras presidencias de Perón.[36]​ En efecto, en ese período, la Argentina sería gobernada por el peronismo, con Perón como presidente de la Nación, luego de ganar las elecciones presidenciales de 1946 y de 1951. Sin embargo, ese ciclo fue interrumpido por el golpe de Estado de 1955, que derrocó al general Perón y dio inicio a la dictadura autodenominada "Revolución Libertadora".

En esos dos períodos de gobierno, todos los historiadores[¿quién?] coinciden en señalar el peronismo se caracterizó por la promoción de los derechos sociales y laborales, con un fuerte perfil sindical y favorable a la “clase trabajadora”.[cita requerida]

Los historiadores peronistas[¿quién?] destacan también la conquista de los derechos políticos de las mujeres, la sanción de una nueva Constitución que amplió los derechos de la ciudadanía y las funciones del Estado como regulador de la economía, la promoción de los derechos de la niñez, el impulso a la industrialización de país, la presencia del Estado en sectores estratégicos de la economía (ferrocarriles, siderurgia, energía, banca, comercio exterior, etc.), la gratuidad de la educación pública universitaria, la promoción del turismo social. En materia internacional destacan una postura no alineada con ninguno de los bandos enfrentados en la Guerra Fría que recibió el nombre de “tercera posición” y una política de alianzas latinoamericanas, en especial con Brasil y Chile (ABC).[cita requerida]

Es un período caracterizado por un claro intervencionismo económico. Los cuatro pilares del primer discurso económico peronista fueron: «mercado interno», «nacionalismo económico», «rol preponderante del Estado» y «papel central de la industria». El Estado cobró creciente importancia como regulador de la economía en todos sus mercados, incluido el de bienes, y también como proveedor de servicios.

En 1946, con Perón ya convertido en presidente electo, se nacionalizó el Banco Central de la República Argentina, mediante el decreto ley 8503/46.[37]​ Simultáneamente, tuvo lugar una política de asignación discrecional del crédito, mediante la conformación de bancos oficiales especializados: el recién creado Banco de Crédito Industrial apoyó la actividad de la «industria y la minería», el Banco Nación lo hizo con el «agro y el comercio», el Banco Hipotecario Nacional financió la «construcción de viviendas», y la Caja Nacional de Ahorro Postal los «créditos de consumo». La Caja fue además el organismo al que se asignó el impulso de la «captación del pequeño ahorro» surgido de las nuevas políticas distributivas.

Con estas medidas, sumadas al «control absoluto de la emisión monetaria» (en virtud de la nacionalización del BCRA), el Estado obtuvo la hegemonía de las fuentes de creación de dinero del sistema. Asimismo asumió la garantía total de los depósitos bancarios.

También se nacionalizó el comercio exterior mediante la creación del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI) que significaba el monopolio estatal del comercio exterior.[38]​ Este le permitió al Estado obtener recursos que utilizó para redistribuir hacia la industria. Dicho intercambio intersectorial del sector agrario a la industria, provocó conflictos con algunas asociaciones patronales agropecuarias, en especial la Sociedad Rural Argentina.

En 1947 se creó la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (Somisa), designando a su frente al general ingeniero Manuel Savio[39]​ y la empresa Agua y Energía Eléctrica.[40]​ En 1948 el Estado nacionalizó los ferrocarriles, en su mayoría propiedad de capitales ingleses, y creó la empresa Ferrocarriles Argentinos. También en 1948 creó la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel). En 1950 creó Aerolíneas Argentinas, la primera empresa argentina de aviación.[41]

En el área del desarrollo de la ciencia y tecnología inició el desarrollo de energía nuclear con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica en 1950, con científicos como José Antonio Balseiro y Mario Báncora quienes sentaron las bases del plan nuclear argentino.[42]​ Con respecto a los conflictos políticos de la época, la historiografía peronista pone el acento en el racismo y la extrema resistencia de los grupos dominantes (a los que llaman la "oligarquía") a las medidas de promoción social y de tipo nacionalista, así como la multiplicación de asesinatos y actos terroristas y golpistas realizados por grupos opositores, en especial el intento de golpe de Estado de 1951, el atentado terrorista en la Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953, el bombardeo de la plaza de Mayo y el golpe de Estado de 1955.

Los historiadores antiperonistas tienden a destacar hechos relacionados con falta de democracia, calificándolo en algunos casos como "dictadura". En ese sentido suelen sostener que durante el peronismo hubo mucha más persecución de opositores que en los otros gobiernos de la época, destacando casos de asesinatos políticos u opositores que fueron torturados, como el atentado sufrido por el sindicalista Cipriano Reyes, la detención del diputado radical Ricardo Balbín, el asesinato del médico comunista Juan Ingallinella en Rosario, o la tortura sufrida por el activista estudiantil Ernesto Mario Bravo en Buenos Aires. Sectores más duros de la historiografía antiperonista ponen énfasis en las declaradas simpatías "fascistas" o "nazis" de Perón durante la década de 1930, y señalando el enfrentamiento del peronismo con Estados Unidos durante este período y el ingreso clandestino a la Argentina de exjerarcas nazis.[43]​ El mismo Perón, en su relato autobiográfico Yo, Juan Domingo Perón, afirma que entró en París en 1940 junto a las tropas nazis victoriosas. Posteriormente fue designado agregado militar de la embajada argentina en Roma y su primer afán en Roma fue pedir una audiencia con Mussolini: "No me hubiera perdonado nunca el llegar a viejo, el haber estado en Italia y el no haber conocido a un hombre tan grande como Mussolini. Me hizo la impresión de un coloso cuando me recibió en el Palacio Venecia. No puede decirse que fuera yo en aquella época un bisoño y que sintiera timidez ante los grandes hombres. Ya había conocido a muchos. Además, mi italiano era tan perfecto como mi castellano. Entré directamente a su despacho donde estaba él escribiendo; levantó la vista hacia mí con atención y vino a saludarme. Yo le dije que, conocedor de su gigantesca obra, no me hubiera ido contento a mi país sin haber estrechado su mano". Pudo visitar Berlín por segunda vez, y no llegó a conocer a Hitler, pero sí a escuchar uno de sus discursos. "Le oí hablar únicamente y Alemania me produjo la impresión de una nación monstruosa y excepcional en tanto que Estado moderno. No lo entendíamos bien, pero con lo que nos traducían y lo que nosotros comprendíamos nos dimos cuenta de que hablaba de cuestiones de racionamiento."[44]

"De Alemania volví a Italia –prosigue Perón– y me dediqué a estudiar el asunto del fascismo y el nacionalsocialismo. El fascismo italiano llevó a las organizaciones populares a una participación efectiva en la vida nacional, de la cual había estado siempre apartado el pueblo. Hasta la ascensión de Mussolini al poder, la nación iba por un lado y el trabajador por otro, y este último no tenía ninguna participación en aquella. Descubrí el resurgimiento de las corporaciones y las estudié a fondo. Empecé a descubrir que la evolución nos conduciría, si no a las corporaciones o gremios –pues no era posible retroceder hasta la Edad Media– a una fórmula en la cual el pueblo tuviera participación activa y no fuera convidado de piedra de la comunidad. Al descubrir esto pensé que en Alemania ocurría exactamente el mismo fenómeno, o sea, un estado organizado para una comunidad perfectamente ordenada, para un pueblo perfectamente ordenado también; una comunidad donde el Estado era el instrumento de ese pueblo y cuya representación era, a mi juicio, efectiva. Pensé que tal debería ser la forma política del futuro, es decir, la verdadera democracia popular, la verdadera democracia social."[44]​ En una carta que le escribió desde Italia a su cuñada, María Tizón Erostarbe, describía la forma en que funcionaba esa "comunidad organizada" y la ventaja con la que contaba Argentina para la aplicación de un régimen similar: "El panorama social de Italia es igual al de los demás países: Un capitalismo sin grandes recursos, pero que mueve lo que tiene para crear valores; un laborismo sufrido y pujante, que en combinación con el capitalismo elabora valores y crea rique­zas donde la naturaleza ha negado gran parte de sus dones. La dirección a cargo de otra clase nueva (el fascismo) que gobierna y administra, vale decir dirige el capital, el trabajo y las fuerzas espirituales que no descuida. Lo más difícil es mantener la justa proporción que debe exis­tir, en todos los regímenes, entre la parte de la población que produce (capital y trabajo) y la que dirige (que no produce). Hasta ahora el fascismo mantiene esta justa proporción, pero si las necesidades político­-internas lo llevan a aumentar el personal que dirige, caerá en la burocracia, que un país pobre como Italia no podrá resistir. Nuestro régimen burocrático que ya es una rémora, lo aguan­tamos porque la Argentina es inmensamente rica, pero un país europeo sin colonias para exprimir, como lo hace Inglaterra, Francia, etcétera, no puede cosechar una burocracia sin sucumbir".[43]

Respecto al ingreso de fugitivos nazis durante su gobierno, Perón lo reivindicó diciendo que lo hizo "por un sentido de humanidad", y agregó: "En Nuremberg se estaba realizando entonces algo que yo, a título personal, juzgaba como una infamia y como una funesta lección para el futuro de la humanidad. Y no sólo yo, sino el pueblo argentino. Adquirí la certeza de que los argentinos también consideraban al proceso de Nuremberg como una infamia, indigna de los vencedores, que se comportaban como si no lo fueran. ¡Cuántas veces durante mi gobierno pronuncié discursos a cargo de Nuremberg, que es la enormidad más grande que no perdonará la Historia!". Con relación a los científicos nazis, dijo Perón: "¿Qué mejor negocio para la República Argentina que traer a hombres de ciencia y técnicos? Lo que a nosotros nos costaba un pasaje de avión, a Alemania le había costado millones de marcos, invertidos en la formación de esos científicos y técnicos (...) Fueron varios miles de alemanes los que entraron a la Argentina. Entraron también casi cinco mil croatas, amenazados de muerte por Tito. Gente muy cultivada, disciplinada y absolutamente anticomunista".[44]​ En los escritos del colaboracionista belga Pierre Daye, se encontraron detalladas descripciones de las reuniones del excapitán de las SS Carlos Fuldner con Perón en la misma Casa de Gobierno, reuniones en las que se decidía el listado de nazis que serían rescatados a través de un complejo mecanismo que empezaba en Suiza y el Vaticano, continuaba con barcos de la familia Dodero especialmente contratados para la misión  y terminaba en la Dirección Nacional de Migraciones, que fraguaba documentación y entregaba pasaportes argentinos con nombres falsos.[45]​ Se calcula que número de fugitivos nazis que huyeron a Argentina de esta manera superó los 300. En mayo de 1960, el administrador del Holocausto, Adolf Eichmann fue secuestrado en Argentina por el Mosad israelí y llevado a juicio en Israel, donde fue ejecutado en 1962.[46]

Entre los científicos alemanes que fueron acogidos en ese período se encuentra uno de los prófugos más buscados: el médico de Auschwitz Josef Mengele, quien ingresó a la Argentina en 1949,[47]​ vivió bajo su nombre real trabajando como carpintero y luego como agente comercial para finalmente volver a ejercer la medicina y adquirir una parte de la propiedad de la Fadro Farm, una compañía farmacéutica. En 1959 consiguió la ciudadanía argentina con su nombre castellanizado a José Mengele. Abandonó el país en 1960 cuando la inteligencia israelí, que acababa de secuestrar a Eichmann, ya estaba tras su pista.[47]

Se suele destacar también dentro de este sector al peronismo como una continuidad constitucional del régimen militar que lo precedió,considerando que su entrada a la política se debió a un golpe de Estado militar.[43]​ Respecto a este último hecho, los sucesos del 17 de octubre de 1945 permiten diferentes interpretaciones. Quienes niegan que el origen del peronismo esté en el golpe de 1943, señalan que el apartamiento de Perón en esos días marcaría un conflicto de intereses entre Perón y el régimen de facto. Quienes relativizan el supuesto conflicto, citan en su respaldo al mismo Perón que escribió cómo en el mes de julio de ese año, el presidente Farrell y el ministro de Guerra Eduardo Ávalos, le propusieron, expresamente, la candidatura presidencial para darle continuidad a los lineamientos políticos Revolución de 1943.[48]

El antiperonismo también suele poner el acento en la política económica del peronismo, en especial la alta inflación, la que pasó de promedios anuales bajos (3,5% en la década anterior) a tasas de dos dígitos, con un promedio del 20.3% anual , incluyendo picos notables de más del 30% en 1948, 1951 y 1952, debido a políticas económicas expansivas (calificadas como "demagógicas" por el antiperonismo) y fuerte gasto público financiado con emisión monetaria, todo lo que cambió la estabilidad económica previa.[49]​ La persistencia del fenómeno a lo largo del gobierno del primer peronismo introdujo toda una batería de instrumentos de control.[50]​ También se critica fuertemente el marcado intervencionismo del Estado en la economía.

Primera presidencia de Perón

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La primera presidencia de Perón se caracterizó por un gran avance en la redistribución de la riqueza a favor de los sectores más postergados,[51]​ la creación de un considerable estado de bienestar, el fortalecimiento del sindicalismo, una amplia política de ayuda social llevada adelante por Eva Perón a través de la Fundación Eva Perón, la sanción de la ley de reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres (voto femenino), una política sistemática de promoción de la industrialización, la nacionalización de varios sectores de la economía, la gratuidad de la enseñanza pública universitaria,[52]​ y una política internacional equidistante en la Guerra Fría tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética conocida como "la tercera posición", y la sanción de una nueva constitución, conocida como "Constitución de 1949" o "Constitución Peronista", inspirada en los principios justicialistas.

Organizativamente, Perón dispuso la disolución de los tres partidos que sostuvieron su candidatura (Partido Laborista, Unión Cívica Radical Junta Renovadora y el Partido Independiente), para integrarlos en el Partido Único de la Revolución, del que Perón fue el primer afiliado (29 de enero de 1947). No obstante su nombre de "Partido Único", no se prohibió la existencia de otros partidos; el adjetivo de único se refería a su carácter como único partido oficialista.[53]

La disolución del Partido Laborista trajo algunos enfrentamientos políticos, con sectores que se oponían a su disolución, como su presidente Luis Gay y Cipriano Reyes que sufriría un atentado: el taxi en el que viajaba fue ametrallado, el chofer Ignacio Fontán murió y Reyes resultó malherido. El 24 y 25 de septiembre de 1948, el gobierno denunció que un grupo comandado por Reyes planeaba asesinar a Perón y a su esposa el 12 de octubre a la salida del Teatro Colón. Reyes fue encarcelado y torturado. Durante su estancia en la cárcel fueron asesinados sus dos hermanos en una esquina de la ciudad de La Plata.[54]​ Otra versión, según María Bernavitti de Roldán, señala que los hermanos de Reyes murieron en un enfrentamiento con las facciones comunistas de José Peter, en un acto en el Cine Victoria de Berisso. Perón asistió al velorio de los hermanos, donde hablaron María de Roldán y el intendente del Municipio.[55]

El Partido Único de la Revolución existió con ese nombre desde el 21 de noviembre de 1946 hasta el 15 de enero de 1947. En esa última fecha pasó a llamarse Partido Peronista; Perón era el presidente y afiliado número 1 del nuevo partido. Informalmente contaba con dos ramas, la rama sindical –que funcionaba exclusivamente a través de la CGT– y la rama política.[53]​ A partir de la reforma constitucional de 1949, en que se estableció el sufragio femenino, se fundó la rama femenina, presidida por Eva Perón, la esposa del presidente. Tras el fallecimiento de Evita, sería presidida por Delia Parodi.[56]​ Esta última se organizó autónomamente como Partido Peronista Femenino. Mucho más tarde, en los '70 se considerará a la Juventud Peronista como la cuarta rama del Movimiento.

Levitsky caracteriza al Partido Peronista como un partido populista que difería de los partidos europeos de base sindical en cuatro aspectos:

El primero de ellos era que había sido creado desde arriba por agentes del Estado,[57]​ destinado a retener el poder más que a obtenerlo;[58]​ operaba en su mayor parte desde el propio gobierno utilizando recursos del Estado con lo cual el PP nunca desarrolló su propia organización.

El segundo, que era un partido sumamente personalista: en los estatutos de 1954 declara que Perón es su “Líder Supremo” y le da la facultad para “modificar o declarar nulas e inválidas las decisiones de las autoridades partidarias… inspeccionar, intervenir y reemplazar” a los dirigentes del partido[59]​ e incluso prohibían que en las sedes del partido se exhibieran fotografías que no fueran de Perón y de Eva Perón.[59]​ La conducción partidaria nacional intervenía en forma permanente las filiales provinciales y solía escoger a los candidatos locales.[59]​ Habitualmente los dirigentes con apoyos independientes eran desplazados y reemplazados por “leales a ultranza” que seguían en forma exclusiva las directivas de Perón.[59]​ Como la carrera política dentro del partido dependía exclusivamente de los vínculos con Perón, no había una estructura de promoción política ni una jerarquía burocrática estables.[59]​ Por ejemplo, la reorganización del partido de 1947 significó el reemplazo de la totalidad de los integrantes de los máximos organismos de conducción partidaria.[59]

El tercero, que el partido tenía una estructura fluida que se mantuvo hasta finales de la década de 1940. En 1951 Perón reorganizó de nuevo la estructura partidaria creando una jerarquía paralela con un “comando estratégico nacional” y “comandos tácticos” provinciales que tendrían a representantes de las tres ramas partidarias –masculina, femenina y sindical– pero en la práctica Perón y Eva Perón ejercían la conducción estratégica y los gobernadores e “interventores” llevaban adelante las tácticas.[60]


Por último, el cuarto aspecto señala que a diferencia del Partido Laborista inglés, el PP no tenía inicialmente reglas sobre su relación con los sindicatos. En la década de 1950, al reconocerse a la sindical como una de las tres ramas, se le atribuía por tradición –sin norma escrita– derecho a un tercio de las candidaturas. Sin embargo hasta 1955 no se cumplía con rigor.[61]​ Sí abundaban los discursos en los que se declaraba a la rama sindical (nucleada en torno a la CGT) como la «columna vertebral» del movimiento peronista. Uno de sus dirigentes, el socialista Ángel Borlenghi, fue nombrado en el estratégico Ministerio del Interior, el segundo cargo en importancia después de la vicepresidencia, mientras que otro de ellos, Juan Atilio Bramuglia (abogado de la Unión Ferroviaria) fue designado Ministro de Relaciones Exteriores. En 1950 la CGT modificó el preámbulo de su carta orgánica incorporando este texto: “…que la Doctrina Peronista magistralmente expuesta por su creador el general Juan Perón, define y sintetiza las aspiraciones fundamentales de los trabajadores argentinos, y les señala la verdadera doctrina con raíz y sentido nacional, cuya amplia y leal aplicación ha de forjar una Patria justa, libre y soberana”.[62]

La segunda presidencia de Perón

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Revista de la época donde se señala que «Proclamó el Gral. Perón los derechos de los trabajadores».

La segunda presidencia de Perón se caracterizó por un aumento de la violencia política y de las dificultades económicas, que hicieron retroceder la participación de los trabajadores en la riqueza total. Se registran importantes huelgas, en particular de bancarios y ferroviarios. En este período muere Eva Perón. La Iglesia católica que había apoyado al peronismo hasta ese momento, adoptó una postura de fuerte enfrentamiento activo. En 1955 un movimiento opositor bombardea Plaza de Mayo asesinando a más de 300 personas e hiriendo a más de 800. Poco después un golpe de Estado derrocó al gobierno peronista.

Entre las medidas adoptadas se destacan la ley de divorcio, la orden de que las escuelas públicas fueran laicas y la ley de convenios colectivos. Ante las dificultades económicas, en 1955 Perón convocó a un Congreso de la Productividad y el Bienestar Social, con participación de los sindicatos y los empresarios.

El estado de bienestar peronista

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El estado de bienestar construido durante los dos primeros gobiernos de Perón es la obra más valorada por los simpatizantes del peronismo.[cita requerida] Una de las observaciones críticas más habituales de los antiperonistas, es que las leyes laborales no fueron obra de Perón, sino de los socialistas.[63]​ La respuesta también habitual de los peronistas es que las leyes estaban, pero no se cumplían.[64]​ En gran medida ambas cosas son ciertas.[65]​ Si bien el peronismo sancionó importantes leyes para garantizar derechos laborales (Constitución de 1949, Peón rural, estatutos profesionales, jubilaciones), el aspecto central de su política laboral fue crear un estado de bienestar capaz de garantizar el cumplimiento de las leyes laborales y de seguridad social.[cita requerida] Ese estado de bienestar se construyó sobre cuatro pilares principales:

  1. Creación en 1949 del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, con una activa policía de trabajo con facultades en todo el país (hasta 1943 había sido un Departamento Nacional de escaso poder y escasa capacidad de acción fuera de la Ciudad de Buenos Aires; Perón lo jerarquizó a Secretaría ese año);
  2. Creación de la Fundación Eva Perón en 1948 que canalizó la ayuda social a los más necesitados, sobre todo niños, mujeres y ancianos;
  3. Creación de los tribunales laborales en 1944;
  4. Fortalecimiento de los sindicatos y las convenciones colectivas (Ley 14.250 de 1952).

Otras medidas sociales importantes tomadas por el primer peronismo fueron la creación en 1947 del Consejo Económico Social integrado por el gobierno, y las organizaciones sindicales y patronales; la creación por ley N.º 13.229 de la Universidad Obrera Nacional en 1948; la aprobación de Plan de Turismo Infantil de 1950; y la gratuidad de la enseñanza pública secundaria (10 de marzo de 1952) y universitaria (Decreto n.º 29.337 del 22 de noviembre de 1949).

El resultado de la política social de Perón fue una importante redistribución de la riqueza a favor de los sectores trabajadores y más desposeídos, con una política para mejorar tanto el salario directo como del salario indirecto (educación y salud públicas, turismo social, etc.). Los economistas Pablo Gerchunoff y Lucas Lach resumieron del siguiente modo la evolución favorable del salario real durante el peronismo:

A pesar de las buenas relaciones entre el gobierno y los gremios durante el período anterior a Perón, los salarios reales apenas habían aumentado entre 1943 y 1945. A partir de ese año los salarios crecieron a una tasa récord, aumentando 62% entre el último de esos años y 1949... El incremento de los salarios reales llevó a una distribución del ingreso nacional más equitativa. Se ha calculado que el componente salarial del ingreso nacional superó, por primera vez en la historia, a la retribución obtenida en concepto de ganancias, intereses y renta de la tierra. En 1948, aquel ascendía a 53%, contra 47% de éste, lo que se comparaba favorablemente con la situación imperante sólo un lustro atrás, cuando los trabajadores percibían 44,4% y los empresarios, capitalistas y rentistas recibían 55,6%.[66]

La política económica peronista

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La política económica del primer peronismo estuvo apoyada en cuatro grandes líneas:

  1. Ampliación del mercado interno, a través de la inclusión de sectores marginados y aumento de los ingresos y salarios de los sectores más postergados;
  2. Intervención y regulación de la economía por parte del Estado, incluyendo nacionalización de sectores estratégicos;
  3. Promoción de la industrialización y la producción nacional;
  4. Planeamiento económico.

1. Mercado interno. La ampliación del mercado interno se produjo principalmente a través de la política social y laboral.
2. Estado. En algunos casos el peronismo amplió las funciones de algunas reparticiones y empresas del Estado que ya existían, varias de ellas creadas en la década anterior, como el Banco Central (que nacionalizó), el Banco Nación, la Junta Nacional de Carnes, la Junta Nacional de Granos y la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). A ello se sumó la creación del IAPI al que se le atribuyó el monopolio del comercio exterior; de una empresa estatal siderúrgica (SOMISA) y la elaboración de un Plan Nacional Siderúrgico, dirigida por el general Manuel Savio; la nacionalización de los ferrocarriles y creación de la empresa Ferrocarriles Argentinos, la nacionalización del servicio telefónico y creación de la empresa ENTel, la creación de la empresa Agua y Energía Eléctrica; nacionalización del grupo naviero Dodero; creación de la empresa Aerolíneas Argentinas; creación de la empresa Gas del Estado.
3. Industrialización y producción nacional. El peronismo promovió la industrialización y la producción nacional, ampliando el mercado interno, créditos públicos, a través de las empresas estatales, o por medio de políticas tarifarias y de compras preferenciales del Estado, como el "compre nacional".
4. Planeamiento. El primer peronismo le dio una gran importancia al planeamiento macroeconómico, aprobando dos planes quinquenales, el primero para el período 1947-1952 y el segundo para el período 1953-1958.

La llegada del peronismo al poder se produce en plena posguerra mundial, lo cual significaba la debilidad económica de una Europa en ruinas, y el liderazgo creciente de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental. En este escenario, Argentina se encontraba por primera vez en su historia en la posición de acreedor de los países centrales, gracias a las exportaciones de carnes y granos a las potencias beligerantes. El principal deudor era el Reino Unido que ante la emergencia declaró su iliquidez, bloqueando la libre disponibilidad de esos montos. El gobierno peronista optó por utilizar parcialmente esos créditos para adquirir empresas de servicios públicos de capital británico, como fue el reconocido caso de los ferrocarriles que emisarios ingleses venían intentando vender desde 1938. En septiembre del '46, el gobierno peronista impulsó el tratado Miranda-Eady, que creaba la "Sociedad Mixta en FF.CC.", donde, amén de otros privilegios concedidos al capital británico, se le reconocía una abultada inversión de $2000 millones, se le garantizaba una ganancia mínima del 4 % anual ($80 millones), y la exención ilimitada de aranceles de importación. (dicho tratado cayó ante la presión del secretario del tesoro de EE. UU., el cual obligaba al Reino Unido a cancelar sus deudas al contado).

La bonanza económica de la Argentina continuaba, impulsada por el creciente mercado que se había formado por la baja de las importaciones provenientes de los países en guerra. Esto permitió al gobierno aplicar una vasta política de bienestar que incluía la efectivización de nuevos derechos sociales, como períodos de vacaciones y descanso, planes de vivienda, inversiones en salud y educación, etcétera. Estas conquistas sociales fueron ampliamente capitalizadas por las figuras de Perón y su esposa, Eva Perón, que manejaba una fundación de asistencia social financiada principalmente con fondos estatales y algunos aportes empresarios. Las nacionalizaciones y estatizaciones de los servicios públicos, como los ferrocarriles británicos, fueron proclamados como conquistas de soberanía e independencia económica.

No obstante, el contexto mundial pronto dejó de ser favorable ya que los Estados Unidos mediante el Plan Marshall, comenzó a ubicar sus excedentes agrícolas en Europa limitando el acceso al mercado de los alimentos argentinos.

A partir de 1950, la situación económica comienza a empeorar y un nuevo ministro de Asuntos Económicos, Alfredo Gómez Morales, aplicó medidas de corte ortodoxo, como el ajuste del gasto público; Perón, que había declarado una vez que "se cortaría las manos" antes que endeudar a la Nación comprometiendo su independencia económica, contrajo finalmente un préstamo con el Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos (Eximbank) y firmó contratos de explotación petrolífera con compañías extranjeras.

Eva Perón

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Eva Perón mostrada en la portada de la revista Mundo Peronista.

Eva Perón jugó un papel muy importante entre 1946 y 1952, fecha esta última en la que falleció. En el peronismo, Eva Perón tiene un lugar de máxima importancia simbólica, ya sea desde su propio origen como mujer trabajadora, migrante interna y humilde, ya sea desde el punto de vista de los derechos de la mujer y de su propia condición de mujer —en una época en la que no era frecuente que las mujeres actuaran en política y tenían prohibido ocupar cargos electivos— como desde su tarea de ayuda social a los humildes a través de la Fundación Eva Perón, o desde la relación estratégica que mantuvo con los sindicatos, que llegó a proponerla como candidata vicepresidente de la Nación. Eva Perón mantuvo una fuerte confrontación con los sectores no peronistas a los que denominaba "los oligarcas". Al morir Eva Perón fue embalsamada y llevada a la Confederación General del Trabajo.

En la doctrina peronista resultan de gran importancia los discursos de Eva Perón, entre los que se destaca el conocido como Renunciamiento de Eva Perón, y los dos libros que escribió, La razón de mi vida (1951) y Mi mensaje (1952).

El antiperonismo ha tenido a Eva Perón como uno de sus blancos principales, principalmente a través de cuestionar su moralidad o su carácter enérgico, llamándola "puta", "prostituta", "esa mujer" o "la mujer del látigo". Al producirse el golpe de Estado que derrocó al gobierno peronista en 1955, el cadáver de Eva Perón fue secuestrado de la CGT por un comando militar clandestino y hecho desaparecer hasta 1973.

Situación política y económica

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Propaganda sobre el 2° Plan Quinquenal.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Argentina llenó sus arcas de dinero mediante la exportación de materias primas (cereales y carnes, principalmente) a los países beligerantes europeos (sobre todo a Gran Bretaña). Fue una época de gran prosperidad para el país. Sin embargo, dicha situación cambió, ya que Estados Unidos colocó sus excedentes agrícolas en Europa, lo cual generó que se limitaran las exportaciones de Argentina. Además, tras la Segunda Guerra Mundial, en 1949, los mercados se retrajeron y esto trajo aparejado una gran reducción en las exportaciones argentinas (de productos primarios). Por otra parte, las reservas acumuladas se consumieron desmesuradamente, finalizando de este modo, con el período de gran prosperidad económica. La crisis tocaba la puerta del país.

No obstante a lo acontecido, el gobierno tenía la esperanza de que el desarrollo de la industria sacara al país de la situación en la cual se encontraba. Pero para ello, era necesario el uso de combustibles, acero, maquinarias y demás repuestos que el país, en ese momento, carecía.

Para salir de la situación, en 1952, el gobierno decidió llevar a cabo un segundo plan Quinquenal, el cual tuvo vigencia entre 1953 y 1957. Este, planteaba básicamente como objetivo fundamental, asegurar el desarrollo de la economía social por medio de actividades que ayuden a gestar la independencia económica del país. Con este fin, el Estado se reservaba el manejo del comercio exterior, guiado por el propósito de defender la producción Nacional y obtener términos de intercambios justos y equitativos. Su empresa estaba también orientada a la consolidación y diversificación de los mercados de importación y exportación, en los cuales se veía involucrado el país.

Además se hicieron algunos ajustes, que consistieron en: restringir el consumo interno, por lo cual fueron eliminados subsidios a diversos bienes de uso popular; se estableció una veda parcial al consumo de carne; y se levantó el congelamiento de los alquileres. Por otra parte se proclamó “la vuelta al campo”, donde el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) invirtió su mecanismo y emprendió la tarea de estimular a los productores rurales con precios retributivos.

Según el historiador Luis Alberto Romero, “Esta política [...] apuntaba a aumentar la disponibilidad de divisas para seguir impulsando el desarrollo del sector industrial”.[67]​ Sin embargo, algunas ramas del ámbito industrial (metalúrgicas, petroquímicas, entre otras) continuaban estancadas. Debido a la maquinaria obsoleta, el deterioro de los servicios, donde se destacaban la escasa electricidad y los deficientes transportes, sobre todo ferroviarios, los cuales no fueron renovados por el Estado.

Para desarrollar el sector industrial y salir de la crisis (la cual había generado disconformidad en los sindicatos y en el Ejército) se limitó el crédito industrial y el uso de las divisas, y se dio prioridad a las empresas grandes, sobre todo, a las industrias de bienes de capital. Uno de estos casos, fue la reactivación de la empresa siderúrgica SOMISA. Otra medida consistió en el congelamiento por dos años de los contratos colectivos de trabajo. Otro ‘gesto’ importante del Estado fue que, en 1955, incentivó que empresarios y sindicalistas se juntaran para discutir sobre temas inherentes a las relaciones laborales. También, el gobierno, se enfocó en atraer capitales extranjeros. Un proyecto de gran importancia fue el petrolero. Argentina realizó un acuerdo con una filial de la Standard Oil de California, que consistía en la explotación de 40 000 (cuarenta mil) hectáreas en la provincia de Santa Cruz, pero no fue aprobado en el Congreso por oposición de diputados radicales y la renuencia de los propios legisladores peronistas.[68]

Todas estas medidas generaron la reducción de la inflación, y el re-equilibrio de la balanza de pagos. Pese a eso, no se obtuvieron cambios significativos en lo que respecta al agro y a la industria.

Situación y participación de la mujer

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Eva Perón emitiendo su voto.

El peronismo tomó medidas muy importantes para promover la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre. En 1947 sancionó la ley de reconocimiento de los derechos políticos de la mujer (sufragio femenino), que estableció la sufragio universal en Argentina a partir de las elecciones de 1951. A partir de la sanción de reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, el peronismo organizó el Partido Peronista Femenino, que promovió una amplia participación de las mujeres en la política, como militantes y como dirigentes. La propia situación destacada de Eva Perón dentro del movimiento fue un ejemplo de esa alta participación de las mujeres en el peronismo.

Como consecuencia de las elecciones legislativas de 1951, asumieron 23 diputadas nacionales, todas ellas por el Partido Peronista, ya que ninguna diputada fue elegida por los partidos de oposición.[69]​ Esas 23 primeras diputadas fueron: Delia Parodi (elegida Vicepresidenta primera de la Cámara de diputados en 1953), Judith Élida Acuña (Corrientes), Generosa D. Aguilar de Medina (Salta), Magdalena Álvarez de Seminario (Buenos Aires), Celfa Argumedo de Pedroza (Mendoza), Josefa Biondi (Santa Fe), Josefa D. Brigada de Gómez (Santa Fe), María Elena Casuccio (Buenos Aires), María C. Caviglia de Boeykens (Entre Ríos), Angélica Esperanza Dacunda (Corrientes), Juana Alicia Espejo de Ramos (Capital Federal), Francisca Ana Flores (Buenos Aires), Dora Matilde Gaeta de Iturbe (Capital Federal), Ana Carmen Macri (Capital Federal), Dominga Ortiz de Sosa Vivas (Santiago del Estero), Mafalda Piovano de Castro (Santiago del Estero), Zulema Noemí Pracánico (Buenos Aires), Seferina del Carmen Rodríguez de Copa (Salta), Celina E. Rodríguez (Buenos Aires), Carmen Salaber (Buenos Aires), María Urbelina Tejada (San Juan), Isabel A. Torterola de Roselli (Santa Fe) y Otilia Villa Maciel de Cano (Tucumán).[69]​ Varias de ellas fueron desplazadas por la fuerza de sus cargos democráticos por la dictadura autodenominada Revolución Libertadora en 1955.[69]

A ellas se sumaron tres delegadas al Congreso Nacional elegidas por los territorios nacionales: Elena Aída Fernicola (Misiones), Esther Mercedes Fadul (Tierra del Fuego) y Paulina Escardó de Colombo Berra (Chubut), y dos diputadas por nuevas provincias creadas, en elecciones parlamentarias complementarias realizadas en 1952: Josefa Miguel de Tubio (La Pampa) y Obdulia Alvaredo de Blanco Silva (Chaco).[69]

El peronismo también estableció a través de la Constitución de 1949 la igualdad jurídica de mujeres y hombres, aclarando que esa igualdad alcanzaba a "los cónyuges y la patria potestad" (artículo 37, II, 1). Adicionalmente, en 1950 se sanciona el delito de incumplimiento de los deberes de asistencia familiar (alimentos), para combatir la tendencia de los padres a desentenderse del cuidado económico de los hijos. Cuando la Constitución de 1949 fue dejada sin efecto por la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora, la mujer casada en Argentina volvió a tener un estatus inferior durante varias décadas más. Hasta 1968 se la consideraría legalmente como una incapaz relativa, similar a un menor de edad, y recién en 1985 se estableció su igualdad jurídica con el hombre frente a la patria potestad de sus hijos.

Peronismo y cristianismo

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El peronismo atrajo desde sus inicios el apoyo de diversos sectores del cristianismo católico dado que su discurso tomaba de la doctrina social de la Iglesia de uno de sus conceptos centrales, el de justicia social. La investigadora María Soledad Catoggio identifica cuatro grandes grupos cristianos que apoyaron al primer peronismo: a) el grupo nacionalista ligado al padre Leonardo Castellani; b) un significativo grupo de cuadros proveniente de Acción Católica y la Juventud Obrera Católica (JOC) y los sindicatos católicos,[70]​ como Emilio Mignone; c) intelectuales católicos provenientes de los Cursos de Cultura Católica, relacionados con la revista Criterio —entre quienes se encontraba el convencional constituyente Pablo A. Ramella—, que se vinculan también a los sectores que adhirieron a las ideas de Jacques Maritain como Arturo Sampay; d) el grupo formado por el sacerdote Hernán Benítez, que trabajó en la Fundación Eva Perón y luego publicaría la revista Rebeldía, durante la resistencia peronista.[71]

Catoggio explica que:

Para diversos analistas la originalidad del peronismo fue la de fundar una concepción propia de lo religioso a partir del empoderamiento de los trabajadores, el culto cívico religioso a su mujer, Eva, y la construcción de un linaje donde se proponía a sí mismo como continuador del "cristianismo primitivo" (Caimari, 1995; Cuchetti, 2005). Este linaje tuvo el doble efecto de generar una diferenciación dogmática con respecto a la autoridad eclesiástica y de mantener al mismo tiempo una interpelación identitaria con sectores del catolicismo identificados con ese modelo histórico-utópico. En tal sentido, la dislocación que produjo el encuentro —y el choque— con el peronismo erosionó la solidaridad corporativa de una institución que hasta entonces se había manejado con principios fuertemente verticales.[71]

A fines de 1954, por razones que nunca se explicaron del todo,[72]​ Perón rompió relaciones con la Iglesia católica e inició un enfrentamiento con la misma. El 10 de noviembre de 1954, en un discurso, inesperadamente, Perón acusó a un sector de la Iglesia de conspirar para derribarlo. Nombró a varias organizaciones católicas, tres obispos y veinte sacerdotes, algunos de los cuales fueron arrestados en los días siguientes.[73]​ A raíz de este enfrentamiento, el gobierno suprimió el carácter de días no laborables a ciertas festividades religiosas católicas, introdujo la ley de divorcio,[74][75]​ permitió la apertura de establecimientos para ejercer la prostitución,[76][77]​ prohibió las manifestaciones religiosas en los lugares públicos,[78]​ y la municipalidad de Buenos Aires, entonces controlada por el presidente de forma directa, prohibió a los comerciantes exponer pesebres u otras figuras religiosas en conmemoración de la Navidad.[79]​ Aun en contra de esa prohibición, se realizó una gran concentración por el Día de la Virgen el 8 de diciembre de 1954. El gobierno, a través del Secretario de Medios Raúl Apold, ordenó a la prensa mantener silencio al respecto. El diario católico El Pueblo publicó al día siguiente la foto de la gran multitud con la consecuencia que a los tres días estaba clausurado y con sus dueños presos.[80]​ El 25 de mayo de 1955, Perón se convirtió en el primer presidente argentino en no asistir al tradicional Tedeum en la Catedral Metropolitana. Ese mismo mes, Enrique Shaw y otros 18 dirigentes católicos fueron detenidos y encarcelados durante diez días tras ser señalados como responsables de un "complot político" para derrocar al presidente Juan Perón.[81]

El 11 de junio de 1955, pese a estar prohibida por la ley 14.400, se realizó la celebración pública de la fiesta de Corpus Christi, que desde la segunda fundación de Buenos Aires se venía efectuando anualmente en Plaza de Mayo en forma ininterrumpida. Tuvo una concurrencia estimada en unas 200 000 personas, que colmó la Catedral y ocupó la Plaza de Mayo adyacente. Al finalizar la celebración se formó una manifestación que se encaminó por la Avenida de Mayo hacia el Congreso Nacional entonando el Himno Nacional e incorporando gente a medida que avanzaba.[82]​ El mismo día 11 el gobierno acusó a los manifestantes, además de por los daños, de haber quemado una bandera argentina y se abrió una investigación judicial. El incidente de la bandera pronto se probó falso: la bandera había sido quemada por un agente policial siguiendo órdenes directas del Comisario para que el ministro del Interior, Ángel Borlenghi, pudiese fotografiarse con Perón apreciando los restos, de acuerdo con la reconstrucción histórica hecha por Isidoro J. Ruiz Moreno.[83][47]

El 12 de junio de 1955 jóvenes católicos se trenzaron en lucha con grupos de choque de la extrema derecha peronista llamados "Alianza Libertadora Nacionalista"[84]​ que intentaban quemar la Catedral de Buenos Aires.[85][86]​ Ese día se registraron muchas detenciones. El 16 de junio, en forma más organizada, columnas de la Alianza Libertadora Nacionalista, de la CGT y otros militantes peronistas, provistos de bidones de nafta y lanzallamas, y dirigidos por comisarios de la Policía Federal y de la División Bomberos, salieron de la Escuela de Ciegos que funcionaba en calle Bolívar 431 y desde allí saquearon e incendiaron la Curia Metropolitana y doce Iglesias de Buenos Aires: Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio, La Merced, San Roque, la Catedral, San Miguel, La Piedad, Nuestra Señora de Las Victorias, Del Socorro, San Nicolás de Bari y San Juan Bautista. En la Iglesia de Las Victorias fue herido gravemente el Padre Jacobo Wagner quien falleció pocos días después.[47]​ Una investigación en el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas obtuvo el testimonio de integrantes de la Policía Federal que imputaban del hecho a sus propios compañeros por lo cual el organismo solicitó a Perón la separación del jefe de policía y la detención del ministro del Interior Ángel Borlenghi pero al día siguiente de esa comunicación Borlenghi salió del país.[87]​ El historiador Enrique Díaz Araujo reconstruyó el operativo, afirmando que estuvo siempre bajo las órdenes del contraalmirante Alberto Teisaire -vicepresidente al tiempo del hecho-, Borlenghi y el Ministro de Salud Pública Conrado Bevacqua. También informa los nombres de varios de los responsables, entre los que se encuentran altos jefes de la Policía Federal y del cuerpo de bomberos. Ya depuesto el gobierno el propio Teisaire afirmó que la acción se había ejecutado no sólo con la autorización de Perón sino bajo su inspiración.[88]​ Dos días después, el 14 de junio, Perón, por decreto, removió a monseñor Manuel Tato y al diácono Ramón Novoa, quienes fueron expulsados del país y enviados a Roma.[83]

Esta confrontación produjo, durante años, un fuerte debate y toma de posiciones, tanto en el seno del peronismo como del catolicismo. Pero la relación entre el peronismo y sectores del cristianismo continuaría luego del derrocamiento de Perón, y tomaría nuevas formas a partir del Concilio Vaticano II. Es la apertura doctrinal surgida en el mismo lo que posibilitó el surgimiento de la Teología de la liberación basada en la opción por los pobres. El pensamiento de Lucio Gera, un teólogo vinculado al peronismo y al movimiento obrero,[89]​ que desde 1955 venía tratando la relación entre cristianismo, política y la opción por los pobres en la revista Notas de Pastoral Jocista (cerrada por orden del Arzobispado porteño en 1958), se entroncó con esta nueva corriente produciendo un fuerte seguimiento dentro de sectores marginales de la Iglesia Argentina. Entre 1966 y 1971 se editó la revista Cristianismo y Revolución, dirigida por Juan García Elorrio hasta su muerte en circunstancias misteriosas y luego por Casiana Ahumada. A partir de 1967 la revista se vinculó con el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y con las organizaciones guerrilleras Montoneros, Fuerzas Armadas Peronistas (FAR) y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). La revista se inspiraba en el ejemplo del sacerdote guerrillero colombiano Camilo Torres. Algunos de los colaboradores principales de la revista fueron Eduardo Galeano, John William Cooke, Miguel Grinberg, Raimundo Ongaro, Pepe Eliaschev, Rubén Dri, Emilio Jáuregui, Miguel Ramondetti y Nuncio Aversa.

El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) fue fundado en 1967, al adherir al Manifiesto de los dieciocho Obispos del Tercer Mundo, liderado por el obispo brasileño Hélder Cámara, pero tuvo sus principales definiciones teóricas a partir de 1969, cuando se produce su segundo encuentro en Colonia Caroya, Córdoba,cuando se emitió un documento que apoyaba sin medias tintas a los movimientos revolucionarios armados de corte socialista a través del peronismo. El documento reconocía "la existencia en el país de un proceso revolucionario en marcha" y manifestaba que "la característica esencial y definitiva del Movimiento para el Tercer Mundo debe ser lo popular y el peronismo constituye la corriente política con raigambre en el pueblo". El documento continuaba declarando el "rechazo al sistema capitalista vigente y todo tipo de imperialismo económico, político y cultural, para marchar en busca de un socialismo latinoamericano que promueva el advenimiento del Hombre Nuevo; socialismo que no implica forzosamente programas de realización impuestos por partidos socialistas, de aquí u otras partes del mundo, pero que sí incluye necesariamente la socialización de los medios de producción, del poder político, económico y de la cultura".[90]​ A partir del tercer encuentro del MSTM se deja ver con más nitidez una aproximación al peronismo.[91]

En el seno del MSTM surgió muy pronto una seria divergencia con respecto a la lucha armada como instrumento de cambio político. Algunos sectores del movimiento desarrollaron una justificación teológica de la violencia revolucionaria, vinculándola al tradicional derecho de resistencia contra la opresión, mientras que otros mantuvieron una postura pacífica y no violenta. Algunos sacerdotes tercermundistas dejaron la sotana por aquellos años para sumarse a la guerrilla, mientras que otros representantes del movimiento como el padre Carlos Mugica y el padre Carbone, asesor nacional de la JEC continuaron con su rechazo a la lucha armada,[92]​ diferenciando el MSTM de las guerrillas. En 1968 Mugica encabezó una corriente dentro del MSTM, de sacerdotes que decidieron vivir y comprometerse con las necesidades de las poblaciones de las villas miseria, conocida como curas villeros.

Otras diferencias concernían a la posición política dentro del mismo peronismo. La línea más próxima a la cúpula sindical promovía una concepción relativamente verticalista, mientras que las posiciones del interior abogaban por una estructura más descentralizada. Finalmente, algunos peronistas rechazaban de plano el marxismo, mientras que otros lo consideraban un método adecuado de análisis social. La cuestión del celibato obligatorio y la pertenencia al MSTM de sacerdotes casados, también generó diferencias internas en el MSTM, que debatieron el tema en el encuentro de 1973, en el que se manifestaron disidencias irreconciliables. Tras la muerte de Perón y el ascenso de José López Rega, el movimiento perdió capacidad de acción y acabó por disolverse unos años más tarde. Aunque algunos de sus miembros dejaron el sacerdocio, especialmente para contraer matrimonio, la mayoría permaneció en el mismo; un estudio de 1988 indicaba que un 67% conservaba aún su estado clerical.[93]​ El movimiento de curas villeros subsistió y fue reconocido en 2009 con la creación de una Vicaría especial en el arzobispado de Buenos Aires.

El papa Francisco, quien desde 1966 y junto a otros sacerdotes jesuitas estuvo a cargo, en la Universidad de Salvador, de la dirección espiritual de jóvenes militantes de la agrupación peronista Guardia de Hierro fue muchas veces identificado como simpatizante del peronismo, aunque él lo ha negado expresamente.[94]​ No obstante ello, de su relación con Guardia de Hierro recibió ya iniciada la década de 1970, una considerable influencia del pensamiento de la filósofa Amelia Podetti, respecto de cuya obra escribió en 2006 el prólogo a su libro[95][96]​ y al llegar a ser Provincial de la Orden Jesuita, se valió de la estructura de Guardia de Hierro para crear una organización de laicos a la que le entregó la conducción de la Universidad del Salvador.

Posturas diferentes sobre la violencia política

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Sobre la violencia política en el primer peronismo existen dos grandes miradas historiográficas. Los opositores al peronismo han hecho hincapié en los actos de represión de funcionarios del Estado contra los opositores y han justificado o atenuado la responsabilidad por los actos de violencia o terrorismo realizados por los opositores contra los peronistas. Los peronistas, por el contrario, sostienen que los actos de represión contra opositores fueron mucho menores que los de los gobiernos anteriores y posteriores, y destacan la gran cantidad de asesinatos, actos terroristas y complots para producir golpes de Estado, cometidos por los opositores.

Entre los actos de represión cometidos por el Estado, los opositores al peronismo señalan en primer lugar el asesinato del médico comunista Juan Ingallinella, torturado y asesinado por la policía de la Provincia de Santa Fe.[97]​ También se señalan los casos de torturas sufridos por el estudiante comunista Ernesto Mario Bravo y un grupo de trabajadores telefónicos.[98]

Los opositores antiperonistas también cuestionan el episodio conocido como la "quema de iglesias del 16 de junio de 1955", sucedido inmediatamente después de finalizado el bombardeo de Plaza de Mayo y como respuesta a este.

También se señalan los casos de desafuero y detención de los diputados radicales Ricardo Balbín, Ernesto Sanmartino y socialista Alfredo Palacios. Otros señalamientos están referidos a actos de discriminación política, en el ámbito educativo y en el empleo público.

En los actos de violencia cometidos por los opositores antiperonistas, los peronistas destacan sobre todo los golpes de Estado de 1951 y 1955, especialmente este último por haber derrocado el gobierno constitucional del presidente Perón y haber instalado una dictadura autodenominada Revolución Libertadora, que reprimió severamente al peronismo, con fusilamientos, detenciones, cesantías, discriminación política y proscripciones electorales hasta 1973.

También señalan la gravedad del bombardeo de Plaza de Mayo, en el que fueron asesinadas 308 personas identificadas y un número indeterminado de personas que no pudieron ser identificadas estimado en 90. Entre las personas asesinadas hubo 42 mujeres, 18 menores de edad, 7 ancianos y 109 militantes sindicales; a los asesinatos se sumaron casi mil personas que sufrieron lesiones graves y gravísimas.[99]

Los peronistas también denuncian la constitución por parte de los opositores de "comandos civiles" armados, que produjeron gran cantidad de atentados terroristas, entre ellos el atentado terrorista del 15 de abril de 1953 en Plaza de Mayo, en el que fueron asesinadas 6 personas (una anciana y cinco hombres), y 90 quedaron heridos (entre ellos 19 mutilados de por vida).[100]

Otro ataque denunciado son los disparos realizados el 17 de octubre de 1945 desde el Crítica, asesinando al adolescente Darwin Passaponti y al joven Francisco Ramos e hiriendo a más de 50 personas.[101]

Los peronistas también destacan la violencia simbólica y racista llevada adelante por los opositores antiperonistas. Entre ellos destacan la calificación del peronismo como "aluvión zoológico" que el diputado Ernesto Sanmartino realizó públicamente en el Congreso Nacional. También cuestionan los reiterados insultos y faltas de respeto a Eva Perón, calificándola de "puta", "prostituta" y "mujer del látigo" o refiriéndose despectivamente a ella como "esa mujer", así como las pintadas callejeras con el lema "¡Viva el cáncer!", durante la convalecencia que la llevó a la muerte debido a esa enfermedad, en 1952. El peronismo cuestiona también los ataques racistas de los opositores, calificando despectivamente a los simpatizantes peronistas con términos como "cabecitas negras", "negros", "lúmpenes", "grasas" y "descamisados".

Derrocamiento de Perón: golpe de Estado de 1955

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Sucesivos enfrentamientos con la Iglesia y una gran polarización de la sociedad en pro o en contra del gobierno, enrarecen el clima político. Luego de una investigación basada en el testimonio de un oficial de policía, hermano de un marino, el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas pidió el procesamiento del ministro del Interior Ángel Borlenghi acusado de haber propiciado la quema de una bandera el 9 de junio de 1955 para incriminar a manifestantes católicos, lo que le hizo renunciar y abandonar precipitadamente el país.

El 7 de septiembre la CGT propuso al gobierno la formación de milicias populares y al día siguiente el ministro de Guerra Franklin Lucero rechazó la oferta, pero la difusión del hecho aceleró los preparativos de los conspiradores.[102]

El 16 de septiembre estalló un levantamiento en Córdoba encabezado por el general Eduardo Lonardi y secundado por el general Pedro Eugenio Aramburu desde Buenos Aires. La guarnición aérea de Córdoba (formada por la Escuela de Aviación Militar y la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica) fue la primera guarnición en sublevarse[103]​ y quedó al comando del comodoro Julio César Krause y el comandante Jorge Martínez Zuviría.[104]​ Después la Escuela de Artillería, con el apoyo de soldados de la Escuela de Tropas Aerotransportadas y del Liceo Militar, se sublevaron y procedieron a atacar la Escuela de Infantería, cuyo director se negó a participar del levantamiento. Se registraron disparos de cañones y enfrentamientos directos entre las facciones militares, al mismo tiempo que se producían batallas campales entre civiles en el centro de la ciudad. Esta situación se extendió por más de 48 horas y Perón envió tropas leales, unos 10.000 hombres al mando del general Franklin Lucero. Estas tropas cercaron Córdoba el 18 de septiembre, quedando en situación de amplia superioridad numérica respecto a los rebeldes que no superaban los 4.000 hombres.Los generales leales habían elaborado un plan detallado, denominado "Operación Limpieza", para aniquilar el foco rebelde en Córdoba. El "golpe de gracia" o asalto final estaba previsto para la madrugada del día 19 de septiembre. Sin embargo, llegado ese día, Lucero nunca dio la orden. Historiadores como Félix Luna han sugerido que este retraso no fue un fallo logístico, sino una decisión política motivada por la creciente división en las filas del Ejército y el temor al derramamiento de sangre entre "hermanos de armas". La inacción o dilación de los generales leales, según esta interpretación, pudo haber sido un modo de presionar a Perón para que abandonara el poder, o al menos para que negociara una salida que no implicara un baño de sangre militar.[105]

Perón se refirió más adelante a su decepción con la reacción de quienes consideraba más leales. No habló específicamente de las tropas leales pero sí de la actitud de los gremios: "también me desilusionaron los gremios. La huelga general estaba preparada y no salieron...Trataron de arreglarse con los que venían".[106]​ En esas circunstancias, la demora de las tropas para atacar Córdoba puede haber contribuido a ese sentimiento. Ese mismo día al mediodía, ante la inacción de sus tropas, Perón escribió una confusa carta dirigida al general Lucero. En la carta Perón parece dar a entender su renuncia:

Hace algunos días... decidí ceder el poder...Ahora mi decisión es irrevocable... Decisiones análogas del vicepresidente y de los diputados... El Poder del Gobierno pasa por ello automáticamente a las manos del Ejército.
Juan D. Perón. Carta al general Franklin Lucero.[107]

Robert Potash está entre los historiadores que interpreta que la intención de la carta no era renunciar sino negociar con los golpistas.[108]​ Pero en los hechos, la carta fue asumida por el mismo Lucero -quien la leyó por la cadena de radio y televisión- como una renuncia y una cesión del poder al Ejército, e inmediatamente procedió a formar una Junta Militar integrada entre otros por los generales José Domingo Molina, Raúl Tanco, Juan José Valle, Ángel Juan Manni, Emilio Forcher, José C. Sampayo, Carlos Wirth, Oscar R. Sacheri y Oscar A. Uriondo, que declaró haber asumido el Poder Ejecutivo. Sin embargo, esa misma noche Perón se reunió con la junta militar para aclararles que él no había renunciado; la junta sin embargo no fue disuelta.[109]

En paralelo a los sucesos de Córdoba, la Marina, liderada por el contraalmirante Isaac Rojas, tuvo un protagonismo decisivo: sus naves bloquearon Buenos Aires, el Crucero ARA 9 de Julio bombardeó los depósitos de petróleo de Mar del Plata, disparando 68 proyectiles y destruyendo nueve de los once depósitos. Al mismo tiempo, los destructores ARA Buenos Aires, ARA Entre Ríos, ARA San Juan y ARA San Luis cañonearon las instalaciones militares y las fuerzas leales del Ejército y la Policía Federal en Mar del Plata, que habían establecido un cerco alrededor de la base naval de Mar del Plata, tuvieron que rendirse. Rojas decidió entonces posicionar el crucero ARA 17 de Octubre para bombardear la destilería de petróleo de La Plata, previo aviso a la población, y lanzó un ultimátum: si Perón no renunciaba, lo responsabilizaba de las destrucciones que produjeran la acción de la Marina revolucionaria.[110]​ Cuando faltaban escasos minutos para el cañoneo del 17 de Octubre, el ministro Lucero pidió un parlamento y un cese de hostilidades.

Localizaciones en conflicto en la Mar del Plata. Base Naval, Grupo de Artillería Antiaérea 601, Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina, Base Aérea
ARA San Juan E 9
Mar del Plata 1955

Al amanecer del día 19 dos buques de la Armada a cargo del Contraalmirante Rojas, son apostados a unos 8500 metros de la costa de Buenos Aires y lanzaron sus bombas hacia los depósitos de YPF ubicados en el puerto de la ciudad. Miles de personas salieron de sus hogares en la zona portuaria y abandonaron el lugar ante lo que sucedía. Ese fue el factor que inclinó la balanza. Perón priorizó evitar el enfrentamiento total en la capital. El 20 de septiembre se refugió en la embajada del Paraguay y en la Cañonera que lo llevó a Asunción y a lo que sería el comienzo de su largo exilio de casi 17 años.[111]

El padre Carlos Mugica, quien por entonces era antiperonista y luego se haría peronista, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes del movimiento de curas villeros antes de ser asesinado en 1974, ha dejado su propia memoria de la reacción de los diferentes sectores sociales en ese momento:

En el Barrio Norte se echaron a vuelo las campanas y yo participé del júbilo orgiástico de la oligarquía por la caída de Perón. Una noche, fui al conventillo como de costumbre. Tenía que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto, bajo la luz muy tenue de la única bombita, vi escrito, con tiza y en letras bien grandes: ‘Sin Perón, no hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos’. La gente del conventillo me conocía bien, yo había intimado bastante con ella durante todo ese tiempo (después seguí yendo, casi todo el año 56). Sin embargo, para mí lo que vi escrito fue un golpe: esa noche fue el otro momento decisivo en mi vida. En la casa encontré a la gente aplastada, con una gran tristeza. Yo era un miembro de la Iglesia y ellos le atribuían a la Iglesia parte de la responsabilidad de la caída de Perón. Me sentí bastante incómodo, aunque no me dijeron nada. Cuando salí a la calle aspiré en el barrio la tristeza. La gente humilde estaba de duelo por la caída de Perón.

El peronismo durante el exilio de Perón (1955-1973)

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Apenas 51 días después de la revolución, el 13 de noviembre de 1955, el ala dura de la dictadura derrocó al general Lonardi para instalar en el Gobierno al general Pedro Eugenio Aramburu (1955-1958), acompañado por Isaac Rojas. Aramburu incrementó la represión contra el peronismo y, el 5 de marzo de 1956, sancionó el Decreto 4161/56, que proscribía al peronismo, abarcando tanto la ilegalización del partido, como la prohibición de sus ideas y símbolos, e incluso la mera mención del nombre de Perón, a quien los documentos y discursos oficiales se referían como "El Tirano Prófugo".

La respuesta del peronismo fue en varios ámbitos simultáneos: la más inorgánica fue la respuesta de pequeños grupos de militantes peronistas que lanzaron boicots a empresas públicas y privadas, y la colocación de explosivos caseros conocidos como "caños". Ambas formas de resistencia tuvieron un gran auge a principios de 1956, decayendo rápidamente hacia mediados del mismo año.[113]

La decisión del gobierno de producir un masivo pase a retiro entre las filas del Ejército en el verano de 1956 provocó el descontento de ciertos jefes militares. El 9 de junio de 1956 un grupo de oficiales y suboficiales lleva adelante un alzamiento para terminar con la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, dirigida fue el general de división Juan José Valle, que fue apoyado por militares y policías peronistas, como el coronel Adolfo Philippeaux en Santa Rosa, que fue el único que logró dominar la ciudad en que se había sublevado. La sublevación se saldó con el fusilamiento de dieciocho militares y el asesinato de catorce civiles. El peronismo siempre ha reivindicado este alzamiento como parte de la resistencia peronista, aun cuando Valle y varios otros jefes nunca fueron peronistas,[114][115]​ y a que Perón desautorizó la sublevación en una carta enviada a John William Cooke el mismo día del levantamiento de Valle, criticando a Valle por su apresuramiento y falta de prudencia. En opinión de Perón, el motivo real de la sublevación habían sido los pases a retiro del verano del 56. Cuando algunos de los sobrevivientes lograron reunirse con Perón en Caracas éste les recriminó su accionar:[116]

- Tanco, ¿yo qué les había dicho?

- Bueno, General, es que…

- No, no se excuse. Se los avisé: no estaban dadas las condiciones.

Primeros actos de resistencia

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Tras esto, volvieron a tomar protagonismo las acciones de resistencia junto a formas algo más elaboradas, incluyendo bombas incendiarias. Uno de los primeros atentados a gran escala fue el estallido del polvorín de la Fábrica Militar de Materiales de Comunicaciones, cerca de la estación Migueletes, [cita requerida]en el Gran Buenos Aires. Otro que llamó especialmente la atención fue la explosión de un petardo que no hizo más que romper algunos vidrios en una sede del Partido Socialista, presuntamente ligado al hecho de que los sindicatos peronistas habían sido entregados, en gran parte, a dirigentes socialistas.[117]

La dirección política del movimiento estuvo en manos del Comando Nacional del Partido Peronista, fundado por el exdiputado John William Cooke; cuando este fue arrestado y trasladado a Río Gallegos, se creó el Comando Capital, dirigido por Raúl y Rolando Lagomarsino. No obstante, el Comando no fue capaz de coordinar las acciones de los diversos grupos de acción directa, que actuaron por su cuenta; pudo, en cambio, producir una gran cantidad de volantes con llamados a la resistencia contra la dictadura.[113]

Un actor principal de este proceso fue el propio Perón, que desde el exilio intentaba controlar la evolución del peronismo en su ausencia. En enero de 1956 había enviado unas "Directivas Generales para todos los Peronistas", en que se mostraba propenso al ejercicio de la violencia como método, y a

luchar con la dictadura mediante la resistencia pasiva hasta que se debilite y nuestras fuerzas puedan tomar el poder. [...] El trabajo a desgano, el bajo rendimiento, el sabotaje, la huelga, el paro, el desorden, la lucha activa por todos los medios y en todo lugar debe ser la regla. Sin esta preparación la revolución social no será posible a corto plazo, porque la tiranía sólo caerá por este medio; luego, es necesario incrementarlo diez veces más cada día. Siendo la finalidad básica la revolución social, todos los demás objetivos deben subordinarse a esa finalidad. La conducta de cada obrero estará fijada cada día en lo que pueda hacer para derribar a la tiranía e imponer el Justicialismo integral y absoluto por la forma más rápida y definitiva.

Ese mismo año, Perón editó en Santiago de Chile el primero de sus libros del exilio, La fuerza es el derecho de las bestias, en que justificaba la acción política de su gobierno y tachaba de cinismo la pretensión de la dictadura de calificar su gobierno como una dictadura, cuando la única fuente de poder del gobierno militar eran las armas. Una edición chilena del escrito llegó a través de la red de contactos de Jorge Antonio hasta Buenos Aires, donde fue reproducida clandestinamente por Mario Massouh, María Hesaín, Eduardo Manso, Humberto Castañares y Rubén Decarloantonio en un taller sin electricidad de Lomas de Zamora.[118]

Paralelamente a la resistencia armada y propagandística, se desarrolló una lucha por parte de los trabajadores peronistas, que proclamaron una huelga para el 14 de noviembre de 1955. La misma fue reprimida con la intervención de casi todos los sindicatos y el arresto de sus dirigentes del período peronista. Eso permitió su reemplazo por una nueva generación de dirigentes, también identificados con el peronismo, pero distinto de los burocratizados funcionarios en que se habían convertido sus antecesores, y mucho más combativos: entre los nuevos líderes se contaron Andrés Framini, José Alonso y Augusto Timoteo Vandor.[119]

Comenzó entonces una lucha de los trabajadores peronistas por recuperar su lugar en el sindicalismo organizado. El gobierno continuó controlando la CGT, mientras gradualmente normalizaba algunos sindicatos, convocando a elecciones. La participación de trabajadores en estas elecciones fue notoriamente baja; tras algunas victorias de socialistas y comunistas en varios de los sindicatos "grandes", los peronistas —que no usaban ese nombre— fueron obteniendo gran cantidad de victorias en sindicatos algo menos importantes. Se trataba de dirigentes nuevos —con la notable excepción de Andrés Framini, de la Asociación Obrera Textil— que se concentraban inicialmente en aspectos puramente sindicales, evitando en lo posible toda mención a la acción política. Aun así, las huelgas del año 1956 generaron una pérdida de más de medio millón de días de trabajo.[120]

Los viejos dirigentes peronistas hicieron algunos intentos de reorganizarse, a través de la "CGT Auténtica" o de la "CGT Única e Intransigente", pero estos grupos no tuvieron éxito alguno y no lograron siquiera controlar sus propios sindicatos.[120]

A partir del segundo trimestre de 1957 se observó un giro notable, cuando fracasó un congreso normalizador de la CGT controlado por socialistas y comunistas. A continuación, algunos comunistas y peronistas se lanzaron a armar su propia organización sindical, que plasmó en el mes de agosto en la formación de las 62 Organizaciones. Ese año se perdieron más de tres millones de días de trabajo.[121]

Las acciones violentas se mantuvieron como el principal medio de acción política peronista hasta mediados de 1957, cuando la cuestión electoral —tanto para la reforma de la Constitución como para las elecciones del año siguiente— hicieron pasar las preocupaciones de los militantes por otros carriles.[113]​ Aun así, hubo unos 125 atentados con bombas, solamente entre diciembre de 1956 y julio de 1957.[122]

Elecciones de 1958

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En julio de 1957 la dictadura llamó a elecciones para reformar la Constitución, prohibiendo la participación del peronismo. La UCR se dividió en dos: la UCRI de Frondizi, crítica de la dictadura, y la UCRP de Balbín, identificada con la dictadura. Dentro del peronismo se discutió la posibilidad de presentarse con partidos encubiertos –"neoperonistas"–", o llamar a votar en blanco. Finalmente Perón se inclinó por la opción de votar en blanco y ordenó a los comandos clandestinos movilizarse y difundir la orden entre los simpatizantes peronistas.

El día de la elección los votos en blanco superaron a la lista más votada, que fue la de la UCRP de Balbín, quedando en tercer lugar la UCRI de Frondizi. El resultado electoral mostró que el peronismo seguía siendo una fuerza mayoritaria y organizada incluso estando desde la clandestinidad, y dejó en evidencia la capacidad de liderazgo de Perón desde el exilio.[123]​ La Convención sólo alcanzó a convalidar la decisión de la dictadura de abolir la reforma del 49 y de incluir el artículo 14 bis, un texto que buscaba contemplar en alguna medida las reformas sociales y laborales del peronismo.[124]

Frondizi comprendió que sólo podría vencer en las elecciones presidenciales de 1958 si lograba convencer al electorado peronista de no volver a votar en blanco. Y para ello debía hablar con Perón. El primer acercamiento fue en Santiago de Chile, donde John William Cooke y Rogelio Frigerio acordaron un primer documento. Luego Frigerio se trasladó para conversar personalmente con Perón en Caracas poco antes de las elecciones, en enero de 1958. De las conversaciones, de las que también fue testigo Cooke, radicado ya en Venezuela, surgió la firma del llamado Pacto Perón-Frondizi, con catorce puntos[n. 1]​ por los cuales Perón se comprometía a pedir a sus seguidores que votaran a los candidatos de la UCRI y se retiraran los candidatos de los partidos neoperonistas que habían logrado evadir la proscripción sobre el Partido Peronista. A cambio, Frondizi se comprometía a «restablecer las conquistas logradas por el pueblo en los órdenes social, económico y político»,[n. 2]​ levantando la proscripción que pesaba sobre sus seguidores y sobre el Partido Peronista, aunque todavía no la que pesaba sobre Perón. Este pidió que se le garantizara el uso del uniforme del Ejército y su grado militar, pero Frondizi mandó decir que era imposible.

El resultado fue abrumador: con el voto peronista, Frondizi duplicó los votos del año anterior, obteniendo más del 52% del electorado, superando ampliamente el 34% obtenido por Balbín y el 9% de votos en blanco. Con ese apoyo, la UCRI obtuvo la victoria en todas las provincias, la totalidad de los senadores y una amplia mayoría en la Cámara de Diputados.[125]

En septiembre de 1958, con el avance de las listas peronistas en las elecciones sindicales y de cara a una participación política más directa, Perón decidió pasar a una nueva organización del peronismo. Para ello disolvió el Comando Táctico y creó en su lugar el Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo, integrado por la rama política del movimiento, mientras que la rama sindical quedó bajo la dirección de las 62 Organizaciones. En la segunda mitad del año, las 62 Organizaciones lanzaron varias proclamas de índole más política que gremial, en las cuales no se nombraba a Perón o al peronismo, aunque sí se utilizaba un lenguaje inequívocamente peronista. Los sindicatos peronistas anunciaron un paro general los días 22 y 23 de octubre de ese año, que terminó con la movilización militar de los trabajadores y el arresto de decenas de dirigentes gremiales. La enérgica represión mostró que los sindicatos peronistas aún no estaban en condiciones de condicionar al gobierno.[126]

Frondizi cumplió lo pactado sólo en parte:[127]​ si bien la UCRI sancionó una Ley Sindical consensuada con el peronismo, incumplió su compromiso de derogar la prohibición del Partido Peronista y permitir partidos neoperonistas provinciales que se habían formado –el más importante era Unión Popular, fundado por el ex canciller peronista Juan Atilio Bramuglia– para que participaran en las elecciones legislativas y provinciales de 1962. Pensaba que, sin Perón como candidato y con el peronismo dividido, podría derrotarlo con facilidad.[128]​ Pero en las elecciones de la provincia de Buenos Aires, la más grande del país, el peronismo lanzó un desafío que desbordó los límites impuestos y presentó la candidatura a gobernador del sindicalista Andrés Framini, acompañado por el general Perón como candidato a vicegobernador. La fórmula fue vetada por el gobierno, pero el hecho metió simbólicamente a Perón en la contienda electoral y atrajo la atención sobre la Unión Popular, que utilizó como eslogan de campaña el lema "Framini-Anglada, Perón a la Rosada".[128]​ En las elecciones del 18 de marzo de 1962 los partidos "neoperonistas" derrotaron a las listas de la UCRI en nueve de los diecisiete distritos entonces existentes y ganaron las gobernaciones en seis provincias, entre ellas la de Buenos Aires.[129]

La consecuencia fue inmediata: Frondizi fue derrocado por un golpe cívico-militar,[130]​ las provincias en que había triunfado el peronismo fueron intervenidas[131]​ y su sucesor, José María Guido, que gobernaba bajo la tutela militar, anuló las elecciones y disolvió el Congreso. La situación exacerbó el enfrentamiento interno en las Fuerzas Armadas sobre qué hacer con Perón y el peronismo. Dos bandos militares quedaron claramente delimitados: aquellos militares que sostenían que había que seguir con la prohibición del peronismo hasta su erradicación completa, adoptaron el mote de "Colorados"; y aquellos que proponían aceptar la realidad de la presencia del peronismo, legalizándolo, aunque sin permitir que tuviera un poder mayoritario, ni la vuelta de Perón, se llamaron "Azules". El enfrentamiento entre Azules y Colorados por la cuestión de Perón y el peronismo llegó al punto de un enfrentamiento armado entre ambos bandos, en 1962 y 1963 que causó al menos 24 muertes y más de 80 personas heridas, civiles y militares, en una especie de guerra civil limitada. Triunfaron los Azules, liderados por el general Onganía,[132]​ pero en las elecciones de 1963 el peronismo volvió a estar absolutamente proscripto, a la vez que fue desarticulado el frondizismo debido al encarcelamiento de su líder.

Elecciones de 1963 y ascenso del vandorismo

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Para las elecciones presidenciales de 1963, Perón ordenó votar en blanco. Varios dirigentes que ya habían acordado alianzas con la UCRI se negaron a obedecer la orden, alegando que contradecía otras instrucciones muy recientes, mientras que los sindicalistas instaron a sus seguidores a votar en blanco. La UCRP con la candidatura de Arturo Illia, casi sin contrincantes, ganó las elecciones con 25,1% de los votos, mientras que los votos en blanco y anulados sumaron 21,2%.

Augusto Timoteo Vandor

Luego de que Illia impidiera el regreso de Perón en diciembre de 1964 y la justicia volviera a prohibir el Partido Peronista –ahora con el nombre de "Partido Justicialista"–,[133]​ algunos sectores del peronismo comenzaron a pensar que Perón nunca volvería a la Argentina y que había que organizar un "peronismo sin Perón". Entre los líderes de este movimiento se destacaba el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, quien en esos años se había convertido en el hombre fuerte del sindicalismo y venía apoyando los partidos neoperonistas a través de los cuales el peronismo había esquivado precariamente las represiones y prohibiciones.[134]

En las elecciones legislativas de marzo de 1965 el partido Unión Popular, controlado por Vandor, salió primero y, junto con los demás partidos neoperonistas, obtuvo más diputados que la suma de los dos partidos radicales –UCRP y UCRI– y el MID de Frondizi.[134]​ Perón participó ostensiblemente en la formación de las listas de candidatos. La lista de la UCRP obtuvo menos del 30% de los votos, mientras que las distintas las listas "neoperonistas" rondaron un 38% en total.[135]​ En esa situación, Vandor pensaba que podía reagrupar y liderar un peronismo que ganara las elecciones presidenciales previstas para 1967.[134]

Para enfrentar la intentona de Vandor e intentar preservar su liderazgo en riesgo, Perón decidió una maniobra audaz y envió a la Argentina a su esposa, María Estela Martínez de Perón (Isabelita), como su delegada personal.[n. 3]

Isabelita llegó a Buenos Aires el 10 de octubre de 1965 y se quedó varios meses. Su presencia produjo un cimbronazo político. El presidente Illia intentó expulsarla del país, pero no encontró un mecanismo legal para hacerlo. El peronismo estaba disperso y los diferentes delegados de Perón habían fracasado, estaban presos, clandestinos, o habían sido cooptados.[134]​ La misión de Isabelita era revitalizar el liderazgo de Perón y desbancar a Vandor.[134]

Isabel y Vandor mantuvieron un tensa paz forzada hasta enero de 1966. Durante ese tiempo Isabel recorrió el país y remitió detallados informes a Perón sobre los referentes con los que contaba.[134]

En los primeros días de enero de 1966, Isabel hizo esperar a Vandor varias horas en el hall de su hotel y no lo recibió. El día 6 Perón descabezó la conducción del Movimiento Peronista, que respondía a Vandor, y lo sustituyó por un Comando Delegado.[134]

Poco después el secretario general de la CGT y titular del sindicato del Vestido, José Alonso, con el apoyo de "los 19 sindicatos" acusó públicamente a Vandor de alzarse en contra de las directivas de Perón, dividiendo las 62 Organizaciones para constituir las "62 Organizaciones de Pie Junto a Perón", enfrentada al líder metalúrgico. Entre los líderes sindicales que ratificaron su lealtad a Perón se encontraban Lorenzo Pepe (Unión Ferroviaria), Andrés Framini (textiles), Roberto García (caucho), Ricardo De Luca (calzado), Jorge Di Pasquale (farmacias) y Amado Olmos (Sanidad).[136][133]

A fines de enero de 1966 Perón le escribió a Alonso una carta que fue hecha pública, señalando a Vandor como el "enemigo principal":[134]

En esta lucha, como bien lo ha apreciado usted, el enemigo principal es Vandor y su trenza... Esta batalla ha de ser definitiva y para que quede un ejemplo que desanime a los que quieran imitar las trenzas del tipo Vandor.
Juan Domingo Perón, carta a José Alonso, 27 de enero de 1966.[134]

Vandor respondió mostrando su poder, expulsando a Alonso de su cargo de secretario general de la CGT e hizo nombrar en su lugar a Fernando Donaires, dando lugar a la formación de una "CGT vandorista" que controlaría la mayoría de la central.

En el mes de junio, el presidente Illia fue derrocado por un nuevo golpe de Estado cívico-militar que puso en el poder al general Juan Carlos Onganía. Vandor, que seguía controlando la CGT, pensó que apoyando el acceso de Onganía al poder podría favorecer a los trabajadores; de hecho, asistió como invitado especial a la ceremonia de asunción de Onganía. En marzo de 1968, Perón ordenó al dirigente de la Federación Gráfica, Raimundo Ongaro, enfrentar a Vandor para exigirle que tomara una actitud más combativa contra la dictadura; el resultado fue la división de la CGT en dos: la que seguía respondiendo a Vandor y la CGT de los Argentinos, dirigida por Ongaro y Alonso, que comenzó una escalada de huelgas gradualmente más fuertes.[137]

Organizaciones armadas

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Clausurada la vía de la acción política y electoral, Perón se dedicaba principalmente a la escritura de sus pensamientos políticos: en 1967 publicó Latinoamérica; ahora o nunca y al año siguiente La Hora de los Pueblos.[138]​ Sin actividad política, la militancia peronista se concentraba principalmente en los sindicatos, donde todo se lograba por medio de pacientes negociaciones, hablando personalmente con cada uno de los dirigentes.

Simultáneamente la militancia peronista, con ya una década de experiencia en la clandestinidad y la resistencia, estaba dando rápidamente pasos hacia la lucha armada. El primer grupo en realizar acciones violentas, ya desde 1957, había sido el Movimiento Nacionalista Tacuara, un grupo nacionalista, católico, anticomunista y antisemita que obtuvo notoriedad en 1958 en los disturbios provocados contra los partidarios de la educación laica en torno a la sanción de la ley de educación. El 4 de abril de 1964, la Policía Federal informó que de enero a noviembre de 1963 los miembros del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara habían protagonizado cuarenta y tres hechos terroristas.[139]​ Originalmente no tenían relación con el peronismo. Por el contrario, era una escisión de la Alianza Libertadora Nacionalista y la ruptura se había producido justamente a raíz de la toma de posición que la Alianza, a partir del liderazgo de Guillermo Patricio Kelly, había tomado a favor del régimen peronista y en contra de la Iglesia Católica (materializada en la quema de iglesias). El Padre Meinvielle, un notable antiperonista, había sido uno de sus principales referentes en lo ideológico. Pero esta posición cambió a partir de la década del 60, cuando el grupo comienza a recibir instrucción de parte del antropólogo francés (y exmiembro de las Waffen SS) Jacques de Mahieu. Fue entonces cuando muchos de los militantes de Tacuara, influidos por De Mahieu pasaron a vincularse con la Resistencia Peronista. Mahieu había logrado incluir como dogma para Tacuara el concepto de Tercera Posición, común por esa época a distintos movimientos nacionalistas en distintas partes del mundo, pero que en la Argentina había sido desarrollado por el peronismo. Poco más tarde, otro grupo liderado por Dardo Cabo se separó de Tacuara para formar el Movimiento Nueva Argentina (MNA), que luchaba por el regreso de Perón a la Argentina. Fue una de las primeras organizaciones peronistas de derecha en la Argentina.[140]​ El lanzamiento oficial del nuevo grupo ocurrió el 9 de junio de 1961, en conmemoración del levantamiento del general Juan José Valle cinco años antes. Finalmente, en 1963, se produjo la ruptura de mayor importancia. Un sector liderado por Joe Baxter y José Luis Nell creó el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT), quien, sin abandonar su nacionalismo, rompió con la Iglesia, la derecha y el antisemitismo, para migrar hacia posiciones cada vez más cercanas al marxismo y el peronismo de izquierda, de donde provendrían muchos de los cuadros de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y el Peronismo de Base (PB) y, en menor medida, de Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP, en cuya formación participó Baxter).

En septiembre de 1968 se formaron las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP),[n. 4]​ dirigidas por Joe Baxter y Envar El Kadri, quienes iniciaron un foco de guerrilla rural en la localidad de Taco Ralo (Tucumán), pero fueron rápidamente detenidos y enjuiciados. El grupo, sin embargo, continuó funcionando e incorporando intelectuales y combatientes.[141]

El 29 y 30 de mayo de 1969 se produjo el primer Cordobazo. Estudiantes y obreros controlaron la ciudad de Córdoba durante dos días, en apoyo del paro nacional del 30 de mayo, declarado por la CGT de los Argentinos y la CGT Azopardo vandorista.[142]​ Ese mismo año comienzan a actuar las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), incendiando el 26 de junio trece supermercados de la cadena Minimax de la familia Rockefeller, como protesta contra la visita de Nelson Rockefeller.[143]​ Cuatro días después, fue asesinado por el Ejército Nacional Revolucionario, el máximo dirigente sindical argentino de ese momento, Augusto Timoteo Vandor, acusado de negociar con la dictadura militar y de traidor por impulsar un «peronismo sin Perón»; los miembros del ENR se integrarían más adelante a Montoneros.[144][145]

A mediados de 1970 la CGT se volvió a unir en una única organización y, por gestiones de Perón, José Ignacio Rucci fue nombrado secretario general.[146]​ Rucci consideraba que la vuelta de Perón al país debía ser un objetivo prioritario y estratégico para el movimiento sindical, pero los dirigentes de la mayoría de los sindicatos más poderosos, seguían compartiendo la creencia vandorista de que el regreso de Perón nunca sucedería y se inclinaban a negociar una salida electoral con el poder militar que no incluyera el regreso de Perón.[146]

Durante el año 1970, las FAP pasaron nuevamente a la acción, provocando varios ataques con bombas y algunos muertos.[141]​ Ese mismo año hizo su presentación otra organización guerrillera peronista: el 1 de mayo, los Montoneros secuestraron al exdictador Pedro Eugenio Aramburu, y días después lo asesinaron.[147]

La convulsión política resultante obligó a la dictadura a destituir a Onganía y reemplazarlo con el general Marcelo Levingston con la promesa de abrir una "salida electoral" bajo control militar.[148]

En agosto de 1970 fue asesinado José Alonso, también sindicado como traidor al movimiento obrero y a Perón.[n. 5]

Señales de apoyo de Perón a la violencia armada

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En ese primer momento, Perón respaldó las formaciones guerrilleras peronistas, a las que llamaba "formaciones especiales",[149]​ y mantuvo una nutrida correspondencia con los líderes de Montoneros. Aunque nunca aprobó expresamente el asesinato de Aramburu, reiteradamente mostró su apoyo a la acción armada contra la dictadura.[150]​ A comienzos de 1971, la "apertura política" en marcha colocaba a Montoneros en un lugar político contradictorio: por un lado habían adquirido un muy alto perfil dentro de la Resistencia Peronista, pero por otro lado se trataba de un grupo de jóvenes con escasas relaciones políticas, cercado y reducido a su mínima expresión. En esas condiciones Rodolfo Galimberti, líder de una agrupación universitaria peronista llamada JAEN (Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional), logró conectarse con el líder montonero Carlos Hobart y se ofreció para llevar una carta de la organización guerrillera a Perón, explicando las causas de las "ejecuciones" de Aramburu y el sindicalista José Alonso y sus intenciones de continuar actuando como el brazo armado del movimiento peronista. La carta está fechada el 9 de febrero de 1971.[151][152]

Galimberti logró que Perón lo recibiera pocos días después en Madrid, donde se encontraba exiliado, y que escribiera una carta de respuesta y grabara un mensaje de audio dirigido a "los compañeros de la juventud",[151]​ que fue transcripta y publicada por la revista Cristianismo y Revolución en junio bajo el título de "Perón habla a la juventud".[153]

La carta de Perón a Montoneros está fechada el 20 de febrero de 1971.[154]​ Allí se manifestaba "completamente de acuerdo y encomio todo lo actuado» con respecto a Aramburu y, sobre la "ejecución" de José Alonso, desmentía categóricamente "que haya perturbado plan táctico alguno".[151]​ Con respecto a la evolución de la situación política, respondía que no creía que los militares estuviesen dispuestos a dar elecciones sin proscripciones, pero aclaraba que «no se puede despreciar la oportunidad de forzar también este factor», anticipando su apoyo a una salida electoral si se pudiera "forzar" que se realizara en condiciones de libertad.[151]​ Finalmente, Perón se refería a la vinculación que Montoneros pudiera tener con el movimiento peronista en estos términos:

Como les explicará el compañero [por Galimberti], mientras las organizaciones de superficie obedecen a una conducción centralizada, las organizaciones que se encargan de la «guerra revolucionaria» tienen absoluta independencia en su conducción y coordinada nada más que por los objetivos.
Juan Domingo Perón.[151]

En la grabación dirigida a "los compañeros de la juventud", Perón caracteriza la situación diciendo que "la Patria vive días inciertos y dramáticos, sometida al vasallaje de sus fuerzas de ocupación... [en la que] luchar es un deber", negando toda legalidad a la dictadura militar.[153]​ Habla de la "juventud maravillosa" -una expresión que adquirirá a partir de entonces un peso alegórico para la Juventud Peronista- y se extiende en consideraciones sobre el papel de la lucha armada en aquel momento.[153]​ Denomina a las organizaciones guerrilleras como "formaciones especiales":

El Movimiento Peronista ha de estar organizado apropiadamente para ello, en forma que permita la lucha orgánica de superficie, y pueda hacer frente también a las formas cruentas que suelen ser impuestas por las dictaduras como la que azota al país en nuestros días. Las formaciones especiales encargadas de lo último, deben tener características especiales y originales, como especiales y originales son las funciones que deben cumplir. Ellas actúan tanto dentro de nuestro dispositivo, como autodefensa, como fuera de él, en la lucha directa de todos los días dentro de las formas impuestas por la guerra revolucionaria.
Juan D. Perón (Perón habla a la juventud)[153]

«A partir del explícito apoyo de Perón y de la simpatía que había concitado la muerte de Aramburu, Montoneros gozaba de una no despreciable popularidad entre las bases peronistas», dice el investigador Lucas Lanusse.[152]​ Montoneros fue el núcleo armado de un conjunto de organizaciones sociales no militares ("frentes de masas") conocido como la Tendencia Revolucionaria del Peronismo, o simplemente «La Tendencia», que incluyó a la Juventud Peronista Regionales (JP), la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), la Agrupación Evita y el Movimiento Villero Peronista. En 1972 se fusionó con Descamisados y en 1973 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), con las que venía actuando en conjunto.

Señales en contra y Guardia de Hierro

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Paralelamente, y en contradicción con este apoyo manifiesto, ya en 1967, Perón había recibido en Madrid a los miembros de otra agrupación que pronto lograría un gran ascendente dentro de la interna peronista, Guardia de Hierro, a quienes les encargó la misión de adoptar una postura contraria a la lucha armada, como método para derrotar a la dictadura.[45]​ A partir de esa postura, en los años siguientes, Guardia de Hierro llegaría a desarrollar una gran influencia partidaria con una postura fuertemente crítica de las organizaciones guerrilleras, especialmente de Montoneros, organización que a su vez adjudicó a GH una postura "derechista".[155]​ Por otra parte GH cuestionaba la línea del sindicalista Augusto Timoteo Vandor, partidaria de un "peronismo sin Perón" y de la negociación con la dictadura. Ya en los años 70, Guardia de Hierro integra a otras organizaciones en la "Mesa para el Trasvasamiento Generacional", luego llamada "Organización Única de Trasvasamiento Generacional",[156]​ que se definía como un frente de cuadros agrupando también a organizaciones de profesionales, de estudiantes universitarios (Organización Universitaria Peronista) y secundarios (JSP), la agrupación de Docentes y el Frente Cultural. Este último era conducido por el dibujante Caloi, y nucleaba a personalidades como Carlos Carella, Raúl Carnota, Osvaldo Attila, Carlos Bisso, Charly Fernandez, Ovidio Martinez, Daniel Santoro y Graciela Lemoine, entre otros. En el frente docente militaban intelectuales como Amelia Podetti (quien dirigía la revista "Hechos e Ideas", que buscaba llegar a los intelectuales peronistas),[157]​ Aldo Carreras, Francisco José Piñón, Juan José Flesca, Ana Colotti y Mabel Allerand entre otros. Entre sus militantes se encontraban Alejandro Pandra, José Manuel de la Sota, Juan Carlos Mazzon, Olga Riutort, José Octavio Bordón, Liliana Negre de Alonso, Gildo Insfran, José Luis Manzano, Humberto Podetti, Daniel Adrogué, Julio Bárbaro y Guillermo Moreno, entre otros.[45][47]

Su estructura era verticalista a semejanza de las estructuras militares, siguiendo un organigrama de 16 escalafones de mando, desde brigadistas, jefe de brigada, miembro de comando, jefe de comando local, jefe de seccional, etc., hasta llegar al mando último, destinado a Perón.[157]​ A partir de 1973, y por impulso de Alejandro Pandra, sus militantes pasan a usar uniformes marciales color pardo con cinturón cruzado y un brazalete que rezaba: “Aquí se aprende a amar a Perón”. Su lucha contra la tendencia se inscribe en el combate contra la infiltración del peronismo, y la llevaban adelante mediante la actuación en barrios populares, villas miseria y sindicatos.[47]

El tercer peronismo (1973-1976)

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«Perón vuelve»

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El abrazo de Perón y Balbín, que habían sido enemigos por décadas, ha quedado en la historia argentina como símbolo del respeto democrático.

En 1970 colapsó el proyecto de establecer una dictadura permanente apolítica liderada por Juan Carlos Onganía, debido al estado de subversión generalizada que había desencadenado, expresado en la sucesión de puebladas insurreccionales y la creación de organizaciones guerrilleras peronistas y no peronistas. Un sector de la dictadura (Lanusse) propuso llegar a un acuerdo con los partidos políticos, llamado Gran Acuerdo Nacional (GAN), aceptando que el peronismo volviera participar en la vida política, pero bajo el control y la dirección de las Fuerzas Armadas. El sector vandorista —en el que se encontraba la mayoría del sindicalismo peronista—, estuvo de acuerdo, pero el sector liderado por Perón, con el apoyo de la guerrilla peronista (Montoneros, FAR y FAP), el peronismo revolucionario y un sector minoritario del sindicalismo liderado por José Ignacio Rucci, rechazó el GAN y propuso un amplio frente civil, apoyado en la reconciliación entre peronistas y antiperonistas y la concertación social entre sindicatos y empresarios nacionales. Como consecuencia de estas negociaciones, el 10 de julio de 1972 un plenario sindical reunificó a los sindicatos peronistas en las 62 Organizaciones. La alianza táctica de "los duros" u "ortodoxos", liderados por José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel de la UOM, con los participacionistas de la Nueva Corriente de Opinión, encabezada por Coria, marginaron de la conducción a Los 8, liderados por Vicente Roqué, y a los combativos (que habían abandonado la CGT de los Argentinos) liderados por Ricardo de Luca (navales).[158]​ Se disolvieron también, al menos formalmente, las distintas agrupaciones internas del sindicalismo peronista.[159]​ Como conducción se eligió un Secretariado Ejecutivo Nacional, integrado por Rogelio Coria (construcción), Lorenzo Miguel (metalúrgicos), Néstor Carrasco (frigorífico de la Torre) y Casildo Herrera.[158][160]​ En ese momento Perón y el líder del radicalismo del pueblo Ricardo Balbín, principal referente del antiperonismo, inician conversaciones para llegar a un acuerdo de unidad nacional que desbarate el proyecto militar del GAN. Bajo la consigna «Perón vuelve» y una amplia movilización popular, el 17 de noviembre de 1972, aún en dictadura y en medio de una alta tensión, Perón volvió al país y sella con Balbín, por medio de un abrazo histórico, la reconciliación entre peronistas y antiperonistas, abriendo así el camino a la realización de elecciones democráticas, sin control militar. Perón y Balbín eran partidarios de presentarse juntos a elecciones, en una fórmula de unidad nacional que garantizara la estabilidad institucional y la reducción progresiva de la violencia política y el estado insurreccional que había desencadenado la dictadura. Pero la dictadura logró prohibir la candidatura de Perón y los sectores internos, tanto del peronismo como del radicalismo, bloquearon toda posibilidad de alcanzar una fórmula Perón-Balbín.

El peronismo formó entonces un amplio frente electoral denominado Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), con gran parte de las fuerzas políticas que habían sido antiperonistas en 1955: el frondizismo, el conservadurismo popular y el ala de centro de la democracia cristiana. Pero la dictadura —en la creencia de que el peronismo no llegaría a la mitad de los votos necesarios para ganar, abriendo camino así al triunfo de Balbín en segunda vuelta—, logró impedir que Perón fuera el candidato del Frejuli, fortaleciendo de ese modo al peronismo revolucionario y a la guerrilla peronista, que había sido el sector que más había luchado para desestabilizar al gobierno militar y lograr el retorno de Perón al país. La candidatura presidencial recayó en un histórico del peronismo, Héctor J. Cámpora, con excelentes relaciones con la ya por entonces llamada Tendencia Revolucionaria, o simplemente la Tendencia. Cámpora fue acompañado en la fórmula por el conservador popular Vicente Solano Lima, un histórico del antiperonismo. El lema central de la campaña fue «Cámpora al gobierno, Perón al poder».

Las siete semanas de Cámpora

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Afiche de la campaña electoral de 1973. Héctor J. Cámpora asumió como presidente el 25 de mayo de 1973, con el apoyo popular que le garantizaba su lealtad a Perón.
Acto masivo por la asunción presidencial de Héctor Cámpora en 1973.

El 11 de marzo de 1973 se realizaron las elecciones generales con un triunfo inesperado del Frejuli en primera vuelta, que se completaría con la obtención de veinte de las veintidós gobernaciones provinciales. El amplísimo triunfo peronista, luego de dieciocho años en los que los grupos más duros buscaron de la "desperonización" de la población, produjo una conmoción en las Fuerzas Armadas y los sectores conservadores, que estuvieron a punto de dar un nuevo golpe de Estado. Pero el general Lanusse logró garantizar que los militares respetaran la legitimidad democrática y el 25 de mayo asumió el nuevo gobierno constitucional.

Por entonces, América Latina vivía un momento de autonomía relativa frente a Estados Unidos, que pretendía alinear a todo el continente en la "lucha contra el comunismo", que llevaba adelante en la Guerra Fría, instalando dictadura militares permanentes que siguieran los lineamientos de la Doctrina de la Seguridad Nacional. A la Revolución cubana de 1958/1959, le habían seguido la Revolución peruana de 1968 liderada por el general Juan Velasco Alvarado, la Revolución panameña liderada por el general Omar Torrijos y la victoria electoral de la Unidad Popular en Chile, con la presidencia del socialista Salvador Allende. El 25 de mayo de 1973 Cámpora y Solano Lima firmaron el acta de traspaso del poder en la Casa Rosada, una de cuyas paredes laterales amaneció con la inscripción "Casa Montonera". En la Plaza de Mayo, en ese momento, se concentraron militantes de las distintas ramas del peronismo. Hubo peleas y varios heridos. Desde allí los manifestantes se trasladaron al Penal de Villa Devoto donde cumplían condena distintos militantes de Montoneros y otros considerados "presos políticos". Paralelamente, Cámpora enviaba al Congreso su proyecto de Ley de Amnistía que beneficiaba a 370 presos. La ley se aprobó al día siguiente, pero ya durante el debate, los manifestantes abrieron las puertas con sopletes y permitieron el egreso, no sólo de los presos considerados políticos, sino también de peligrosos delincuentes comunes como un narcotraficante conocido mundialmente, y los asesinos de la estudiante marplatense Silvia Filler.[47]

Cámpora alcanzó a gobernar sólo 49 días. En ese período, su gobierno se orientó sobre la base de tres políticas fundamentales: una política económica (ministro José Ber Gelbard) industrialista, de fortalecimiento del mercado interno y ampliación diversificada de los mercados internacionales, apoyada en el Pacto Social con la CGT y la CGE; una política internacional (ministro Juan Carlos Puig) tercermundista y de integración latinoamericana autónoma de Estados Unidos, buscando ingresar al Pacto Andino; y una política educativa (ministro Jorge Taiana) pluralista que abrió las universidades, promovió el movimiento estudiantil y priorizó la alfabetización de los adultos. En el terreno económico se volvió a privilegiar el intervencionismo estatal, a tal punto de que en un solo día, y por decreto, se expropiaron el Banco Argentino de Comercio(Chase Manhattan y Dredsner de Alemania), Banco Popular Argentino (Banco Central de España), Banco Francés del Río de la Plata (Banca Morgan), Banco Argentino del Atlántico (Citibank New York), Banco de Bahía Blanca (Citibank) Banco Mercantil de Rosario (Banco de Santander, España), y Banco Comercial e Industrial de Córdoba (Santander).[161]

Con respecto a las Fuerzas Armadas, Cámpora apoyó al sector "profesionalista integrado", que sostenía que los militares debían subordinarse al poder político democrático. Impulsó además un acercamiento entre las guerrillas peronistas —que habían suspendido la lucha armada— y las Fuerzas Armadas, que permitiera ir institucionalizando progresivamente un poder militar democrático, que abandonara la Doctrina de la Seguridad Nacional estadounidense. La guerrilla no peronista, el ERP, adoptó una postura más distante de la institucionalidad democrática, pero reconoció explícitamente la legitimidad del gobierno de Cámpora y se abstuvo de hecho de realizar operaciones durante su gobierno.

La masacre de Ezeiza y el nacimiento de la Triple A

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Raúl Lastiri, presidente en funciones desde la renuncia de Héctor Cámpora, cantando el himno durante su visita a la Antártida Argentina, el 10 de agosto de 1973.

El 20 de junio de 1973 Perón regresó para radicarse definitivamente en la Argentina, poniendo fin a dieciocho años de exilio. Una enorme multitud estimada por algunos observadores hasta en dos millones de personas, se congregó en Ezeiza, cerca del aeropuerto internacional de Buenos Aires para recibir al fundador del peronismo. En esas circunstancias, las facciones enfrentadas dentro del peronismo, en su intento por apropiarse del acto, terminaron enfrentándose en un tiroteo al que se conoció como la Masacre de Ezeiza, en la que fueron asesinadas trece personas y quedaron heridas más de cien. La Juventud Peronista y la organización Montoneros (que formaban el ala izquierda del peronismo) se sintieron alentados por la elección, pues para impresionar a Perón querían mostrarle el poderío de las masas a través de una gran movilización. Por su parte, los sindicalistas agrupados en la CGT, también se propusieron llenar el acto con sus partidarios. Cinco personas asumieron la responsabilidad de organizar la movilización: José Ignacio Rucci, Lorenzo Miguel, Juan Manuel Abal Medina (padre), Norma Kennedy y Jorge Manuel Osinde.[162]

El 19 de junio, unos 2000 integrantes de la agrupación peronista Comando de Organización, al mando de Alberto Brito Lima, ocuparon el Hogar Escuela Santa Teresa, a unos 500 metros del puente El Trébol. El Hogar Escuela forma un triángulo agudo con el puente El Trébol y el Hospital de Ezeiza, en el centro del barrio Esteban Echeverría, lo que la convertía en una posición estratégica para controlar la zona.[163]​ Hombres armados del sector sindical ocuparon el palco y sus inmediaciones, en tanto los movimientos se coordinaban a través de la red de comunicaciones del Automóvil Club Argentino y sus radios móviles montadas en los vehículos de auxilio mecánico coordinados por el general Miguel Ángel Iñíguez. El propósito del despliegue era evitar que las agrupaciones de izquierda cumplieran su propósito de ubicarse en posiciones cercanas al palco desde el que hablaría Perón. La primera investigación en libro, publicada en 1985, fue la de Horacio Verbitsky, fuente de los que revisitaron el hecho, como el historiador y periodista Marcelo Larraquy. Así se sabe que en la mañana del 20 de junio varias ambulancias salieron del Ministerio de Bienestar Social, cargadas con armas. El Centro de Operaciones tomó el control de las rutas de acceso, la Juventud Sindical de la UOM y la UOCRA ocupó instalaciones vecinas al aeropuerto, los francotiradores prepararon su sitio entre las ramas de los árboles y los hombres de Osinde y la CNU ocuparon el palco y escondieron sus fusiles en los estuches de los instrumentos de los músicos de la banda sinfónica.[164]

En la biografía de Perón escrita por el historiador americano Joseph Page recogió dos versiones de los hechos: "Los peronistas ortodoxos cuentan la siguiente historia -escribió-: el ERP, las FAR y los Montoneros planeaban el asesinato de Perón y habían ubicado francotiradores con armas de alto poder en los árboles ubicados a la derecha del escenario. (...) "Asimismo, como parte de una acción coordinada, una enorme columna de militantes provenientes de La Plata se había aproximado al puente por un camino lateral. Su intención, aparentemente, era rodear la plataforma y ocupar el área frente al escenario. "Llevaron consigo todo un cargamento de armas en un ómnibus que había sido preparado pintándosele los vidrios de las ventanillas y perforando agujeros a los lados del chasis. Los defensores de la plataforma abrieron fuego sobre la columna y sobre los francotiradores, preventivamente, antes de que tuvieran la oportunidad de actuar. Los portavoces de la izquierda, por el contrario, niegan que hubiera existido una conspiración para asesinar a Perón y aseguran que la derecha lanzó un ataque deliberado".[165]

Lo cierto es que cuando las columnas de la Juventud Peronista, FAR y Montoneros trataron de aproximarse, fueron atacadas con armas de fuego desde el palco por los sectores a cargo de la organización que contaba con un arsenal de ametralladoras y fusiles.[166][164]​ La Columna Sur de la Juventud Peronista quedó encerrada entre los tiros que partían del palco y los que provenían del Hogar Escuela "Santa Teresa", donde también se habían ubicado sectores de la derecha peronista. Este fue el inicio de la masacre, que se extendió por varias horas, abarcando también las zonas arboladas vecinas, hacia las que habían ido a refugiarse los militantes atacados. Una estimación conservadora de algunos medios de prensa fija el saldo de la jornada en 13 muertos y 365 heridos. Sin embargo las cifras nunca pudieron cotejarse por la ausencia de una investigación oficial. El avión, finalmente, evitó la zona y descendió en la Base Aérea de Morón.

A partir de ese momento, Perón modificó sustancialmente su relación con las corrientes de izquierda de su propio partido, prefirió aliarse con el ala histórica más conservadora del amplio espectro de sus colaboradores, y poco a poco fue restando espacio político al fuerte sector juvenil de su movimiento, que respondía a Montoneros, quitándole gradualmente protagonismo dentro del movimiento que indiscutiblemente él lideraba. Los sucesos de Ezeiza podrían resumirse en una frase de su discurso en la noche del 21: "Somos lo que dicen las Veinte Verdades Justicialistas y nada más (...) "Nada de socialismo. Nosotros somos lo mismo que éramos hace veinticinco años. Hay que dejarse de agitar consignas, acatar la autoridad y que el gobierno gobierne.".

Pocos días después, el 26 de junio, Perón sufrió un preinfarto. El presidente, junto a su gabinete completo, se hicieron presentes en su casa en Gaspar Campos. Según relató el ministro de Defensa Ángel Robledo, en esa reunión Isabel interrogó a Cámpora si el rol de Perón iba a ser "meramente protocolar" advirtiéndole que,de ser así "me lo llevo de regreso a Puerta de Hierro". En ese momento, Cámpora puso a disposición su renuncia.[47]​ El 13 de julio, esta decisión se hizo pública, explicándose que era para permitir nuevas elecciones sin la proscripción de ningún candidato. En el ínterin, se forzó la línea de sucesión presidencial para que la Presidencia recayera en Raúl Lastiri, yerno del ministro José López Rega y como él miembro de la logia anticomunista de extrema derecha Propaganda Due, vinculada a la Santa Sede y la CIA. Lastiri ratificó a todo el gabinete con excepción de Righi en Interior y Puig en la Cancillería, quienes se suponían cercanos a la Tendencia Revolucionaria. La logia Propaganda Due apoyó y financió la creación de un grupo armado para acabar con la infiltración izquierdista en el peronismo, dando origen a la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A).[167][168][169]​ Ésta operó durante las presidencias de Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón, entre 1973 y 1976.[170][171][172][173]​ Fue responsable de la desaparición y muerte de entre 700 y 1.100 personas, así como del exilio forzado de gran cantidad de artistas e intelectuales.[174][175][176]​ Aunque en ese momento su liderazgo fue negado, se sabe que José López Rega (secretario personal y ministro de los presidentes Héctor J. Cámpora, Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón) creó y coordinó las AAA (bajo orden de los tres presidentes mencionados) para combatir a los sectores de izquierda del movimiento peronista.[177]

López Rega y el comisario general jefe de la Policía Federal Argentina, Alberto Villar, organizaron la Triple A durante el gobierno interino de Raúl Lastiri, en 1973. El 1 de octubre, en una reunión convocada por el presidente provisional del Consejo Superior Peronista, Raúl Lastiri, y el ministro del Interior, Benito Llambí, y en presencia de Juan Domingo Perón, que asistió en calidad de presidente electo, el consejo se declaró en «estado de guerra» contra los «infiltrados marxistas del Movimiento». El Consejo redactó un «documento reservado»[178]​ que fue leído por el senador José Humberto Martiarena y distribuido entre los gobernadores presentes. A través del documento, el Movimiento Nacional Justicialista llamó a «asumir la propia defensa y atacar al enemigo en todos los frentes y con la mayor decisión», adujo que en ello iba la vida del Movimiento y de sus dirigentes. A efectos de esa defensa, impartió una serie de directivas, declarando el estado de movilización de los elementos materiales y humanos para afrontar esa guerra, llamando a una campaña de reafirmación de los principios doctrinarios justicialistas que debía esclarecer las diferencias con el marxismo. El ítem 6, «Inteligencia», advertía que «en todos los distritos se organizará un sistema de inteligencia al servicio de esta lucha, el que estará vinculado con el organismo central que se creará». El ítem 9, «Medios de lucha», se precisó: «Se utilizarán todos los que se consideren eficientes, en cada lugar y oportunidad. La necesidad de los medios que se propongan será apreciada por los dirigentes de cada distrito».[177]​ Luego de este documento se iniciaron la «caza de brujas» y la represión ilegal contra la izquierda por parte de agentes del Estado.[179]​ A partir de ese momento, López Rega desvió fondos del Ministerio de Bienestar Social para financiar la organización y el armamento parapolicial. A fines de 1973, la Triple A difundió una «lista negra» de personalidades que «serán inmediatamente ejecutadas donde se las encuentre»: militantes de izquierda; Homero Cristali, alias J. Posadas; Hugo Bressano, alias Nahuel Moreno, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores; los abogados Silvio Frondizi (hermano del expresidente Arturo), Mario Hernández y Gustavo Roca. También incluía a los dirigentes Mario Roberto Santucho, dirigente del Partido Revolucionario de los Trabajadores; los sindicalistas Armando Jaime, Raimundo Ongaro, René Salamanca y Agustín Tosco; el profesor Rodolfo Puiggrós (exrector interventor de la Universidad de Buenos Aires), el abogado Manuel Gaggero (director interino del diario El Mundo); Ernesto Giudice, miembro renunciante del Partido Comunista; el abogado Roberto Quieto, dirigente de Montoneros y Julio Troxler, ex-subjefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires, cercano al Peronismo de Base. La nómina se completó con los coroneles Luis César Perlinger y Juan Jaime Cesio, el obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli y el senador nacional Luis Carnevale.[179]​ López Rega mantuvo su cargo durante todo el gobierno de Perón y, a su muerte (1 de julio de 1974), en el de su mujer, Isabel Martínez, sobre la cual ejercía una extraordinaria influencia basada en una compartida devoción espiritista.[177]

Las oficinas de la revista peronista El Caudillo, dirigida por Felipe Romeo y financiada por López Rega, fueron utilizadas como cuartel general por Almirón y Morales hasta que fueron descubiertas accidentalmente por un teniente del ejército y debieron se evacuadas ante el comienzo de una investigación judicial. Se mudaron a la calle Lavalle, muy cerca de Callao y a metros de una comisaria, ubicada entre las calles Ayacucho y Riobamba.

En los últimos años se ha iniciado un debate acerca de la responsabilidad del entonces presidente Juan Perón por la constitución de la Triple A. A la teoría que Perón estuvo involucrado en la creación de la Triple A suscriben los periodistas Juan Bautista Yofre,[180]Hugo Gambini,[181]Pacho O'Donnell,[182]Joaquín Morales Solá,[183]Sergio Bufano,[184]Marina Franco[185]​ y Marcelo Larraquy,[177]​ entre otros.

Algunos autores no involucran a Perón en la actuación de la Triple A, otros sostienen que él conocía su existencia, en tanto que otros opinan que el asesinato de José Ignacio Rucci en 1973, a quien Perón consideraba como un hijo, habría motivado al presidente a crear una organización parapolicial para combatir a la izquierda de su movimiento. Algunos autores e historiadores sostienen que, poco después del asesinato de Rucci, Perón mencionó al gobernador Oscar Bidegain la necesidad de crear una organización parapolicial al estilo del somatén catalán del primer tercio del siglo XX: «Lo que hace falta en la Argentina es un somatén».[186][187]​ Por otro lado, el exministro Antonio Cafiero dice que Perón sabía que una organización estaba matando guerrilleros pero que él no la ordenaba, ni controlaba ni conducía.[188][189]

Según Eduardo Gurucharri (biógrafo del mayor Bernardo Alberte), el exministro -de Cámpora, Perón e Isabel- Antonio J. Benítez habría presenciado una reunión presidida por Perón antes de asumir la presidencia que la describe de la siguiente manera:[190]

Benítez refiere que López Rega y el comisario Villar exhibieron fotografías y nombraron personalidades políticas que deben ser depuradas de la infiltración marxista. Entre los nombrados están el propio Eduardo Luis Duhalde, el abogado Mario Hernández y Alberte. Benítez dijo que Perón se limitó a escuchar, sin aprobar ni desaprobar a quienes aludieron a la necesidad de operar por izquierda.

El periodista Ignacio González Janzen afirma que las órdenes de las Fuerzas Armadas a finales de 1973, eran «no tomar prisioneros».[191]

Según una versión, el diputado Carlos Kunkel renunció a su banca después de que Perón lo amenazara a él y al grupo de la Juventud Peronista con la siguiente expresión: «En una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato».[192]​ Kunkel, que en 1973 militaba en Montoneros declaró en 2007 –cuando era diputado por el Frente para la Victoria- que en el período 1973-1976 hubo actos de terrorismo en los cuales «se usaron elementos parapoliciales, paramilitares, con recursos del Estado, para acciones violentas» y opinó que «Perón ni remotamente tuvo que ver con la Triple A; Isabel, no creo«».[193]

La renuncia de los diputados de la JP fue en desacuerdo con la ley para endurecer el código penal y seguir la estrategia de Perón de aislar al ERP.[194]

Guido Lissandrello[195]​ aportó como elemento de prueba los ascensos de Perón y de Lastiri a los miembros de la Triple A. En 1974 hizo ascender al ministro López Rega, que había sido cabo de la Policía Federal a comisario general por el decreto número 1350/74. A Villar lo ascendió a subjefe. Margaride fue designado superintendente. Rodolfo Almirón fue incorporado a la Policía Federal por decreto de Lastiri ( Decreto 1858) y nombrado inspector ( decreto 562) . Morales fue designado comisario inspector. Todos ellos eran jefes operativos de la Triple A.

Según el filósofo peronista José Pablo Feinmann en diciembre de 1973 Perón había dicho:

Muchas veces me han dicho que creemos un batallón de la muerte como el que tienen los brasileños, o que formemos una organización parapolicial para hacerle la guerrilla a la guerrilla. Pienso que eso no es posible ni conveniente. Hay una ley y una justicia y quien delinca se enfrentará a esa ley y a esa justicia por la vía natural que toda democracia asegura a la ciudadanía. Creer lo contrario sería asegurar la injusticia, y andaríamos matando gente en la calle que ni merece ni tiene porqué morir (...) Yo no he de entrar por el camino de la violencia, porque si a la violencia de esos elementos le agrego la violencia del Estado, no llegamos a ninguna solución.[196]

El historiador peronista Felipe Pigna sostiene que la Triple A actuaba con el conocimiento y la anuencia de Perón:

… un todo poderoso José López Rega que también se frota las manos frente al accionar guerrillero y lanza la Triple A, esta organización paramilitar, paraestatal, financiada por el Estado sin ninguna duda, muy probablemente con el conocimiento de Perón, es muy difícil que Perón no conociera la existencia de semejante organización, me parece un poco infantil a esta altura del partido, creo que le hace un flaco favor a Perón incluso negar que semejante estadista y semejante político ignorara que a cincuenta metros de su despacho se está formando un grupo paramilitar de las características de la Triple A, me parece que ver esto como algo de lo que no hay que hablar es uno de los problemas que tenemos a la hora de leer la historia, creo que hay que decir todo lo que a uno le caiga simpático o lo que no le caiga simpático en torno a hablar de lo que tenemos que hablar que es el horror que comienza antes de la dictadura con esta práctica de la Triple A…[197]

Tercera presidencia de Perón

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Perón era consciente, como todos los protagonistas de la época, de que su expectativa de vida no superaba el año. Por eso volvió a insistir en una fórmula conjunta con Balbín, que diera estabilidad política al gobierno, cuando muriera. Pero la oposición interna en ambos partidos, volvió a bloquear esa opción y la fórmula final del Frejuli fue completamente peronista, recayendo —aún contra su voluntad— la candidatura vicepresidencial en su esposa, María Estela Martínez de Perón.

El 23 de septiembre de 1973 se realizaron las elecciones y la fórmula Perón-Perón logró el apoyo popular más alto de la historia electoral argentina con un 61,85% de los votos y casi cuarenta puntos de ventaja sobre el radicalismo. Las condiciones políticas habían cambiado completamente desde la asunción de Cámpora. El 27 de junio se había producido un golpe de Estado en Uruguay, en agosto se inició la Crisis del petróleo que puso fin a la llamada Era de Oro del capitalismo y el 11 de septiembre se había producido otro en Chile, instalando en el poder a Pinochet. Argentina había quedado rodeada de dictaduras, apoyadas por Estados Unidos y alienadas en la Guerra Fría tras la Doctrina de la Seguridad Nacional. Por la misma época la embajada estadounidense en Argentina, incrementó los contactos con los grupos militares golpistas, ante la cierta eventualidad de la muerte de Perón, en cuyo caso recomendaba apoyar el golpe de Estado.[198]

Finalmente, antes de iniciar su mandato se produjo otro hecho de violencia, que influyó también decisivamente en el rumbo político: el asesinato de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT. Escribió Oscar Anzorena:

“Este hecho establece un lugar de no retorno en las relaciones de Perón con los Montoneros. Esta metodología de apretar a Perón no sólo genera el efecto político contrario al esperado sino que franquea una frontera ética sustentada hasta ese momento por las organizaciones revolucionarias, ya que esta muerte al no ser asumida políticamente adquiere más características de asesinato mafioso que de ajusticiamiento revolucionario”.[199]

Según el escritor Juan Gelman, que pertenecía a la organización Montoneros, no se pensó en la clase obrera sino en presionar a Perón:

“Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia obrera: se hizo en la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa, para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Atención a esto. Lo que quiero decir es que eso no formó parte de una concepción política con relación a las masas, sino de una estrategia cupular: hay concepciones políticas con relación a la masa que, por cierto, conducen al acto equivocado. Pero no es el caso de la muerte de Rucci, que no partió de ninguna concepción política de trabajo con la masa y, en verdad, sólo fue una jugada que nada tuvo que ver con la forma acertada de plantear la lucha. (...) El asunto era trabajar estrechamente con las masas ya que de ellas dependía el cambio de política y de programas”.

En testimonio de Miguel Bonasso, en su libro "El presidente que no fue" (Ed. Planeta, Buenos Aires, 1997, pág. 594): "Aunque la operación no fue firmada, la autoría montonera del atentado (...) nos fue confirmada, en una reunión del equipo que preparaba el matutino Noticias, por el propio Firmenich.".

El ex montonero Héctor Ricardo Leis afirma: "Cuando vino la conducción regional a la conducción de columna nos dijo: “Fuimos nosotros” (...) Dejá que te cuento la operación... o sea los fierros siempre vinieron primero". Después del relato de la acción, agrega que hubo una aceptación tácita de todos los presentes ("Menos uno").[200]

Según Pablo Giussani el asesinato de Rucci fue utilizado por los Montoneros para resolver problemas internos: ""Era algo que necesitábamos", me dijo algún tiempo después un montonero. "Nuestra gente se estaba aburguesando en las oficinas. De tanto en tanto había que salvarla de ese peligro con un retorno a la acción militar."".[201]

Claudia Rucci, hija del dirigente asesinado, afirma que los Montoneros no aceptaban que Perón tuviera un proyecto propio, distinto al de ellos, y que el móvil del asesinato fue —según cita de un exguerrillero— forzar ante el pueblo nuestras diferencias con Perón.[202]

Su hermano Aníbal Rucci, dirigente político, refiere que su padre tenía una amistad personal con Perón, además de un rol importante en sus proyectos políticos. Afirma que la convivencia de Rucci con el ala izquierda del peronismo "no era mala", por lo que acusa del crimen a grupos sumamente radicalizados que "no estaban en el proyecto de Perón", e hicieron el trabajo sucio para el golpe de Estado.[203]

El asesinato se produce en momentos en que "Firmenich aducía que Perón los ofrecía como “prenda de negociación” en su afán de lograr la unidad nacional y de acordar con el imperialismo para permanecer en el gobierno", según el análisis de Javier Salcedo[204]

El Padre Carlos Mugica consideró que "la ejecución de Rucci fue un gravísimo error de la nueva burocracia montonera".[205]

Graciela Fernández Meijide, quien fuera integrante de la Conadep, sostuvo:

"Desgraciadamente, terminamos (en 1973) con un Gobierno que fue elegido por un porcentaje de votos enorme, que buscaba parar el caos y la violencia, y a los dos o tres días de ser elegido Perón, lo matan a (José Ignacio) Rucci. Después Montoneros podrá discutir si la conducción había dado esa orden (de matar a Rucci), o si fue el 'grupo Sabino', pero eso ocurrió. Se buscó el voto de la gente y cuando la gente votó, no se respetó su voto. Se lo desconsideraba".[206]

En su libro: "Militancia sin tiempo. Mi vida en el peronismo" (Buenos Aires, Planeta, 2011, pág. 289), Antonio Cafiero escribe: "Perón sufrió un fuerte impacto por la muerte de Rucci. Algunos afirmamos que aquel hecho sangriento aceleró el proceso de su enfermedad y muerte".

El asesinato de Rucci fue visto como un hecho positivo por parte de muchos sectores de la izquierda, y parecía abrirse para los Montoneros la posibilidad de acrecentar su poder, nucleando a los sectores sindicales más clasistas. Esto marcaba una fuerte orientación de la organización hacia posturas marxistas, en consonancia con su fusión con las FAR.

Dentro del peronismo se produjo un fuerte rechazo, y Montoneros comenzó a perder apoyos y fomentar enemistades. Antiguos miembros del peronismo revolucionario se distanciaron de la conducción montonera y surgió la JP Lealtad, también impulsada por el Padre Mugica.[207]

En perspectiva histórica, el asesinato de Rucci parece marcar un cierre de la etapa de mayor crecimiento de Montoneros. Según el exdiputado nacional Julio Bárbaro: "Los Montoneros eligieron un símbolo de la lealtad a Perón y lo mataron para demostrar poder."[208]​ Y concluye: "Los «montos» entran al peronismo matando a Aramburu y se van del peronismo asesinando a Rucci." Bárbaro afirma haber conocido personalmente a tres de los autores del asesinato.[209]

En 2013, en su libro "Montoneros. El peronismo combatiente en primera persona" (Editorial Planeta, Buenos Aires), Roberto Perdía afirma: "Desde todos los puntos de vista la muerte de Rucci favoreció el avance de las políticas opuestas a nosotros" (pág. 318). El asesinato de Rucci desencadenó a su vez la aprobación por el Consejo Superior Peronista, presidido por Perón mismo, de la Orden Reservada del 1 de octubre de 1973, declarando la "guerra" contra el "marxismo", tanto dentro como fuera del peronismo, por "todos los medios que se consideren necesarios", a criterio de los dirigentes de cada distrito.[210]

Perón mantuvo en líneas generales las tres políticas principales establecidas por Cámpora: la política económica industrialista de Gelbard apoyada en el Pacto Social, la política educativa del ministro Taiana (que también era su médico personal) y la política internacional tercermundista y de integración latinoamericana autónoma, a pesar de la oposición del nuevo ministro Vignes, del grupo lopezregista y miembro de Propaganda Due. Entre las principales acciones se destacan el aumento del 500 % de las exportaciones a los países socialistas, la sanción de la ley universitaria conocida como Ley Taiana, la campaña de alfabetización Crear, el inicio de las gestiones para integrar el Pacto Andino y el tratado definitivo de límites con Uruguay. Durante su gobierno el desempleo bajó a su piso histórico del 2,5 %, la inflación se redujo notablemente, la balanza comercial alcanzó un superávit histórico que duplicó el récord anterior y el peso argentino se revalorizó un 25 %.

El aumento de la violencia política, desató un conflicto entre Perón y la Tendencia Revolucionaria, con motivo de la reforma del Código Penal que agravaba las penas contra actos terroristas y ampliaba la figura penal de la asociación ilícita. El conflicto causó la renuncia y posterior expulsión del Movimiento Peronista de ocho diputados nacionales de la Tendencia. En enero de 1974, a raíz del ataque del ERP al regimiento de tanques de Azul, Perón radicalizó su discurso. Dio un mensaje televisado en el que, por primera vez en décadas, volvía a vestir su uniforme de general, y directamente acusó al gobierno peronista de la Provincia de Buenos Aires de "tolerar la subversión". Esto ocasionó la renuncia del gobernador Oscar Bidegain, cercano a la Tendencia, quien fue reemplazado por el sindicalista metalúrgico Victorio Calabró, del sector de ultraderecha, quien se manifestó dispuesto a "limpiar" a la JP de la administración bonaerense.[47]​ Un mes más tarde Perón convalidó un golpe de Estado policial que depuso al gobernador Ricardo Obregón Cano, también cercano al peronismo revolucionario, y terminó interviniendo la provincia el 2 de marzo. El vicegobernador Atilio López estaba considerado uno de los artífices del Cordobazo y, pocos meses después de su deposición, fue secuestrado y asesinado por la Triple A. Otras dos provincias gobernadas por gobernadores cercanos a la Tendencia, Formosa y Mendoza, también fueron intervenidas. En esa etapa, en el mes de febrero, Perón dirigió un discurso a los líderes de las agrupaciones juveniles en el que fustigó sin medias tintas a los "infiltrados marxistas" . Los llamó "idiotas útiles" y "estafadores". "¿Qué hacen en el justicialismo?", les preguntó. "Si yo fuera comunista, me voy al Partido Comunista."[47]

El 1 de mayo de 1974 la confrontación entre Perón y la Juventud Peronista alcanzará un punto de alta intensidad durante el acto convocado en la Plaza de Mayo, cuando los partidarios de la Tendencia comenzaron a cuestionar la presencia de "gorilas" (antiperonistas) en el gobierno y el líder del peronismo les respondió tratándolos de "imberbes" y "estúpidos", causando el retiro masivo de las columnas juveniles.

Dos meses después, el 1 de julio, Perón moría debido al agravamiento de su enfermedad cardíaca. En su funeral, el líder opositor Ricardo Balbín, realizó otro extraordinario gesto histórico tendiente a estabilizar las instituciones, comparando a Perón con Yrigoyen, definiendo a ambos como "grandes presidentes" y finalizando su discurso de "reconciliación nacional" con la siguiente frase:

Este viejo adversario despide a un amigo.

Presidencia de Isabel Perón

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María Estela Martínez de Perón, tercera esposa de Perón y Presidenta de la Nación tras la muerte del mismo (1974-1976).

Al asumir la Presidencia en su condición de vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón se convirtió en la primera mujer americana en ser Jefa de Estado. El gobierno de Isabel Perón, como era cariñosamente conocida, cambió 180 grados el rumbo hacia el que habían dirigido el país, los expresidentes Cámpora y Perón. El ministro Gelbard fue despedido, dando por finalizado el Pacto Social y la política industrialista, para establecer una política económica ortodoxa, que redujo los salarios reales. El ministro Taiana también fue despedido y reemplazado por Oscar Ivanissevich, con la misión de "limpiar la universidad" de izquierdistas. Esta "depuración ideológica" de las universidades incluyó la cesantía de cerca de la mitad de los profesores universitarios, gran cantidad de no docentes, cierre de universidades, represión y prohibición de los centros de estudiantes y sindicatos docentes y no docentes, bibliografías expurgadas, listas negras de estudiosos no citables, cancelación de cátedras libres, censura de los contenidos de las materias, separación de las carreras de Psicología (cerrada durante un año), Sociología y Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras (con el fin de aislar a los estudiantes de las mismas), exigencia a los estudiantes de certificados policiales de buena conducta, etc.[212][213]

Los nuevos rectores interventores expresaron por sí mismos el cambio completo de orientación en la política educativa y universitaria en particular. En la Universidad de Buenos Aires fue nombrado Alberto Ottalagano, quien se jactaba de ser "fascista".[214]​ Durante su gestión en la UBA, bajo el amparo de la flamante Ley Universitaria, se restablecieron el ingreso restrictivo y los cupos, para regular el número de estudiantes y que sólo pudieran acceder los más capacitados para cursar una carrera universitaria. Designó como asesor al antropólogo argentino-francés de ideología nacionalsocialista Jacques de Mahieu,[215]​ quien había sido colaborador del régimen de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial y, ya refugiado en Argentina, se había convertido en mentor del Movimiento Nacionalista Tacuara, un grupo juvenil nacionalista católico en la década de 1960, y más tarde en la vida, jefe del capítulo argentino del grupo neonazi español CEDADE. Se expulsó de los cargos jerárquicos a todos los que provenían de la gestión anterior, y nombró a nuevas figuras, procedentes del nacionalismo católico, para que administraran a las diversas facultades. Así, entre otros cambios, Raúl Sánchez Abelenda quedó al frente de Filosofía y Letras, Francisco Miguel Bosch fue puesto a cargo de Derecho y Ciencias Sociales, y Raúl Zardini asumió como máxima autoridad de Ciencias Exactas y Naturales. El historiador Vicente D. Sierra fue nombrado director de la prestigiosa Editorial de la Universidad de Buenos Aires. A Zardini y a Sánchez Abelenda le asignó la tarea de elaborar el programa para las materias Idioma Nacional, Geografía Argentina e Historia Argentina, las cuales se dispuso que fuesen obligatorias para todo alumno ingresante del año 1975. Se intervino en las carreras de Pedagogía, Sociología y Psicología, y creó el Centro de Estudios Filosóficos Santo Tomás de Aquino, el Centro de Estudios Ético-Sociales y Políticos Francisco de Vitoria y el Instituto de la Patria Grande y la Tercera Posición, organismos destinados a promover una matriz intelectual católica, hispanista y nacionalista. También se agudizó la vigilancia y la persecución con gendarmes, policías y celadores en los claustros. Al final de sus cien días de gestión, once estudiantes resultaron muertos durante sus medidas de represión y cuatro fueron desaparecidos.[216][217]​El mismo Ottalagano fue víctima de un intento de homicidio, a sólo una semana de asumir como rector, mientras se hospedaba en el Hotel Lasort de la localidad de Villaguay. Ottalagano salió ileso pero, en la balacera generada, murió el dueño del hotel, Ramón Carulla y resultaron heridos tres de los policías asignados a la custodia del entonces rector. El autor del atentado, un oficial retirado de la Policía Federal llamado Héctor Adolfo Echeverría, también fue abatido.[218][219]​ Ottalagano afirmó que la UBA, antes de su gestión, era una suerte de campamento guerrillero, un campo de entrenamiento de subversivos y se ufanó de haber perseguido y expulsado a quienes sustentaran una ideología antinacional.[220]

En las universidad del Comahue y del Sur fue nombrado interventor a propuesta de la Marina, Remus Dionisio Tetu, un fascista rumano que había integrado grupos de extrema derecha de su país durante la Segunda Guerra Mundial y que como rector nombró a miembros de la Triple A, como José Oscar Argibay y el agente de inteligencia nazi Raúl Guglielminetti (mayor Guastavino),[221][222]​ para hacerse cargo de la seguridad universitaria.[223]​ En la Universidad Nacional de La Plata fue nombrado Pedro Arrighi —luego ministro de Educación—, que mantenía estrechas relaciones con la CNU, organización parapolicial ligada a la Triple A que cometió decenas de asesinatos en las universidades de Mar del Plata y La Plata.[224][225]

La política internacional tercermundista fue abandonada y los trámites para ingresar al Pacto Andino fueron interrumpidos. Durante su gobierno, fue sancionada también la Ley N.º 20.744 de Contrato de Trabajo, una de las leyes laborales más progresistas de la historia argentina, obra del abogado laboralista peronista Norberto Centeno; Centeno sería torturado y asesinado por la dictadura cívico-militar que derrocó Isabel Perón y la Ley de Contrato de Trabajo sería derogada en casi un tercio de sus artículos.

La presidenta Martínez de Perón se apoyó principalmente en López Rega, la Santa Sede a través del nuncio Pío Laghi y el jefe de la Armada almirante Emilio Massera, los tres de la logia anticomunista Propaganda Due. Secundariamente tenía una cuota considerable de poder la rama sindical liderada por Lorenzo Miguel, que asumiría un papel más protagónico luego de la caída de López Rega (julio de 1975), aunque ya para entonces el grupo militar liderado por el dúo Videla-Viola, había tomado una cuota considerable de importancia política que no dejaría de crecer hasta el golpe, principalmente por la mala estabilidad del gobierno de Isabelita y los asesinatos que ocurrían.

A partir de la presidencia de Isabel Perón, la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) se lanzó a una matanza generalizada, con participación militar y la tolerancia del grupo golpista. Antes de la muerte de Perón la Triple A había asesinado a 30 personas, desde la asunción de Isabel asesinó a un número que se estima entre una cantidad de 650 y 1500 personas, consideradas "zurdas". A ellas se sumaron cientos de personas que se exiliaron, muchas de ellas investigadoras universitarias que fueron recibidas por las universidades europeas, brasileñas, mexicanas y estadounidenses. Entre las masacres cometidas por la Triple A y los grupos vinculados, se encuentran la Operación Serpiente Roja del Paraná contra el sindicalismo metalúrgico de Villa Constitución, realizada a partir del 20 de marzo de 1975, la Masacre de Pasco, la Masacre de La Plata,[226]​ y la Masacre de "Cinco por uno" en Mar del Plata.[227]

Simultáneamente creció la actividad guerrillera. Montoneros (ya fusionados con las FAR) reinició la acción guerrillera y anunció su paso a la clandestinidad el 6 de septiembre de 1974, orientando sus ataques contra la policía (en el período murieron 75 policías) y la Marina. El ERP-PRT había aumentado el número de adherentes con la vigencia de la democracia y había instalado una base de guerrilla rural de unos 300 combatientes, en la provincia de Tucumán.

El 5 de febrero de 1975 la presidenta firmó el Decreto 261/75 ordenando "neutralizar y/o aniquilar el accionar de elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán". Se inició así el Operativo Independencia, que de hecho instaló un régimen de terrorismo de Estado bajo mando militar en esa provincia. Con apenas el 4 % de la población del país, Tucumán sufriría el 13 % de las víctimas mortales durante el gobierno de Isabel. En mayo, mientras el Ejército lograba capturar a miembros del ERP en la zona de operaciones, María Estela Martínez de Perón visitó Tucumán acompañada por el ministro José López Rega. La presidenta reemplazó como comandante general del Ejército al teniente general Leandro Enrique Anaya con el general de división Alberto Numa Laplane, ascendido a teniente general. En esa ocasión, la custodia de la Policía Federal fue reemplazada por la Gendarmería. Isabel Martínez de Perón visitó el puesto de comando y, delante del general Vilas y de sus oficiales, reiteró que el objetivo era aniquilar a la tropa guerrillera y que "todo el poder político estaba detrás de él para apoyarlo". "Matarlos y aniquilarlos a todos", afirmaron ella y López Rega.[228]​ El 11 de ese mes, un subteniente murió durante una emboscada en un control en la Ruta 301.[229]

Los cuerpos de las víctimas de la Masacre de Pasco el 21 de marzo de 1975. La Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), con apoyo y organización del Estado, asesinó a entre 900 y 1500 personas, y causó el exilio y la tortura de miles.

En ese momento, la economía argentina también sufrió daños severos, con una inflación galopante, una paralización de las inversiones de capital, la suspensión de las exportaciones de carne a Europa y el inicio del crecimiento incontrolable de la deuda externa. La solución de corte monetarista intentada por el ministro Alfredo Gómez Morales, un histórico del peronismo, no tuvo éxito, y provocó una fuerte retracción de la liquidez, iniciando un complicado proceso de estanflación. La suspensión de las compras de carne argentina por el Mercado Común Europeo empeoró la situación.El 2 de junio de 1975 la presidenta nombró como ministro de Economía, por recomendación de López Rega, a Celestino Rodrigo quien lanzó un programa de shock elaborado por Ricardo Zinn, quien luego sería una de las figuras económicas principales del Proceso de Reorganización Nacional. El plan, que fue denominado Rodrigazo, consistió principalmente en una reacomodación de los precios principales de la economía, mediante una gran devaluación del peso y un aumento de las tarifas y el combustible de hasta un 180 %, mientras se estableció un tope para el aumento de salarios del 40 %. El Rodrigazo produjo una inmediata reacción del movimiento obrero. El 7 y 8 de julio de 1975, la CGT declaró la primera huelga general contra un gobierno peronista, con una adhesión masiva. El resultado fue la renuncia de López Rega y el acceso a los máximos círculos de poder del sindicalismo ortodoxo.[230]​. El 11 de julio fue elegido Presidente del Senado a Ítalo Luder, que de ese modo en primer lugar en la línea sucesoria presidencial, para el caso de renuncia o remoción de la Presidente. Ese mismo día se aprobó la Ley 20 972 de Acefalía, que constituyó una clara indicación de los planes que existían en el mundo político, orientados a promover el reemplazo de la presidenta Martínez de Perón por Luder. El 19 de julio de 1975, los granaderos descubrieron, al desmontar la sede del renunciante López Rega en el Ministerio, un arsenal de armas de guerra, incluyendo subfusiles, granadas y fusiles de francotirador. El escándalo consecuente lo implicó, así como a Isabel, en acusaciones de corrupción por malversar fondos del gobierno.[231]

Según el periodista Hernán López Echagüe, a partir de ese momento, la actividad de la extrema derecha pasó a ser regenteada por el sindicalista Lorenzo Miguel.[232]​ Ante la carencia del PJ de una estructura territorial estable o de una cantidad importante de dirigentes con bases de apoyo independientes, y liberados ya del peso de la autoridad de López Rega, los sindicatos estuvieron en una posición privilegiada para hacerse cargo de la conducción, lo que se evidenció con la virtual imposición de las 62 Organizaciones en las designaciones de Antonio Cafiero como ministro de Economía y de Carlos Ruckauf como ministro de Trabajo.[233]​ Sobre fines de 1975, Miguel se enfrentó a su segundo en la UOM, Victorio Calabró, esta vez en el terreno de la política nacional, cuando este último, como gobernador de Buenos Aires, en complicidad con los militares, exigió la renuncia de la presidenta Martínez de Perón. Miguel expulsó por golpista a Calabró de la UOM e intervino las seccionales alineadas con él.[230]​. El putsch liderado por el entonces general Jorge Rafael Videla, desplazó al general Numa Laplane de la conducción de Ejército y puso fin al liderazgo en el arma de la corriente "profesionalista integrada", que sostenía que las Fuerzas Armadas debían subordinarse a las autoridades civiles constitucionales. A partir de ese momento, el grupo golpista no dejaría de avanzar y desgastar al gobierno.

Agotada mentalmente, Isabel pidió licencia en septiembre, siendo reemplazada en el ejercicio de la Presidencia por Ítalo Argentino Lúder. Luder amplió el poder militar, generalizando la orden de "aniquilamiento" a todo el país, dictando los decretos 2770/75, el 2771/75 y 2772/75 del 6 de octubre de 1975. Los decretos fueron la respuesta al ataque de Montoneros contra el Regimiento de Infantería de Monte 29, en la ciudad de Formosa, hecho que estableció un punto de no retorno con el Ejército y aisló definitivamente a Montoneros, del resto de la vida política y social argentina.[234][235]

En octubre Isabel Perón volvió a hacerse cargo de la presidencia, entorpeciendo la bordaberrización (dictadura con presidente civil) a que estaba llevando la gestión de Luder. Isabel estaba decidida a no renunciar, ni permitir que la desalojaran mediante un juicio político, aferrándose estrictamente a la legalidad constitucional. A fines de 1975, el gobierno anunció el adelanto de las elecciones presidenciales para octubre de 1976.[236][237]​ Conscientes de que el golpe de Estado estaba en plena preparación, los legisladores peronistas se dividieron en dos sectores: los verticalistas sostenían que la única posibilidad de llegar a las elecciones de octubre, era respetar la institucionalidad que representaba Isabel Perón, mientras que otro sector era partidario de la renuncia de la presidenta y su reemplazo por un civil. El 18 de diciembre, el brigadier Jesús Cappellini, hombre leal a Videla, lideró un ensayo de golpe de Estado, con el fin de hacer caer al comandante en jefe de la Aeronáutica, brigadier Héctor Fautario, último de los mandos militares que no aceptaba formar parte del grupo golpista y "último sostén" militar del gobierno constitucional.[238]​ La caída de Fautario y su reemplazo por Agosti terminaron de conformar la cúpula golpista.[239]

En noviembre el Partido Justicialista expulsó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, el antiverticalista Victorio Calabró, cercano al grupo golpista, y en diciembre la presidenta elaboró un decreto para intervenir la provincia.[240][241]​ La intención de intervenir la provincia de Buenos Aires y la remoción de Calabró, fue tomada por los tres comandantes, como una declaración de guerra. El 29 de diciembre, el triunvirato golpista envió al vicario castrense monseñor Adolfo Tortolo, para comunicarle a la presidenta la intimación a renunciar, dejándole claro que se trataba de una exigencia innegociable.[241]​ Isabel se reunió entonces con los tres comandantes el 5 de enero de 1976, quienes en una reunión extremadamente violenta le exigieron la renuncia personalmente. Isabel se negó a renunciar, ratificó la necesidad de preservar la institucionalidad constitucional hasta las elecciones presidenciales que deberían realizarse en octubre y buscó la protección de la Santa Sede, recurriendo al nuncio Pío Laghi, miembro al igual que Massera de la logia Propaganda Due. Pero el nuncio se entrevistó a su vez con el embajador de Estados Unidos, Robert Hill, uno de los principales apoyos del dúo Videla-Viola, y la eventual mediación de la Santa Sede quedó en la nada. De este modo, en aquella reunión entre la presidenta y los tres comandantes, quedó definida la suerte del gobierno constitucional. A Isabel no le quedaba otro poder que el de no convalidar con sus actos personales, el golpe y la catástrofe humanitaria que causaría.

El 9 de febrero el periodista político más conocido del país Bernardo Neustadt cerró su programa Tiempo Nuevo mirando fijamente a la cámara y exigiéndole la renuncia a la presidenta:

Señora, ¿por qué no se hace un favor a usted misma y nos lo hace a todos? ¡Libérese! ¡Deje la presidencia para que asuma alguien más capacitado!
Bernardo Neustadt[242]

El 17 de febrero el jefe de los servicios de inteligencia, el general Otto Paladino, volvió a presionar a Isabel para que renunciara, con el argumento de que en caso contrario iba a "correr mucha sangre". Isabel le transmitió entonces a su ministro de Defensa, la razón de su postura:

Vea doctor, yo no renuncio ni aunque me fusilen. Porque renunciar acá sería convalidar lo que va a venir después.
María Estela Martínez de Perón[243]
Antonio Cafiero

Simultáneamente dos grupos de empresarios, el grupo Perriaux y el grupo de José Alfredo Martínez de Hoz, venían elaborando el plan económico para la futura dictadura y organizando a las principales organizaciones empresariales para descontrolar las variables económicas, e inducir el caos.[244]​ La inflación trepó en enero de 1976 a casi el 20 % mensual, causando la renuncia de Cafiero y en marzo alcanzaría el 54 %, lo que técnicamente constituía el inicio de la hiperinflación.[245]​ En agosto de 1975 Martínez de Hoz había colocado en "asamblea permanente" (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias), a las mayores cámaras empresariales. El 18 de febrero de 1975, la APEGE realizó un paro patronal paralizando completamente el país, que ha sido visto como el antecedente más inmediato del golpe.[246]​ Para entonces los tres comandantes funcionaban de hecho como un gobierno paralelo a las autoridades constitucionales.[247]

El 16 de marzo Ricardo Balbín habló por la cadena nacional de radio y televisión, diciendo que él no tenía soluciones, que la única solución era la unidad nacional y que "todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de la muerte". Ya en enero Balbín le había hecho saber a Videla que no aplaudía el golpe, pero que tampoco pondría piedras en el camino.[248]

Una semana después, el 24 de marzo de 1976, poco después de medianoche, la presidenta María Estela Martínez de Perón fue arrestada (permanecería cinco años presa), mientras una junta militar anunciaba que tomaba el poder, disolvía el Congreso, reemplazaba a todos los miembros de la Corte Suprema e intervenía todas las provincias.[249]​ Esa misma noche los grupos de tareas ocuparon las ciudades, deteniendo a funcionarios del gobierno y opositores e instalando un régimen de terrorismo de Estado.

El peronismo durante el Proceso de Reorganización Nacional

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Producido el golpe de Estado, la dictadura procedió a desatar una política sistemática de terrorismo de Estado contra los opositores, que causó decenas de miles de detenidos-desaparecidos, asesinatos, torturas y secuestros de niños.

Antes del inicio del Proceso de Reorganización Nacional, la Triple A ya había sido desmantelada, y las acciones represivas fueron llevadas a cabo en lo sucesivo por los militares. Algunos investigadores, como el periodista Juan José Salinas sostienen que varios de sus miembros, como el de caso Aníbal Gordon, continuaron trabajando para los militares porque ya venían haciéndolo en la SIDE y otros entrenaron escuadrones de la muerte y bandas paramilitares en Centroamérica y Colombia.[250]

Los militantes y simpatizantes de la izquierda peronista fueron uno de los principales blancos del terrorismo de Estado, en tanto que muchos de los dirigentes fueron encarcelados y los sindicatos —mayoritariamente peronistas— intervenidos. La ex presidente fue detenida al igual que gobernadores y otros dirigentes cercanos a ella, como Deolindo Bittel, Carlos Menem y el sindicalista -y vicepresidente del Partido Justicialista- Lorenzo Miguel. Por otro lado, lo que quedaba de la organización Guardia de Hierro, tras el golpe de Estado de 1976, fue puesto bajo la conducción del Capitán de Marina (RE) Carlos Bruzzone -padre de una de las militantes-,[251]​ como parte del proyecto político personal del Almirante Emilio Massera.[252]​ De acuerdo a un informe periodístico publicado en 1998 por el diario Página 12: "Las relaciones entre la Armada y Guardia de Hierro se habían iniciado muchos años antes, alrededor de 1974, después de la invitación que Massera cursara a Julio Bárbaro, Virginia Sanguinetti y Antonio Guerrero para visitar la base naval de Puerto Belgrano".[251]​ El 25 de noviembre de 1977, siendo rector de la Universidad del Salvador, el miembro de Guardia de Hierro Francisco José Piñón, le entregó el título de profesor honorario al almirante Emilio Eduardo Massera.[253]​ El rector Piñón en el discurso de entrega dijo: "La Universidad del Salvador, comunidad de la Iglesia enraizada en la Nación Argentina, abrevando en las fuentes de la historia, encuentra su misión particular en la formación de conciencias superiores".

Esta dualidad también se reflejó en la actuación de dirigentes políticos y sindicales del peronismo. Victorio Calabró, quien ya había respaldado el anterior intento de golpe de estado contra Isabel, aprovechó la prisión de su adversario interno Lorenzo Miguel y, reuniendo a 28 seccionales, reorganizó la Unión Obrera Metalúrgica, adhiriendo a la Comisión Nacional del Trabajo (CNT), partidarios de negociar con la dictadura. Al ser liberado en abril de 1980, Miguel logró agrupar a una mayoría de seccionales, (39 de 63) para adoptar una postura más combativa frente a la dictadura. Desafiando la ley 22.105 dictada en 1979, la que regulaba las actividades sindicales pero prohibía que los sindicatos formaran confederaciones y centrales sindicales, se vuelve a formar la CGT bajo el nombre de CGT Brasil por encontrarse su sede en la calle Brasil del barrio porteño de Constitución. Con el apoyo de José Rodríguez, del SMATA, Lorenzo Miguel propuso a Saúl Ubaldini como secretario general y nadie cuestionó la propuesta.[254]​ A partir de ese momento, la CGT Brasil estableció un vínculo estrecho con el Equipo Pastoral Social de la Iglesia Católica, encabezado por monseñor Justo Laguna.[255]​ En este contexto, se realizaron varias huelgas generales que desembocaron en una masiva manifestación contra la dictadura el 30 de marzo de 1982.

También algunos dirigentes peronistas ocuparon cargos de intendentes, gobernadores, y funcionarios de empresas estatales. El 1 de diciembre de 1978, se realizó una cena de homenaje de los partidos políticos al dictador Videla, siendo el PJ el único partido que rechazó oficialmente el evento, con la firma de su presidente Deolindo F. Bittel, pero a la reunión también asistieron algunos justicialistas en contra de la resolución del PJ, entre ellos Luis Rubeo, Enrique Osella Muñoz, Carlos Palacio Deheza y el futuro presidente Eduardo Duhalde.

En 1981 el Partido Justicialista junto con la Unión Cívica Radical, el Partido Intransigente, el Partido Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo conformaron la Multipartidaria desde la que se reclamó el establecimiento de un gobierno democrático. Del Plenario de la Multipartidaria participaron representando al Partido Justicialista, su presidente Deolindo F. Bittel, Néstor Carrasco, Torcuato Fino, Herminio Iglesias, Rubén Sarboli, Ramona Ameztoy, Rosaura Isla, Bernardo Montenegro, Edgardo Murguía, y Blas Carballo.

Tras la derrota en la Guerra de Malvinas y el llamado a elecciones presidenciales para 1983, el peronismo debió sortear una crisis interna a la hora de buscar candidatos no solo en las elecciones presidenciales, sino también para las elecciones provinciales y legislativas. Se confrontaron los sectores que defendían una línea más "verticalista" o tradicional, que se apoyaba en las estructuras históricas del partido (principalmente el sindicalismo y el viejo aparato), con aquellos que abogaban por la "renovación" de ideas, prácticas y dirigentes (que luego se formalizaría como la corriente "Renovación Peronista" a partir de la derrota, contando con nombres como Antonio Cafiero, Carlos Saúl Menem y Carlos Grosso). El primero de los sectores fue el que, claramente, logró imponer su línea con miras a las elecciones de 1983. Durante todo el Proceso, con la actividad política prohibida y muchos dirigentes presos o exiliados, los sindicatos fueron centros de la actividad política peronista y de refugio de políticos a los que proporcionaban empleo, como fue el caso de Eduardo Duhalde, Antonio Cafiero, Vicente Joga, Rubén Marín, José María Vernet, Carlos Ruckauf y una docena de legisladores. Los sindicatos aportaban el uso de sus locales, imprimían propaganda partidaria y contribuían con activistas. Estaban en condiciones de mantener contacto con sus afiliados y, gracias a su relación con los empresarios, llegaron a intervenir activamente en la recolección de aportes para la campaña electoral.[47]

Tras las conferencias que duraron hasta dos meses después de que la UCR designara a Alfonsín, el ala izquierdista del peronismo resultó poco compatible con la influencia sindical dentro del partido. Ante la declinación de Antonio Cafiero por la derrota en las internas ante Herminio Iglesias en la populosa provincia de Buenos Aires, se escogió a los contrarios ideológicos: Ítalo Luder, que había sido presidente interino durante la licencia por enfermedad de Isabel Perón en septiembre de 1975, como candidato a presidente, y al exgobernador de la provincia de Chaco, Deolindo Felipe Bittel, como su compañero de fórmula. La fórmula fue definida en el Congreso Nacional Justicialista reunido en el Teatro Lola Membrives. Según lo narra la periodista Claudia Peiró, "La elección era indirecta, por congresales votados en los distritos, pero el Congreso fue hegemonizado por las 62 Organizaciones del dirigente de la UOM, Lorenzo Miguel, quien calificó la reunión como “fabulosa”."[256][257]​ Miguel, líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y principal figura de las 62 Organizaciones, era además el hombre fuerte del Partido Justicialista (PJ) en ese momento. Siendo vicepresidente del partido, se encontraba formalmente a cargo de la presidencia, ya que la presidenta, María Estela Martínez de Perón, se encontraba exiliada en España.

Afiche de campaña del Partido Justicialista para las elecciones de 1983 con la formula del doctor Ítalo Argentino Luder para presidente y Deolindo Bittel para vice.

Luder limitó sus anuncios de campaña y retórica en gran parte a una evocación del fundador del Partido Justicialista, el fallecido Juan Domingo Perón. Su campaña fue considerada por historiadores como Luis Alberto Romero como "falta de convicción".[258][259]​ Entre los puntos más discutidos de la campaña, se pronunció a favor de la validez de la ley de autoamnistía n° 22924, dictada en plena campaña, en el mes de septiembre de 1983, y por la que el gobierno militar declaraba "extinguidas las acciones penales emergentes de los delitos cometidos con motivación o finalidad terrorista o subversiva, desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 17 de junio de 1982". Luder manifestó públicamente que la amnistía ya era un "derecho adquirido" por los militares, en tanto el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín prometió su anulación y aprovechó esta postura de Luder para denunciar la existencia de un supuesto "pacto sindical-militar".[260]

La campaña peronista sufrió varias modificaciones a medida que el apoyo a Alfonsín crecía entre el electorado, dividiéndose entre quienes consideraban preferible personalizar la campaña en torno a Luder y quienes preferían limitarse a defender los votos tradicionales del peronismo.[261]​ El 26 de octubre de 1983, tan solo cuatro días antes de las elecciones, la Unión Cívica Radical convocó a un masivo acto de cierre de campaña en la Avenida 9 de Julio, la calle más ancha de Buenos Aires. Al momento de la convocatoria, seguía extendida en los medios y en la población la idea de que el justicialismo ganaría las elecciones,[262]​ pero el acto de cierre del radicalismo fue considerado sorpresivamente exitoso por el altísimo número de asistentes. A día de hoy, las cifras varían según los medios y las fuentes, pero se estima que asistieron entre 500.000 y 1.500.000 personas, siendo esta última la cifra estimada por los propios organizadores.[262]​ Alfonsín dio un discurso llamando a la tolerancia, la no violencia y resaltando los valores de la libertad y la democracia, finalizándolo al recitar parte del Preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina, que el candidato describió como una suerte de "rezo laico".[262]

Ítalo Luder, el candidato del Peronismo, responde las preguntas que le realizan los periodistas de distintos medios. Foto: Revista Gente

En contraste con la campaña pacífica impulsada por Alfonsín, dos días antes de los comicios y en respuesta al concurrido acto radical, el Partido Justicialista realizó otro acto masivo para el cierre de su campaña, de concurrencia similar al del radicalismo y en el que Luder estuvo presente. Durante el mismo el candidato justicialista a Gobernador de la importante provincia de Buenos Aires (que era la más poblada del país y albergaba al 38% del electorado), Herminio Iglesias, prendió fuego un ataúd con las siglas de la UCR y una corona mortuoria en presencia de aproximadamente medio millón de asistentes y ante la mirada de millones de personas que lo veían por televisión. Esto, sumado a las sospechas de un declarado apoyo de Luder a la autoamnistía militar, generó en gran parte de la población recuerdos amargos del gobierno de Isabel Perón y la violencia contra la izquierda, y fue considerado posteriormente como un posible aliciente para la victoria de la UCR en las elecciones nacionales.Sin embargo, a día de hoy, la mayoría de los analistas políticos consideran que Alfonsín habría triunfado de todas formas, aunque se cree que las acciones de Iglesias contribuyeron a lo aplastante de su triunfo.[263][264]

El peronismo durante el gobierno de Alfonsín

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Durante todo el gobierno de Alfonsín, el peronismo mantuvo en su poder la mayoría de las provincias, lo que a su vez le dio mayoría en la Cámara de Senadores. Desde allí, bloqueó la ley de Reordenamiento Sindical prometida por Alfonsín en su campaña dando lugar a una fuerte confrontación entre el gobierno y el movimiento sindical peronista (congelamiento de salarios con alta inflación, no derogación de la ley sindical de la dictadura y no llamado a convenciones colectivas), que encontró en el sindicalismo liderado por la CGT, una fuerte resistencia que se concretó en casi 4000 huelgas sectoriales y de empresa (67 % en el sector público) y 13 huelgas generales. Poco antes del final de su mandato, Alfonsín aceptó dialogar con el sindicalismo, ofrece el Ministerio de Trabajo a José Rodríguez, líder de SMATA y uno de los principales dirigentes sindicales del país. Rodríguez no aceptó pero los grandes gremios propusieron a Carlos Alderete, secretario general de Luz y Fuerza. Como resultado de este acuerdo, el gobierno de Alfonsín elaboró una nueva Ley Sindical por consenso, que fue aprobada en 1988 (ley 23.551), con el apoyo unánime de todos los sindicatos y parlamentarios de todos los partidos políticos. En cambio, fue cuestionada ante la OIT por la Unión Industrial Argentina (UIA), la principal organización empresarial de la Argentina.

A partir de la derrota, se impulsó una fuerte renovación interna dentro del peronismo, de la cual surgió un intento por sacudir su tradición movimentista y revalorizar al partido político dándole una impronta democrática y pluralista, influenciado por el éxito de Alfonsín. La resistencia de la cúpula a ese cambio promovió rupturas y nació la Renovación Peronista (nombre semejante al Movimiento de Renovación y Cambio de Alfonsín), liderada por Antonio Cafiero, Carlos Menem y Carlos Grosso. Esta ruptura alcanzó su punto más alto en el Congreso del Teatro Odeón (1984),[265]​ donde los sectores ortodoxos, liderados por Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel impusieron mecanismos autoritarios como el voto a mano alzada y expulsaron a los renovadores.[266]​ Aquel episodio marcó el quiebre inicial entre “renovadores” y “ortodoxos”.[267]​ Para los comicios nacionales de 1985 el justicialismo se fracturó y la UCR triunfó en todas las provincias menos dos (La Rioja y Formosa). Los dos liderazgos peronistas más influyentes se proclaman parte de la Renovación: Antonio Cafiero y Carlos Menem.

El domingo 6 de septiembre de 1987 se realizaron elecciones legislativas y provinciales en Argentina, donde se renovó la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación y todos los gobernadores, entre otros cargos a nivel provincial y municipal. En la elección para renovar las bancas parlamentarias en el Congreso, el Partido Justicialista como oposición obtuvo el 41% de los votos y 60 bancas, mientras que el partido político gobernante, la Unión Cívica Radical alcanzó el 37% de los votos y 52 bancas. Antonio Cafiero fue una de las figuras centrales de este triunfo, convirtiéndose en gobernador de Buenos Aires. En contraposición, Carlos Menem emergió desde el interior del país con un discurso carismático, federal y popular, que apelaba a los sectores históricamente excluidos por la Renovación. Aunque inicialmente parte del espacio renovador, Menem consolidó una línea más tradicional y heterogénea del peronismo,[268]​ articulando apoyos entre sectores sindicales, caudillos provinciales y figuras del peronismo ortodoxo. Los dos líderes se enfrentarían en las Primarias presidenciales del Partido Justicialista de 1988, la historia como la única ocasión en que el Partido Justicialista definió a su candidato presidencial mediante elecciones primarias abiertas a sus afiliados. El cafierismo, asociado a la Renovación Peronista, defendía la institucionalización partidaria, el diálogo con el alfonsinismo y una apertura democrática hacia la sociedad civil. Cafiero priorizaba el respeto por la legalidad, el pluralismo interno y la modernización.[269]​ El menemismo, si bien también se presentaba como renovador, adoptó un discurso más federal, populista y movimientista, haciendo énfasis en la unidad del peronismo por sobre las diferencias internas. Menem apelaba directamente a las bases, cultivando una imagen de liderazgo carismático y disruptivo frente a la “burocracia” del PJ bonaerense. Durante la campaña, el sindicalismo peronista y los sectores identificados con la ortodoxia del partido jugaron un papel determinante en la configuración de alianzas y apoyos. Las históricas 62 Organizaciones, lideradas por Lorenzo Miguel, mostraron una marcada desconfianza hacia la conducción de Antonio Cafiero, a quien consideraban demasiado cercano al alfonsinismo y alejado de las tradiciones del movimiento obrero. Aunque inicialmente algunos sectores sindicales como la Comisión de los 25 apoyaban la Renovación, la decisión de Cafiero de excluir al exgobernador de Santa Fe, José María Vernet como compañero de fórmula, quien contaba con la simpatía de los gremios, y reemplazarlo a último momento por José Manuel de la Sota, generó un quiebre definitivo.

En contraposición, Carlos Menem logró captar el apoyo de buena parte del sindicalismo tradicional, estableciendo puentes con los sectores desplazados por la Renovación. Su discurso populista y federal resultó más afín a las estructuras sindicales históricas, que buscaban recuperar protagonismo dentro del PJ. Finalmente, la fórmula de Carlos Menem-Eduardo Duhalde obtuvo el 53,94% de los votos, mientras que la fórmula Antonio Cafiero-José Manuel de la Sota obtuvo el 46,06%.[270]​ La fórmula Menem-Duhalde se impuso en 18 provincias, incluida Buenos Aires, y obtuvo victorias clave en distritos del conurbano bonaerense como Lomas de Zamora, Morón y La Matanza, donde operadores locales como Alberto Pierri fueron clave. Tras la derrota, buena parte del sector cafierista se alineó con Menem, consolidando su liderazgo interno. Figuras como Carlos Grosso, José Luis Manzano y Guido Di Tella migraron a su espacio, sellando una reorganización del peronismo que allanó su camino a la presidencia.

El resultado de las posteriores elecciones presidenciales, en 1989, marcó el inicio de un nuevo ciclo en la historia del peronismo. Menem se convirtió en el primer presidente justicialista en ser elegido en elecciones democráticas desde septiembre de 1973, y su gobierno inició un proceso de reformas económicas y políticas que transformarían la política económica del país.[271]

El menemismo (1989-1999)

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En las elecciones de 1989, el Partido Justicialista gana llevando como candidato a Carlos Menem.[272]​ El hecho coincide con la caída del Muro de Berlín y el triunfo de Estados Unidos en la Guerra Fría, que tendrá un fuerte impacto en la situación política interna de todos los países del mundo, sobre todo a partir de las pautas impuestas por el Consenso de Washington de 1989 y lo que ha dado en llamarse neoliberalismo.

Luego de un corto período en el que intentó impulsar una política económica en alianza con uno de los principales grupos económicos del país, el grupo Bunge y Born, Menem introdujo una serie de reformas liberales: se desreguló la economía, reduciendo cupos, aranceles y prohibiciones de importaciones, se estableció la libertad de precios y se produjo la privatización de numerosas empresas estatales.

Con la aprobación de la Ley de Reforma del Estado en agosto de 1989, fue autorizado a privatizar varias empresas estatales. Las primeras privatizaciones fueron las de la empresa telefónica Entel y la de Aerolíneas Argentinas. Las privatizaciones se realizaron rápidamente buscando conseguir con ello réditos mediáticos que instalaran la idea de la voluntad reformista del gobierno.

Líneas telefónicas fijas cada 100 habitantes desde 1975 a 1999. La línea naranja indica el momento de la privatización de ENTel.[273]

En manos privadas, el servicio de telefonía en Argentina se modernizó, haciéndose mucho más fácil obtener una línea de teléfono que en los 80 podía alcanzar listas de espera de hasta 3 años. [274]

Tras la privatización la cantidad de líneas aumentó un 113 % (entre 1990 y 1999)[273]​ a tal punto que debió modificarse el Plan de Numeración Nacional, para afrontar la alta demanda de nuevos números y características por zona.

Se privatizaron también la red vial, los canales televisivos (con la excepción de ATC, hoy Canal 7), gran parte de las redes ferroviarias, YPF y Gas del Estado.

El presidente Carlos Menem anuncia por cadena nacional la implementación de la reforma educativa y pide apoyo para la privatización de YPF y del sistema jubilatorio, 1992.

En enero de 1991 este modelo se profundiza al designar como ministro de economía a Domingo Cavallo, y establecer la Ley de Convertibilidad. Este esquema incluyó la creación de un nuevo signo monetario: el peso convertible, que comenzó a circular en el país desde el 1 de enero de 1992, y reemplazó a la entonces vigente moneda nacional, el austral, con una equivalencia de 1 peso a 10 000 australes. Bajo este sistema, el Banco Central estaba obligado a respaldar con sus reservas una relación de cambio en la que un dólar valía lo mismo que un peso; de esta forma, se restringía la emisión de billetes como medio de financiamiento del Estado. La aplicación del régimen de convertibilidad se prolongó hasta la crisis argentina de fines de 2001 y comienzos de 2002.

En los servicios públicos, las privatizaciones produjeron mejoras de calidad en algunos rubros (electricidad y telefonía, entre otros)el número de usuarios con agua potable y cloacas decrecía mientras que luego de la privatización el número incrementó velozmente.[47]​ mientras que en otros el impacto fue negativo, como en los transportes ferroviarios, este último en particular por el cierre masivo de los servicios de pasajeros de larga distancia. Si bien los servicios de trenes privatizados urbanos del área metropolitana y cargas en general registraron leves mejorías, finalmente con la crisis de 2001 y la posterior devaluación de la moneda desnudaron las frágiles condiciones contractuales que llevaron a las empresas a la quiebra, el posterior vaciamiento de su infraestructura y finalmente a un deterioro del servicio en parte sostenido por subsidios.

Todas estas medidas en su conjunto lograron una estabilidad económica sin inflación significativa que ofreció un clima favorable para el surgimiento de inversiones y el ingreso de capitales desde otros países, produciéndose un marcado crecimiento del producto interno bruto (PIB). La estabilidad económica lograda durante el primer mandato de Menem lo impulsaron a su reelección en 1995 con casi el 50 % de los votos. La mejora fiscal sirvió para lograr el acuerdo del plan Brady (con los acreedores externos). El PBI aumentó un 50 % en 10 años y llegó a 288 194 millones de dólares en 1998. Producto de políticas macroeconómicas consistentes desde el primer trimestre de 1990; sobre 39 trimestres 30 mostraron expansión económica, revirtiendo la historia de los 15 años previos de estancamiento.[275]​ Tras la salida de Cavallo, y el ingreso de Roque Fernández, se redujo el déficit fiscal llagando al equilibrio presupuestario para 1995 del orden de un superávit del 0,3 % del PBI, manteniéndose en números positivos hasta 1998.[276]

Simultáneamente Menem estableció un trato preferencial con Estados Unidos, bajo el lema de "relaciones carnales", que llevó a la Argentina a participar en la guerra del Golfo, siendo esta la primera vez que el país se inmiscuía en un conflicto bélico en más de 130 años. En ese contexto Argentina sufrió dos grandes atentados terroristas (la dinamitación de la embajada de Israel en 1992 y la dinamitación de la AMIA en 1994), que dejó el saldo de unos 100 muertos. También estalló un regimiento militar en Río Tercero, con más de una decena de muertos.

La política de Menem dividió al peronismo, apareciendo un considerable sector antimenemista, En 1990 y en oposición a las políticas neoliberales aplicadas por el primer gobierno de Carlos Saúl Menem, los diputados nacionales Carlos Álvarez, Germán Abdala, Juan Pablo Cafiero, Darío Alessandro, Luis Brunati, Franco Caviglia, Moisés Fontenla y José Ramos, conforman el “Grupo de los ocho”.[277]

Por otro lado, José Octavio Bordón también se separó del Partido Justicialista y formó su propio partido, Política Abierta para la Integridad Social (PAIS). Ambos partidos, se aliaron en el FREPASO para enfrentar a Menem en 1995, saliendo segundos y desplazando al radicalismo a un tercer lugar.[278]

El presidente Carlos Saúl Menem en retrato oficial durante su primera presidencia (1989-1995)

La CGT se dividió allí en al menos cuatro grupos: quienes adhirieron a la gestión de Menem a pesar de que había expuesto su faceta liberal, con los Gastronómicos de Luis Barrionuevo a la cabeza; los que privilegiaron una negociación sin confrontar como los "gordos", Bancarios, Mercantiles y otros; el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) que lideraron a Juan Manuel Palacios (UTA) y Hugo Moyano (Camioneros) y consideraban próspero un enfrentamiento desde la unidad sin romper la CGT, y quienes decidieron enfrentarlo desde una nueva central obrera, lo cual dio lugar a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).[279]

La evolución de la situación sociolaboral durante el gobierno de Menem fue contradictoria porque, por un lado, la población tuvo un amplio acceso al crédito y un fuerte poder de compra internacional, y por el otro aumentó la desocupación, el trabajo informal, la marginalidad y la criminalidad, sobre todo a partir de su segundo mandato, en 1995. El malestar social llevó al surgimiento de un gran movimiento de protestas sociales con cortes de rutas y calles, que fueron conocidas como piqueteros.

En las elecciones presidenciales de 1999, el FREPASO conformó un frente electoral con la Unión Cívica Radical, denominado La Alianza, llevando como candidato presidencial al radical Fernando de la Rúa y para vicepresidente a Chacho Álvarez, triunfando sobre el candidato del Partido Justicialista, Eduardo Duhalde.[280]

El peronismo durante el gobierno de La Alianza

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Durante el gobierno de La Alianza, el Partido Justicialista mantuvo en su poder la mayoría de las provincias y el voto mayoritario en el Senado.

El FREPASO por su parte, entró en conflicto con la UCR, lo que llevó a la renuncia del Vicepresidente Álvarez y el retiro del Frepaso del gobierno de La Alianza.

Uno de los hechos políticos más escandalosos del período, fue la sanción de una ley de flexibilización laboral en 2000, conocida como Ley Banelco, porque fue obtenida mediante sobornos pagados por el Poder Ejecutivo a varios senadores peronistas, a través de los servicios de inteligencia.

El gobierno de De la Rúa cayó a fines de 2001, en medio de la peor crisis económico-social de la historia argentina y masivas protestas populares, severamente reprimidas por el gobierno con casi 40 muertos.

El interinato de Duhalde

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Luego de la renuncia de De la Rúa, fue designado presidente de la Nación el gobernador de la Provincia de San Luis, el peronista Adolfo Rodríguez Saa. En medio de una crisis económica, política y social incontrolable, duró solo unos pocos días, pero en ese tiempo tomó la decisión de declarar en default (moratoria) la deuda externa.

Pocos días después fue designado presidente de la Nación hasta terminar el mandato de De la Rúa, Eduardo Duhalde, gobernador peronista de la Provincia de Buenos Aires. Duhalde salió de la convertibilidad a través de lo que se llamó "la pesificación asimétrica". Debido a la crisis, su período de gobierno tuvo los peores índices sociales de la historia argentina. La salida de la convertibilidad, por otra parte hizo crecer geométricamente la deuda externa, con relación al producto interno. Para atenuar el impacto de la crisis social, Duhalde estableció el programa Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, un programa masivo de transferencia de ingresos.[281]

Presionado por la crisis política y social, Duhalde decidió anticipar la entrega del poder seis meses. Para las elecciones, Duhalde, como cabeza del Partido Justicialista, le ofreció la candidatura presidencial por el PJ, a dos de los gobernadores peronistas más poderosos, José Manuel de la Sota de Córdoba y Carlos Reutemann de Santa Fe. Pero ambos decidieron no aceptar la candidatura. Finalmente Duhalde le ofreció la candidatura al poco conocido gobernador peronista de una provincia patagónica: Néstor Kirchner.

El peronismo en las elecciones presidenciales de 2003 fue dividido en tres sectores. El menemismo, volvió a presentar la candidatura de Carlos Menem. El Partido Justicialista formó una alianza llamada Frente para la Victoria, que presentó la candidatura de Néstor Kirchner, acompañado por Daniel Scioli como vicepresidente. Finalmente el expresidente Adolfo Rodríguez Saa también presentó su candidatura. Menem ganó la primera vuelta con 24 %, Kirchner fue segundo con 22 % y Rodríguez Saa fue cuarto con 14 %, superado por el radical disidente Ricardo López Murphy. En la segunda vuelta Menem no se presentó, ante la certeza que Kirchner ganaría por amplio margen.[282]

El kirchnerismo (2003-presente)

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Néstor Kirchner asumió la presidencia el 25 de mayo de 2003. La situación política, económica y social en ese momento era de extrema gravedad. Económicamente, Kirchner mantuvo al ministro de Economía de Duhalde, Roberto Lavagna, que había mostrado una orientación no neoliberal, de contenido neodesarrollista. Aprovechando el aumento del precio internacional de las commodities y sobre la base de un sistema de retenciones a las empresas exportadoras de granos e hidrocarburos, el gobierno logró poco a poco darle estabilidad a las cuentas públicas, obtener altos crecimientos del producto bruto interno y crear varios millones de puestos de trabajo.

Con respecto al serio problema de la deuda externa en default, Kirchner, en consonancia con Brasil, se desendeudó del Fondo Monetario Internacional para evitar los condicionamientos de ese organismo internacional muy vinculado a la crisis argentina, y luego lanzó un plan de reprogramación de la deuda externa, con fuertes quitas y esperas, que le dio una importante capacidad de acción al Estado y a la economía argentina.

Laboralmente, los logros económicos se combinaron con un fuerte incentivo a los convenios colectivos entre sindicatos y cámaras empresariales, como medio para impulsar un alza de salarios. Restableció el salario mínimo vital y móvil, fortaleció el Ministerio de Trabajo para combatir el trabajo informal y entregó documentos a más de un millón de inmigrantes que trabajaban sin posibilidad de hacer valer sus derechos (Plan Patria Grande).

Kirchner tuvo también una activa política de derechos humanos, impulsando el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, que habían sido cerrados como consecuencia de las llamadas leyes de impunidad (Ley de Punto Final, Ley de Obediencia Debida) sancionadas por Alfonsín y los indultos militares dictados por Carlos Menem.

En materia internacional, abandonó la política de "relaciones carnales" con Estados Unidos, dando prioridad a las relaciones con Brasil y el Mercosur, Venezuela y Cuba, logrando en 2005 derrotar y dejar sin efecto el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que Estados Unidos había impuesto diez años antes.

En las elecciones parlamentarias de 2005 Néstor Kirchner y la senadora Cristina Kirchner, decidieron romper políticamente con Duhalde, y enfrentarlo en la Provincia de Buenos Aires. Apareció así un sector de peronistas disidentes con la orientación del kirchnerismo. En 2007 el Frente para la Victoria decidió presentar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner, que terminó ganando en primera vuelta con el 45 % de los votos.

Cristina continuó en los sustancial la política llevada adelante por Néstor Kirchner, pero tomó varias medidas que implicaron reformas profundas. Las más importantes fueron la restatización de los fondos de pensión que habían sido privatizados por Menem, la ley de medios, la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, una fuerte política de cobertura de pensiones, la Asignación Universal por Hijo, la creación universidades en los municipios más postergados, la ley de matrimonio igualitario, entre otras medidas.

En materia internacional se destacó la creación de la Unasur y la CELAC y la participación argentina en el G20.

Durante el primer mandato de Cristina el kirchnerismo comenzó a enfrentar un fuerte movimiento opositor, autodefinido como "antiK". Entre los conflictos más duros que tuvo que enfrentar se encuentra un paro agropecuario patronal en 2008, que mantuvo las rutas del país bloqueadas durante más de 100 días, y un duro conflicto con el Grupo Clarín, principal grupo mediático del país.

El 27 de octubre de 2010 murió Néstor Kirchner, generando un gran movimiento de pesar popular, con amplia presencia juvenil. Al año siguiente, Cristina volvió a ganar las elecciones, con un porcentaje todavía mayor que en 2007, alcanzando el 54 %, con una diferencia de casi 38 puntos con el segundo. En las elecciones también presentaron candidatos dos partidos peronistas disidentes: Rodríguez Saa (8 %) y Duhalde (6 %).

Durante el mandato iniciado en 2011, Cristina tomó otras medidas destacadas como la reestatización de la empresa petrolera YPF que había sido privatizada por Menem, la ley de identidad de género, un nuevo código civil y comercial (luego de más de 140 años), una cobertura social para jóvenes (Recrear).

En el año 2015, el kirchnerismo presentó como candidato presidencial a Daniel Scioli, encontrando una marcada resistencia dentro del peronismo. Su principal rival peronista fue Sergio Massa. Aunque Massa quedó en tercer lugar en las elecciones generales y Scioli en primer lugar,[283]​ este último no logró superar los requisitos para evitar un balotaje.[284]​ Finalmente, Scioli se enfrentó a Macri en el balotaje, En la cual Macri ganaría el balotaje[285]

En el año 2019, debido al incremento de la inflación y la pobreza,[286]​ el kirchnerismo ganó las elecciones en primera vuelta,[287]​ llevando a Alberto Fernández como presidente y a Cristina Kirchner como vicepresidenta por la coalición Frente de Todos.[288]

La presidencia de Alberto Fernández se vio profundamente marcada por dos problemáticas cruciales: una tasa de pobreza alarmante, alcanzando un preocupante 40%[289]​ y una inflación descontrolada[290]​ debido a estos problemas económicos. Estos desafíos económicos generaron una turbulencia política en el seno del Peronismo, donde Cristina Kirchner, figura central del movimiento, temía un desempeño históricamente bajo en las elecciones, incluso llegando a vislumbrar la posibilidad de quedar en tercer lugar.[291]​ En medio de este contexto, el candidato del kirchnerismo era prácticamente desconocido, lo que generaba incertidumbre entre los seguidores del movimiento. La militancia kirchnerista abogaba por la postulación de CFK como candidata,[292]​ sin embargo, en diciembre de 2022, la ex presidenta anunció que no aspiraría al cargo.[293]

Todo apuntaba entonces a que la fórmula presidencial sería encabezada por Wado de Pedro, con Juan Manzur como vicepresidente. Este rumor ganó fuerza, especialmente después de las declaraciones de Wado afirmando su deseo de representar a todas las familias argentinas.[294]

Por otro lado, Daniel Scioli, exvicepresidente de la nación, mostró su interés en competir en las PASO.[295]​ Sin embargo, el 23 de junio, el Frente de Todos cambió su nombre a Unión Por La Patria y anunció que el entonces ministro de economía, Sergio Massa, sería el candidato presidencial con el peronista Agustín Rossi como compañero de fórmula. Se confirmó que tanto Wado como Scioli habían declinado sus candidaturas.[296]

Al mismo tiempo, Juan Grabois se postuló como candidato presidencial, desafiando a Massa en las internas,[297]​ mientras que Juan Schiaretti se presentó por la coalición "Hacemos Por Nuestro País".[298]

En las PASO, Massa derrotó a Juan Grabois,[299]​ y Unión Por La Patria se posicionó como el tercer espacio más votado, solo superado por Juntos Por El Cambio y La Libertad Avanza.[300]​ Schiaretti, por su parte, logró superar el mínimo requerido para poder participar en las elecciones generales.[301]

En las elecciones generales, A pesar de quedar tercero en las paso, Unión Por La Patria se posicionó como el espacio más votado, pero al no cumplirse las condiciones para evitar segunda vuelta, tuvo que ir a una segunda vuelta contra el libertario Javier Milei,[302]​ Debido a su gran derrota electoral en el balotaje, Massa salió a reconocer la derrota antes de que se conozcan los resultados oficiales.[303]

Peronismo disidente

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Luego de la Crisis de diciembre de 2001 y de la renuncia del presidente Fernando de la Rúa el peronismo se dividió en diversos sectores que comenzaron a agruparse en dos grandes grupos: el peronismo oficial y el peronismo disidente.[304]​ La composición de ambos grupos se ha ido modificando con el paso del tiempo.

El peronismo oficial agrupa a los sectores que se mantienen dentro del Partido Justicialista, en tanto que el peronismo disidente agrupa a las corrientes que, por discrepar sobre la conducción del Partido Justicialista, se organizaron por fuera del mismo.

En 2002-2003 el peronismo oficial se organizó a partir del liderazgo de Eduardo Duhalde (duhaldismo) y Néstor Kirchner (kirchnerismo). El peronismo disidente, por su parte, se expresó en dos grandes tendencias encabezadas respectivamente por Carlos Menem (menemismo) y los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá (adolfismo).[305]​ Dentro del peronismo disidente también se ubicaron desde un primer momento otros dirigentes como Ramón Puerta y el dirigente sindical Luis Barrionuevo (ultramenemismo); este último organizó en 2008 una central sindical independiente, la CGT Azul y Blanco, apoyada en su corriente. En 2003 también integraba el peronismo disidente dentro del menemismo, el empresario Francisco De Narváez, quien luego lideraría una importante corriente propia.

A partir de 2005, con la ruptura de la alianza entre las corrientes lideradas por Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, la corriente liderada por este último también se separó del peronismo oficial, para constituirse en uno de los principales sectores del peronismo disidente. En 2009, De Narváez forjó una alianza con el Partido Propuesta Republicana (macrismo) que, con el nombre de Unión-PRO, triunfó en las elecciones legislativas de medio término en la Ciudad Autónoma y la provincia de Buenos Aires, los dos principales distritos electorales del país.

Para el año 2009, el peronismo disidente se agrupaba en diversos sectores, entre los que puede mencionarse a los seguidores de Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Carlos Menem, los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá.

Para las elecciones presidenciales de 2015, la mayoría del peronismo federal apoyó al candidato Sergio Massa, aunque una facción más pequeña respaldó la candidatura del expresidente interino de la nación, Adolfo Rodríguez Saá.

En las elecciones presidenciales de 2019, el massismo se unió al peronismo oficial.[306]​ Además, el macrismo buscaba la reelección de Mauricio Macri y, para atraer algunos votos adicionales, incorporó como vicepresidente al peronista Miguel Ángel Pichetto.[307]​ Paralelamente, la coalición Consenso Federal presentó al exministro de Economía de la nación, Roberto Lavagna, como su candidato, quien representó al peronismo federal en las urnas.

En las elecciones presidenciales de 2023, el peronismo federal apoyó la candidatura del cordobesista Juan Schiaretti.

Ideología o doctrina

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El peronismo es un movimiento político amplio de tercera posición, sincretico o atrapalotodo, con gran variedad de tendencias, a veces enfrentadas, al igual que otras ideologías políticas internacionales, como la izquierda, la derecha (a veces en versiones extremas, dependiendo del contexto), el socialismo, el fascismo, el liberalismo, el comunismo, el anarquismo o la democracia cristiana, u otras ideologías políticas nacionales, como el radicalismo o el desarrollismo.

Hasta que proclamamos nuestra doctrina, frente a nosotros se levantaba triunfante el individualismo capitalista y el colectivismo comunista alargando la sombra de sus alas imperiales por todos los caminos de la humanidad (…) Así nació el justicialismo bajo la suprema aspiración de un alto ideal. El justicialismo creado por nosotros y para nuestros hijos, como una tercera posición ideológica tendiente a liberarnos del capitalismo sin caer en las garras opresoras del colectivismo.
Juan Domingo Perón ante la Asamblea Legislativa en 1952.[308]

En las primeras instancias del nacimiento del peronismo, no parece posible desligarlo de la doctrina social cristiana. El 15 de diciembre de 1945, hablando desde los balcones del Partido Laborista, el propio Perón afirmó “Nuestra política ha salido en gran parte de las encíclicas papales y nuestra doctrina es la social cristiana”. Poco después, dirigiéndose a los obispos reiteró: “He procurado poner en marcha muchos de los principios contenidos en las encíclicas papales”. Y aún después de su ruptura con la Iglesia, en 1955, seguía diciendo: “Afirmé que mi política social estaría inspirada en las encíclicas papales y mantuve hasta el final esa promesa”.[309]

Posteriormente, las políticas de los distintos presidentes que se identificaron como peronistas han diferido considerablemente entre sí,[310]​ desde orientaciones laboristas, nacionalistas, antiimperialistas, federalistas, latinoamericanistas y feministas, hasta orientaciones liberales y neoliberales, bajo la denominación «nacional y popular».[310]

Posicionamiento internacional

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En el campo de las relaciones internacionales, Perón abogó siempre por esa tercera posición equidistante entre el comunismo soviético y el capitalismo estadounidense, lo que lo llevó a apoyar al Movimiento de Países No Alineados y buscar puntos de contacto con Nasser y Nehru. Lo que no impidió que ratificara el Acta de Chapultepec (1 de agosto de 1946), cediendo a las presiones norteamericanas, para despecho e ira de los sectores nacionalistas de su movimiento.

Hizo siempre profesión de fe hispanoamericanista («El año 2000 nos encontrará unidos o dominados»), de lo que es ejemplo su impulso al Pacto ABC, y cultivó buenas relaciones con todos los presidentes de la región: los gobiernos constitucionales de Carlos Ibáñez del Campo en Chile, Enrique Hertzog de Bolivia,[311]​ y los gobiernos dictatoriales de Alfredo Stroessner en Paraguay y Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, quienes le darían asilo luego del golpe de Estado de 1955, y Manuel A Odria en Perú y los también dictatoriales de Anastasio Somoza García de Nicaragua, Eurico Gaspar Dutra en Brasil, y, más adelante, con el de Augusto Pinochet de Chile. En 1954 devolvió al Paraguay los trofeos de guerra de la guerra de la Triple Alianza: banderas, armas y otras reliquias.[311]

En 1947 en Guatemala, cuando el gobierno de Juan José Arévalo sancionó el Código del Trabajo, las compañías navieras norteamericanas comunicaron que dejarían de prestar servicios en los puertos del país. Esto equivalía prácticamente a un bloqueo, ya que el país no contaba con flota mercante propia. Entonces Arévalo acudió a Perón a través de una misión secreta. En el acto el líder justicialista ordenó al director de la Flota Mercante de Argentina que a partir de ese momento todos los barcos de bandera nacional hicieran escala en Guatemala. Al mismo tiempo, secretamente, los barcos mercantes argentinos llevaron a Guatemala armas para defender la revolución popular guatemalteca.[311]

Seis años después, en la Décima Conferencia Interamericana de 1954, en momentos en que los norteamericanos presionaban para aprobar un proyecto de declaración mediante el cual legitimar su intervención en Guatemala, los representantes argentinos adoptaron una actitud premeditadamente ambigua, junto con México se abstuvieron al votarse un voto de condena al régimen de Árbenz.[312]​ Ya en la Novena Conferencia Interamericana, de 1948, los representantes argentinos y guatemaltecos habían sostenido una posición conjunta, condenando el colonialismo estadounidense en Puerto Rico, y logrando aprobar la Resolución XXXIII, por la que se propiciaban "métodos pacíficos para abolición del coloniaje".[311]

Las Veinte Verdades Peronistas

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Uno de los elementos que constituyen la doctrina peronista son las Veinte Verdades Peronistas, equivalente a los principios del movimiento. Las mismas fueron dadas a conocer por Perón en ocasión del acto realizado el 17 de octubre de 1950, para celebrar el quinto aniversario del Día de la Lealtad. Perón las leyó desde el balcón.

Las Veinte Verdades Peronistas se hicieron muy populares y muchos de sus principios arraigaron en la cultura popular. La primera verdad se refiere a la democracia, a la que define como aquella donde "el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo". Las verdades tercera y cuarta se refieren al trabajo, al que define como un derecho y un deber. La quinta verdad ("para un peronista no puede no haber nada mejor que otro peronista") fue reformada en 1974 para formularla como "para un argentino no puede haber nada mejor que otro argentino".[313]​ La octava verdad establece la prioridad de poner a la patria por encima del movimiento y recién después los individuos; se combina con la verdad n.º 15 que manda equilibrar los derechos del individuo con los de la comunidad. La verdad n.º 12, muy difundida, establece un valor igualitarista en el que "los únicos privilegiados son los niños". Las verdades n.º 16 y n.º 17 promueve la economía social (el capital al servicio del bienestar social) y la justicia social, respectivamente.

Las siguientes son las Veinte Verdades Peronistas según fueron leídas por Perón el 17 de octubre de 1950:

  1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.
  2. El peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular y, por lo tanto, no peronista.
  3. El peronista trabaja para el Movimiento. El que, en su nombre, sirve a un círculo o a un caudillo, lo es solo de nombre.
  4. No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.
  5. En la nueva Argentina de Perón, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.
  6. Para un peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro peronista.
  7. Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
  8. En la acción política, la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la patria, después el Movimiento y luego los hombres.
  9. La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.
  10. Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos, damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.
  11. El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes, pero no mártires.
  12. En la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños.
  13. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso, el peronismo tiene una doctrina política, económica y social: el justicialismo.
  14. El justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.
  15. Como doctrina política, el justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.
  16. Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.
  17. Como doctrina social, el justicialismo realiza la justicia social, que da a cada persona su derecho en función social.
  18. Queremos una Argentina socialmente "justa", económicamente "libre" y políticamente "soberana".
  19. Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.
  20. En esta tierra, lo mejor que tenemos, es el pueblo.

La constitución justicialista de 1949

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Una importante fuente de la doctrina justicialista es la Constitución de 1949, una reforma constitucional inserta en la corriente del constitucionalismo social conocida también como la constitución justicialista,[314]​ que incluyó en la Constitución argentina muchos de los principios del peronismo.

Los principales contenidos doctrinarios incluidos en la Constitución son los siguientes:

  • El objetivo de "constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana" (Prólogo).
  • Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación y cultura (art. 37)
  • La función social de la propiedad, el capital y la actividad económica (arts. 38/40)

El principal doctrinario de la constitución justicialista fue el jurista Arturo Sampay, que entre los libros que escribió se destaca Constitución y pueblo (1974), donde analiza su concepción del derecho constitucional basada en la idea de bien común.[315]

Proyecto educativo

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En la búsqueda de una construcción de hegemonía, para algunos sectores, se diseñó un adoctrinamiento político de la juventud para idealizar una "mística peronista". Es decir que logró crear un nuevo imaginario político que redefinió la identidad de importantes sectores sociales a través del sistema educativo nacional.

La tradición liberal, que se entendía hasta el momento como una ideología en donde el estado debe defender al individuo, sus derechos y sus intereses, de la educación fue reemplazada por una doctrina peronista, fortaleciendo una maquinaria de propaganda que se venía dando durante los procesos previos al peronismo y desplazando a la religión por un espacio simbólico social.

Los opositores han sostenido que en algunas universidades el primer gobierno peronista removió a profesores disidentes[316]​ utilizó recursos del Estado para la actividad del Partido Peronista,[317]​ e impulsó un culto a la personalidad[318][319][320]​ de Perón y Eva Perón que llegó a impactar los libros de lectura en la escuela primaria.[320]

Los opositores al peronismo consideran que el primer peronismo «disciplinó» de la clase obrera a través de la enseñanza técnica, y de las escuelas y universidades de formación profesional, lo que permitió el crecimiento económico del proyecto nacional, a su vez que promovió el ascenso social de la clase trabajadora, generando una segmentación de mera capacitación y entrenamiento técnico, frenando y excluyendo la movilidad social, anulando ser parte de la sociedad civil para ser parte del Estado peronista. El obrero fue el sujeto pedagógico estandarte del peronismo.

A su vez, generó una promoción de extracción obrera hacia altos cargos en el Estado y en sindicatos, estableciendo posiciones de poder dirigencial. Por lo que los trabajadores encontraron un lugar en el Estado para poder ser parte de las decisiones.[321]

Los discursos de Perón lograron transformar un nuevo sujeto social, que le permitió a la sociedad romper con los armados educacionales que se venían dando, para que florezca uno nuevo, "el sujeto nacional popular".[322]

Ideólogos del peronismo

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Perón

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Los discursos, actos y obra de gobierno de Perón constituyen una fuente de primera importancia para la doctrina peronista. Entre los historiadores y los peronistas es usual distinguir al "primer Perón", correspondiente al "primer peronismo" y el "último Perón", correspondiente al que volvió a la Argentina del exilio en 1973. Puede distinguirse también otro ciclo ideológico en Perón, correspondiente al exilio entre 1955 y 1972, durante el cual fue ilegalizado y proscripto políticamente.

Eva Perón

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Eva Perón tiene una importancia en la doctrina peronista similar a la de Perón. Algunas corrientes del peronismo dan más importancia al pensamiento de Eva Perón que al de Juan Domingo Perón, al que critican algunas posturas y acciones, sobre todo sus relaciones con el grupo parapolicial Triple A. Son importantes sus discursos, su obra y los dos libros que escribió, La razón de mi vida (1951) y Mi mensaje (1952).

Otros ideólogos del peronismo

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Otros ideólogos del peronismo tienen mayor o menor influencia, según sean las distintas corrientes. Entre los que poseen mayor consenso se encuentran Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz.

Otros referentes ideológicos de importancia por su influencia dentro del peronismo, ya sea por sus ideas o por su obra, son Miguel Miranda, John William Cooke, Ramón Carrillo, Carlos Astrada, Raimundo Ongaro, Juan José Hernández Arregui, el sacerdote Carlos Mujica, Juan Tedesco, Jorge Abelardo Ramos, Arturo Sampay, Rodolfo Kusch, Andrés Framini, Rodolfo Puiggrós, Saúl Ubaldini, Fermín Chávez, Julio Godio, Norberto Galasso, Julio Bárbaro, Antonio Cafiero, Aldo Ferrer, Horacio Verbitsky, Juan Carlos Rousselot, Salvador Treber, Adriana Puiggrós, Alejandro Apo, Julio Ricardo, Marcelo Gullo, Miguel Bonasso y Eduardo Anguita.

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El peronismo, como movimiento político y social, tuvo y sigue teniendo un fuerte correlato cultural, ya sea por los movimientos culturales relacionados (como el "boom del folklore" por ejemplo), o ya sea por la obra de los artistas e intelectuales peronistas en los distintos campos de la cultura.

Música

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Antonio Tormo, lanzó en 1950 la canción El rancho 'e la Cambicha, que vendió 5 millones de unidades, cifra nunca superada. Allí se inicia el «boom del folklore» en Argentina. Tormo resultaría censurado por peronista a partir de 1955.

En la música, el surgimiento del peronismo se corresponde con el auge de lo que en Argentina se llama "música folklórica" o simplemente "folklore". El primer peronismo (1945-1955) coincide con el auge de la música folklórica, que expresaba a los sectores populares del "interior" de la Argentina, aludidos despectivamente por las clases medias y altas, como "cabecitas negras". Hasta ese momento, la música popular dominante era el tango, género musical surgido en Buenos Aires a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, relacionado con el proceso de inmigración. En 1950 el folklore supera en ventas de discos por primera vez al tango, con la canción "El rancho 'e la Cambicha", cantada por Antonio Tormo, conocido como El Cantor de los Cabecitas Negras. Este éxito discográfico dio inicio al período conocido en la historia de la música argentina como el "Boom del folklore", que hizo desde entonces al género folklórico como uno de los principales de la música popular argentina.

Otro músico peronista de gran impacto en la renovación de la música folklórica en la década de 1960 fue el Chango Farias Gómez, líder de agrupaciones musicales como los Huanca Hua y el Grupo Vocal Argentino. También se destacaron folkloristas como Peteco Carabajal y Pedro Pablo García Caffi (líder del Cuarteto Zupay), Marián Farías Gómez, Teresa Parodi.

En el tango también hubo importantes músicos y letristas peronistas, que influyeron decisivamente en el género. Entre ellos se destacan Enrique Santos Discépolo, Aníbal Troilo, Nelly Omar, Hugo del Carril, José Luis Castiñeira de Dios, entre otros.

En el rock nacional se han identificado públicamente como peronistas músicos como Litto Nebbia, Emilio del Guercio y Ricardo Iorio.

En otros géneros musicales se destacan artistas como Néstor Fabián, Nacha Guevara, Ignacio Copani, Marilina Ross, Leonardo Favio, la Mona Jiménez, Horacio Fontova.

Cine

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Durante los dos primeros mandatos presidenciales de Perón, el cine argentino tuvo un importante desarrollo y difusión a nivel hispanoamericano, generando obras como Las aguas bajan turbias de Hugo del Carril, Pino Solanas (La Hora de los hornos, Tangos, El exilio de Gardel),[323]Leonardo Favio (Perón, sinfonía de un sentimiento).

Teatro y actuación

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Entre los actores y actrices se cuentan Juan Carlos Gené, Carlos Carella, Arturo Maly, Florencia Peña, Dady Brieva, Federico Luppi, Sergio Renán, Cristina Lemercier, Haydee Padilla, Víctor Laplace, Ana María Picchio, Libertad Leblanc, Alejandro Dolina, Diego Capusotto, Victoria Onetto, Pedro Saborido, Leonardo Sbaraglia, Nancy Duplaa, Pablo Echarri, entre tantos otros.

Literatura

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Leopoldo Marechal, Rodolfo Walsh, Juan Gelman, Paco Urondo, Osvaldo Soriano y Germán Rozenmacher.

  • Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Uno de los cuentos más conocidos de Borges, donde habla sobre el Peronismo, es “La fiesta del monstruo”. Este cuento está escrito con la colaboración de Bioy Casares bajo el seudónimo de Bustos Domecq en 1947 (un año después que Perón asumió la presidencia), y fue publicado en el año 1955.

Pintura

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Entre los principales pintores relacionados con el peronismo se destacan Ricardo Carpani, Numa Ayrinhac y Daniel Santoro. Otros artistas plásticos que han reflejado el peronismo en sus obras son Peti López, Juan Pablo Renzi, Aurelio García, María de los Ángeles Crovetto, Nicolás García Uriburu, Daniela Jozami, entre otros.

Deportes

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José María El Mono Gatica, Diego Armando Maradona, Enrique Omar Sívori, Mary Terán de Weiss, Claudio Morresi, José Pastoriza, Alejandro Sabella, Marcela "la Tigresa" Acuña, Norma Baylon, Enriqueta Duarte, Miguel Domingo Ballícora, Eduardo Guerrero, Osvaldo Roberto Suárez, Juan Cruz Komar.

Ciencias sociales

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Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Rodolfo Puiggrós, Juan José Hernández Arregui, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, John William Cooke, Gino Germani, Miguel Murmis; Juan Carlos Portantiero, Juristas, médicos y profesionales (Arturo Sampay, Ramón Carrillo), además de Juan Carlos Torre.

Gino Germani

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El sociólogo ítalo-argentino Gino Germani (1911-1979) en su libro: La integración de las masas en la vida política y el totalitarismo centra su estudio sobre el fenómeno del peronismo en la Argentina, tildándolo de “fascismo de izquierda”, apoyándose en las bases populares a las que moviliza y politiza dicho movimiento, además que veía como la clase obrera era manipulada por tratarse de una masa disponible y pasiva compuesta por obreros provenientes del interior del país sin ningún tipo de experiencia gremial.

Germani en un libro póstumo de 1979: Democracia y autoritarismo en la sociedad moderna caracteriza al fascismo como un tipo de autoritarismo moderno por movilizar y politizar a las masas, bajo la forma de un partido único, y de la propaganda política antipluralista. Lo distingue del fascismo europeo porque en este moviliza y politiza a la sociedad en contra de los sindicatos y su posibilidad de tomar el poder, es decir, en esa época en Europa había sindicatos, ellos les dieron la capacidad a los obreros y a la clase media, para acceder al poder. En América Latina, por el contrario, el carácter tardío y la rigidez de estas instituciones no permitieron que absorbieran a los nuevos sectores urbanos, ni que se adaptaran a la nueva situación. Esto permitió emerger una figura carismática como Perón, que reclutó y manipuló a las masas formando un nuevo movimiento político al margen de las instituciones democráticas tradicionales.

En el caso del peronismo argentino, puede decirse que el mismo cumple la “función”, no de despolitizar a la clase obrera, sino de impedir su politización clasista, por medio de una ideología nacionalista y de inclusión social, pero autoritaria, hegemónica y anti-pluralista. Ampliando significativamente los derechos sociales y la inclusión de sus bases en el contexto del orden existente, generando el pleno empleo, la protección o “seguridad” social generalizada de los obreros por parte del estado (los obreros van a estar protegidos respecto a sus patrones en el trabajo y que van a tener más posibilidades sociales que antes), el turismo social de masas, las pensiones estatales por retiró y jubilaciones. Se puede ver la antinomia en cómo los obreros veían en Perón esa seguridad social que ningún otro iba a brindarles y las mejoras en sus condiciones sociales y económicas. Después está la visión antiperonista de Gino Germani que consideraba al peronismo un fascismo de izquierda y a Perón lo veía como un manipulador de masas populares.

Laclau considera que luego del exilio de Perón, a causa de la presión generada por la junta militar, su influencia sobre los diversos sectores de su movimiento como el Partido Laborista, La Unión Cívica Radical, Junta Renovadora y el Partido Independiente eran consolidadas, es decir, que su poder no solo se centraba en un único sector, sino en varios. Cuando Perón vuelve al poder en 1973, se encuentra con un peronismo dividido en dos, de izquierda denominados “montoneros” y de derecha llamados “la vieja guardia sindical”. Por ello, desestructuró su influencia, y decidió centrarse en su rol como presidente de la República Argentina. Desde el punto de vista de Laclau, los seguidores peronistas se concentraban cada uno en una ideología diferente, y se veían los unos a los otros como enemigos mortales, lo único que los mantenía unidos era la identificación con Perón como líder. A pesar de esto, Perón, tenía preferencia por la vieja guardia sindical porque ellos fueron su apoyo desde el inicio, mientras que los montoneros no habían vivido su trayectoria como presidente, tampoco comprendían a fondo del peronismo.

Durante los 18 años en los que el peronismo fue proscripto, de 1955 hasta 1973, se alternaron dictaduras y gobiernos de legitimidad cuestionada debido a la proscripción del peronismo, a la que luego se sumó también la proscripción del frondizismo. En todos los casos fracasaron los intentos de organizar un sistema político que excluyera a la ciudadanía peronista, y que al mismo tiempo, deslegitimaba su proscripción recurriendo al voto en blanco.

La importancia de las tesis de Laclau para la izquierda es su reivindicación de la política democrática. En el pasado, la izquierda construyó su estrategia con varios apriorismos que hoy no están justificados: la confianza en un sujeto privilegiado ("la clase obrera"), la existencia de una dinámica histórica que le era favorable ("la lucha de clases") y el uso de un instrumento privilegiado ("el Estado"). Ninguno de esos materiales ha resistido el paso del tiempo.

Para Laclau, la tarea actual de la izquierda "no puede consistir en renegar de la ideología liberal democrática sino, por el contrario, en profundizarla y expandirla en dirección a una democracia radicalizada y plural".

En una entrevista del 10 de julio de 2005 de LA NACIÓN, le hicieron una pregunta a Laclau sobre lo que había escrito en su libro, y qué es lo que piensa acerca del populismo y lo ocurrido con el peronismo. Él consideró que el peronismo representó un enorme desarrollo en la participación de las masas en el sistema político, tal vez no fue de las mejores, porque uno se imagina que podría haber tenido formas más democráticas, pero fue la que históricamente resultó posible. De modo que, para Laclau a partir de un punto histórico surge cualquier elaboración de una política más progresista, porque el cauce histórico que abrió el 45 es un dato absolutamente primordial y definitivamente positivo de la historia argentina. Al régimen oligárquico que existía antes no le parecía lo mejor al estar basado en el fraude.

Laclau decía que, las demandas populares democráticas toman un rol importante dentro del partido político peronista, en donde se desarrolla el populismo de una manera radical. Pero, dentro del proyecto del capitalismo nacional, el discurso peronista también intentaba limitar el enfrentamiento con la oligarquía liberal. A su vez, él creía que, la forma en la que se llegaba a todos los sectores peronistas y lo que garantizo el éxito del partido fueron sus particulares discursos hacia la población argentina. Esto permitió que, tras la caída del régimen, perdurase la ideología de la presencia masiva de la clase obrera dentro del peronismo.

Las causas del nacimiento del Peronismo se dieron en las décadas del 30 y 40, por la reorganización de las clases bajas que pasaron a ser clases obreras. En 1971, Murmis y Portantiero escribieron un libro llamado “El movimiento obrero en los orígenes del peronismo”, donde hablan sobre el origen del Peronismo en donde manifestaron un total desacuerdo con las opiniones de Gino Germani que hablaba sobre las propuestas populistas de este movimiento. Es así como Murmis y Portantiero definen el Peronismo como una alianza de clases en mutación (unión de un grupo de personas para lograr un fin común), con el objetivo de justicia social. Ellos también manifestaron que fue evolucionando por la represión de los gobiernos conservadores, así como la participación de los sindicatos, hicieron que los trabajadores y los dirigentes vieran a Perón como un aliado potencial. Perón buscó el apoyo de los empresarios para penetrar el interior del movimiento obrero y se lanzó al poder político, según estos dos autores, los actores sociales de los movimientos obreros se limitaron independientemente de los cambios sociales y económicos que se produjeron anteriormente a la toma de poder de Perón.

Juan Carlos Torre

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Juan Carlos Torre (Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, 31 de enero de 1940) es un sociólogo argentino, especialista en el movimiento obrero y principalmente en el peronismo. Sus obras fueron: Sobre los orígenes del peronismo (1990, 2006), El gigante invertebrado, Los sindicatos en el gobierno, Argentina 1973-1976 (2006) y El proceso político de las reformas económicas en América Latina (1998). También está La vieja guardia sindical y Perón de la que abordaremos a continuación.

La investigación de Torre se trata acerca del debate de la clase obrera y el surgimiento del peronismo. A mediados de la década de 1930, en consecuencia de las medidas de Juan Pedro Justo se llevó a cabo un proceso centrado en la industrialización de producción liviana, esto hizo que la clase obrera se incrementara. En el año 1946 Perón ascendió al poder, según los críticos la palabra clave del peronismo era los “trabajadores”. El fascismo europeo no estaba de acuerdo a apoyar al movimiento peronista.

La obra de Torre muestra que es imposible que se pueda tener un enfoque centrado sobre una nueva clase obrera. La nueva clase obrera puesto como un estereotipo “trabajador rural” despojado del ambiente típico y tradicional, por un lado, los obreros recién llegados a la ciudad y por otro una antigua clase obrera formada por extranjeros. entre ambos existe un espacio importante, para el tercer grupo integrado por viejos obreros y extranjeros con varios años en el país. esto fue lo principal que dominaba la fuerza de trabajo, la manufactura y la industria textil.

Símbolos y fechas

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Afiche conmemorativo del segundo aniversario del Día de la Lealtad, conmemorado por primera vez en 1947 (Museo del Bicentenario).

Los principales símbolos del peronismo son la "Marcha peronista", "Evita Capitana" (o "Marcha de las muchachas peronistas"), el gesto de los dedos en ve y el escudo peronista. Los colores del peronismo son el celeste y blanco que simboliza a la Argentina. En los actos peronistas se canta ritualmente también el Himno nacional argentino.

Las principales fechas o sucesos de celebración o recordación del peronismo son:

En el peronismo son importantes también la conmemoración de dos fechas que exceden al movimiento: el 24 de marzo, en que se recuerda a los desaparecidos de la última dictadura militar iniciada ese día en 1976 y se condena el terrorismo de Estado y el 10 de diciembre en el que se festeja la recuperación de la democracia ese día de 1983. También son fecha de celebración en el peronismo, tres fechas patrias: el 25 de mayo (día del primer gobierno patrio), el 9 de julio (independencia nacional) y el 20 de noviembre (Batalla de la Vuelta de Obligado de 1845 contra Reino Unido y Francia).

Peronismo en la actualidad

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En las elecciones legislativas de 2021 el peronismo perdió, por primera vez desde 1983, el quórum mayoritario en el Senado.[324]

Partidos políticos

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El principal frente electoral del peronismo es Fuerza Patria, integrado por el Partido Justicialista, el Frente Grande, el Partido de la Victoria, el Frente Renovador y otras fuerzas menores. Otra coalición peronista es Hacemos por Nuestro País.

Agrupaciones políticas

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Entre las organizaciones y corrientes vinculadas al peronismo se encuentran: La Cámpora, Movimiento Evita, Peronismo Militante, Corriente Nacional de la Militancia, La Efervescente, Descamisados, Grupo Bicentenario, Nuevo Espacio de Participación, La Néstor Kirchner (LNK), La Güemes, La 13 de Abril, La 20, Kolina, Movimiento Oktubres, Patria Grande, Miles, Soberanxs, Corriente Martín Fierro, Forja, Los Irrompibles, Grupo Callao, Tupac Amaru, Movimiento Popular La Dignidad, entre otras.

Sindicatos

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El movimiento obrero peronista mantiene su representación a través de la CGT, el Movimiento obrero argentino y sindicatos sectoriales como la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina, la Unión Obrera Metalúrgica y la Unión del Personal Civil de la Nación, todos de orientación plural pero con fuerte presencia peronista.[cita requerida]

Referentes políticos

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A 2025, diversos medios destacan como principales referentes actuales del peronismo a Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta y líder del kirchnerismo; Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires; Sergio Massa, dirigente del Frente Renovador; José Mayans, presidente del Partido Justicialista; Juan Grabois, referente de Patria Grande y de los movimientos sociales; Gildo Insfrán, gobernador de Formosa; Martín Llaryora, gobernador de Córdoba, así como a otros gobernadores provinciales que mantienen un rol central en la conducción del partido.[325]

Desempeño electoral

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Elecciones presidenciales (sin segunda vuelta)

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Año Candidato (s) Votos % Alianza (s) Resultado
1946 Juan Domingo Perón (PL) 1.485.468
 53,71 %
Junta Nacional Coordinadora Sí  electo
1951 Juan Domingo Perón (PP) 4.745.168
 63,51 %
Peronista / Peronista Femenino Sí  electo
No participa en las elecciones de 1958 ni 1963.
Mar. 1973 Héctor Cámpora (PJ) 5.899.642
 49,53 %
Frente Justicialista de Liberación Sí  electo
Sep. 1973 Juan Domingo Perón (PJ) 7.359.252
 61,86 %
Frente Justicialista de Liberación Sí  electo
1983 Ítalo Luder (PJ) 5.995.402
 40,16 %
No No electo
1989 Carlos Menem (PJ) 7.957.518
 47,51 %
Frente Justicialista de Unidad Popular Sí  electo
1995 Carlos Menem (PJ) 8.687.511
 49,94 %
Sí  electo
1999 Eduardo Duhalde (PJ) 7.253.902
 38,27 %
Concertación Justicialista No No electo
2003 Néstor Kirchner (PJ) 4.313.131
 22,25 %
Frente para la Victoria Sí  electo
Carlos Menem (PJ) 4.741.202
 24,45 %
Frente por la Lealtad No No electo
Adolfo Rodríguez Saá (PJ) 3.173.584
 14,11 %
Frente Movimiento Popular No No electo
Total del peronismo 12.227.917
 60,81 %
2007 Cristina Fernández de Kirchner (PJ) 8.652.293
 45,28 %
Frente para la Victoria Sí  electa
Alberto Rodríguez Saá (PJ) 1.459.174
 7,64 %
Frente Justicia, Unión y Libertad No No electo
Jorge Sobisch (MPN) 268.401
 1,40 %
Movimiento de las Provincias Unidas No No electo
Total del peronismo 10 379 868
 54,32 %
2011 Cristina Fernández de Kirchner (PJ) 11.865.055
 54,11 %
Frente para la Victoria Sí  electa
Alberto Rodríguez Saá (EP) 1.745.354
 7,96 %
Alianza Compromiso Federal No No electo
Eduardo Duhalde (PJ) 1.285.830
 5,86 %
Frente Popular No No electo
Total del peronismo 14.896.239
 67,93 %
2015 Daniel Scioli (PJ) 9.338.490
 37,08 %
Frente para la Victoria No No electo
Adolfo Rodríguez Saá (PJ) 412.578
 1,64 %
Alianza Compromiso Federal No No electo
Total del peronismo 9,751,068
 38.72 %
2019 Alberto Fernández (PJ) 12.946.037
 48,24 %
Frente de Todos Sí  electo
Roberto Lavagna (Ind.) 1.649.322
 6,14 %
Consenso Federal No No electo
Total del peronismo 14.595.359
 54,38 %
2023 Sergio Massa (FR) 9.645.983
 36,68 %
Unión por la Patria No No electo
Juan Schiaretti (PJ) 1.784.315
 6,78 %
Hacemos por Nuestro País No No electo
Total del peronismo 11.430.298
 43,46 %

Véase también

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Notas

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  1. El pacto, tal como sería posteriormente publicado por los peronistas, puede leerse en el Apéndice del libro de Hugo Gambini (2016). Frondizi, el estadista acorralado. Ediciones B. 
  2. Estas últimas tres palabras denotan la insistencia de Perón en las llamadas tres banderas del peronismo, plasmadas incluso en el preámbulo de la Constitución en 1949.
  3. Su primera misión política había sido en mayo de 1965, como enviada personal de su esposo ante Stroessner, que seguía gobernando en Paraguay –y continuaría en ese puesto otras dos décadas. Su presencia atrajo una gran cantidad de militantes y dirigentes peronistas, que viajaron a Asunción únicamente para saludar a la esposa del general Perón.
    • Page (2011): 469-470.
  4. En sentido estricto, las FAP no fueron la primera guerrilla peronista: a fines de diciembre de 1959, el grupo Uturuncos asaltó la comisaría de Frías (Santiago del Estero) antes de internarse en las selváticas montañas de Tucumán, donde sus miembros fueron arrestados por simples fuerzas policiales; el grupo se disolvió sin consecuencias. Ver Salas, Ernesto (2003). Uturuncos: el origen de la guerrilla peronista. Biblos. 
  5. Ver Senén González, Santiago (1997). «Trayectoria y muerte de José Alonso». Revista Todo es Historia (Nº 364): 82-92. 
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Referencias

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  20. Félix Luna fue militante opositor al peronismo. Sin embargo simpatizó con el gobierno de Kirchner, aunque sin considerarlo peronista. Laborda, Fernando (2 de octubre de 2004). «Félix Luna: 'No niego que me gusta el gobierno de Kirchner"». La Nación. Consultado el 5 de enero de 2016. «—En estos días se han cumplido 50 años de uno de sus primeros libros, "Yrigoyen", publicado en 1954. Usted ha reconocido que más que un libro de historia fue una obra de militancia política, ya que quería demostrar en aquellos tiempos de Perón que un líder popular, para hacer una transformación, no necesitaba sofocar las libertades públicas ni reprimir a los opositores (...) —A principios de año, usted pronunció una frase que me llamó la atención. Dijo que el gobierno de Kirchner "por suerte, tiene poco de peronista". ¿Cómo lo define, entonces? —Me refería, más que nada, al folklore chabacano, compadrito y provocativo del peronismo, que es lo que más molesta. No puedo definir al gobierno de Kirchner, porque no niego que me gusta. Pero muchas veces me sorprende y me confunde. No entiendo, por momentos, hacia dónde va ni el porqué de sus enfrentamientos. Parecería que le falta temperancia. De todas maneras, creo que Kirchner es un hombre que defiende o intenta defender el interés nacional. Es probable que a veces no lo haga del todo bien o que se maneje con una visión muy lugareña, pero tiene verdadera vocación por hacerlo, y eso no es poco importante.» 
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  31. Matsushita, Hiroshi (1986) [​1983​]. Movimiento obrero argentino 1930-1945. Biblioteca Argentina de Historia y política. Buenos Aires: Hyspamerica. p. 268. ISBN 9506144273.  Matsushita cita a su vez como fuente al propio discurso de Domenech, transcripto en el libro de Luis Monsalvo, Testigo de la primera hora del peronismo, Pleamar, 1974, p. 98 y el periódico Obreros Ferroviarios, órgano de la Unión Ferroviaria, Año XXIII, nº 495 (enero 1944), p. 8.
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Bibliografía

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Enlaces externos

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